Día de la Lealtad: Perón y el fútbol

El deporte por excelencia de los argentinos tiene una fuerte marca del peronismo. Un breve repaso por la historia del fútbol bajo el gobierno de Juan Domingo Perón. Por Eduardo Cantaro.

Cuando la Revolución del 43 le puso final a los Gobiernos conservadores de la denominada Década Infame, trajo consigo una renovación en el fútbol. Desde el comienzo del profesionalismo, los dirigentes de los clubes venían peleando por los gravámenes impositivos que el Estado les imponía, y la queja mayor era porque ese dinero no volvía a las sociedades deportivas.

Desde 1939 la AFA estaba presidida por conservadores que no estaban vinculados al fútbol, pero sí interesados en lo que el deporte generaba. Primero fue Adrián Escobar, quien ese año donó un trofeo para una nueva y extraña competencia que se disputaría por los siguientes diez años.

La Copa Adrián Escobar fue un torneo heptagonal, de carácter oficial, en el cual participaban los siete primeros clubes de la tabla del campeonato argentino. La particularidad de este torneo de eliminación directa se daba en que los encuentros duraban dos tiempos de 20 minutos y, en caso de igualdad, se definía por cantidad de córners a favor. Una organización propia de gente ajena al reglamento internacional del fútbol.

En 1941 Escobar fue sucedido en el cargo por otro conservador. Las elecciones de AFA las ganó Ramón Castillo, proveniente del Jockey Club, hijo de quien ese entonces era vicepresidente de la nación, Ramón S. Castillo.

Castillo padre llegó a la Presidencia de la Nación en 1942 tras la muerte del presidente Roberto Ortiz, y se dio así el único caso de familiares directos que presidían AFA y Nación. Padre e hijo dejaron sus presidencias tras  el golpe del 43 y una de las nuevas medidas del Gobierno militar fue devolverle la AFA a los clubes de fútbol. Jacinto Armando, viejo dirigente del Club Atlético Huracán, se convirtió en el nuevo presidente de la Asociación.

Ya con Edelmiro Farrell como presidente de la Nación y Juan Domingo Perón en la vicepresidencia y al frente del Ministerio de Trabajo, se le habían otorgado inéditos derechos a los trabajadores. Además del refuerzo de la CGT, se profundizaba en materia de derechos laborales, convenios colectivos de trabajo, previsión social, beneficiarios de jubilaciones, todo acompañado de un fuerte desarrollo industrial.

En el fútbol se vivía un momento único en la historia. La llamada Época Dorada estaba en su esplendor. La selección argentina contaba con los "mejores jugadores del mundo" y lo plasmaban ganando todos los sudamericanos de la década del 40, con excepción del torneo del año 1942.

A comienzos de 1945, promovido por los Estados Unidos a través de su embajador, el lobbista Spruille Braden, nació un fuerte movimiento opositor al peronismo, lo que produjo, entre otras cosas, una división política en la sociedad. En el seno militar también se produjeron fracturas, que llevaron a que el general del brigada y comandante de Campo de Mayo, Eduardo Ávalos, le exigiera la renuncia a Perón el 8 de octubre de 1945 y su posterior encarcelamiento en la Isla Martín García.

Como respuesta a la detención de Perón, el movimiento obrero protagonizó movilizaciones el 17 de octubre, copando la Plaza de Mayo y exigiendo la liberación de quien se había convertido en su líder. Ávalos se vio obligado a negociar y Farrell logró mantenerse en la presidencia hasta las elecciones del 24 de febrero de 1946, las cuales fueron ganadas por Juan Domingo Perón.

Ávalos fue destituido como Comandante de Campo de Mayo y fue nombrado como Interventor honorario de AFA, hasta principios de 1946, cuando fue reemplazado por Pedro Canaveri, dirigente del Club Atlético Independiente, ligado al radicalismo.

Uno de los más brillantes conjuntos de San Lorenzo de Almagro, recordado por su terceto ofensivo compuesto por Farro, Pontoni y Martino, se consagró campeón en el primer año de Perón como presidente. Un año después, el renovado River Plate, con nuevas figuras como Alfredo Di Stéfano y Néstor Rossi, alcanzaba un nuevo título. Al mismo tiempo, el dinero del fútbol volvía a los clubes, pero no pasaba a los jugadores, que comenzaban a mostrar un malestar.

Mientras Europa se reconstruía tras la Segunda Guerra Mundial y el deporte volvía a protagonizar de a poco los espacios sociales en el viejo continente, Argentina seguía gozando del "mejor fútbol del mundo". La selección era invencible ya que, además del terceto sanlorencista, contaba con jugadores de la famosa Máquina de River (Félix Lousteau, Ángel Labruna y Adolfo Pedernera), los mejores elementos del Boca multicampéon (Mario Boyé y Natalio Pescia) y cracks de otros clubes como Norberto Méndez (Huracán) y Vicente de la Mata (Independiente).

