Cuidar las colmenas promete un festín

Por: Carlos Leyba

En el escenario mundial no se ha despejado la incertidumbre, tal como lo hacía suponer el avance de los acuerdos de China con Estados Unidos. Se han sumado nuevos problemas. ¿Cuáles?

Un virus, que no sabemos combatir, le ha pegado un golpazo a China y a la globalización, la actual idea paradigmática de organización del trabajo en el mundo.