Los jugadores profesionales estaban agrupados desde 1944 bajo el sindicato Futbolistas Argentinos Agremiados, gremio que en 1948 le iba a dar el primer dolor de cabeza al Gobierno de Perón: fueron los primeros en declararle una huelga, en reclamo de un piso salarial, pagos atrasados, libertad de contratación y el reconocimiento oficial del gremio por parte de la AFA.

La huelga comenzó el 10 de noviembre, cuando faltaban cinco fechas para finalizar el campeonato de ese año, y fue  liderada por el secretario general del gremio y arquero de Independiente, Fernando Bello, secundado por la estrella de River Plate, Adolfo Pedernera, y el capitán de San Lorenzo, Oscar Basso. Pese al reclamo, los clubes no pararon el campeonato y este se completó con la inclusión de juveniles en los equipos de primera división.

Como consecuencia de esto, Racing Club, que lideraba el torneo, no se presentó a los últimos partidos y el título quedó para Independiente. Tras 40 días de huelga, el presidente de AFA y ministro de Comunicaciones, Oscar Nicolini, hombre de extrema confianza de Perón y de Eva Duarte, promovió la firma de un acuerdo y consiguió el levantamiento de la huelga.

Pero en 1949 llegarían las represalias de los clubes hacia los jugadores y, tras imponerse un tope salarial de 1500 pesos, se produjo la sangría más grande de futbolistas de la historia del fútbol argentino, por el cual sus máximas figuras emigraron a Colombia y México.

Los colombianos llamaron El Dorado a los primeros años de su liga profesional —que no estaba afiliada a CONMEBOL y FIFA—,donde ofrecía grandes sumas de dinero a los mejores jugadores de Sudamérica. Esto provocó que los clubes no recibieran dinero alguno por la ida de sus jugadores, lo que generó un conflicto que se recién se resolvió con la mediación de FIFA, en 1954.

Para 1949 asumía en AFA por primera vez Valentín Suárez, quien había presidido la fundación Eva Perón y provenía del club Banfield. Con la selección diezmada por la fuerte migración de figuras y en la previa al retorno de las Copas Mundiales suspendidas por la Segunda Guerra Mundial, bajó de la presidencia el gran interrogante: "¿Tenemos una selección para ganar el mundial"?, le preguntó Perón al flamante presidente de AFA, quien le respondió: "No se lo podría asegurar".

El mandatario de la Nación tomó la decisión final de no presentar al seleccionado en los Mundiales de Brasil 1950 y Suiza 1954, ni en los Sudamericanos de 1949 y 1953. Para Perón, el fútbol era una cuestión de Estado y no se podía tolerar otra cosa que ni fuera el triunfo. De esa manera, mantenía el exilio de una selección que lucía un viejo recuerdo de aquel subcampeón mundial de 1930.

Cuando el peronismo volvió al Gobierno en 1973, lo hizo con una realidad diferente a la de las décadas del 40 y 50; el país estaba sumido en la violencia y a Perón se le acrecentaba su enfermedad circulatoria. El mundo del fútbol, o gran parte de él, no se mantenía ajeno al clima de época en los 70 y en la previa pedía con pancartas el regreso de Perón al país. Una de las imágenes más famosas fue la de Enrique Wolff y Miguel Brindisi (integrantes del Huracán campeón de ese año) junto a Tula y su bombo con el logo del justicialismo.

El 12 de junio de 1974 dio su último discurso en un acto masivo en la Plaza de Mayo, en el que se dirigió a los trabajadores para advertirles que se avecinaban tiempos difíciles. Lo finalizó con la frase: "Llevo en mis oídos la más maravillosa música, que es para mí la palabra del pueblo argentino".

Al día siguiente comenzó la Copa Mundial de Alemania 1974, en la cual Argentina accedía a la segunda fase. En la ronda final, la selección cayó sin atenuantes contra Holanda (26 de junio) y contra Brasil (30 de junio).

El 1º de julio se produjo el fallecimiento de Juan Domingo Perón, acontecimiento que golpeó de manera brutal en el ánimo del plantel argentino y más aún en la delegación, que, según los jugadores, era ultra oficialista y que insistía en regresar al país y abandonar lo que restaba del Mundial.

Solo quedaba un encuentro ante Alemania Democrática, el 3 de julio, y fue la FIFA quien impidió la renuncia argentina, a la vez que declaró la realización de un minuto de silencio en todos los partidos de esa fecha. Tanto argentinos como alemanes salieron a la cancha luciendo brazaletes negros y la bandera argentina flameó a media asta, como una despedida del fútbol al mundialmente reconocido líder político.


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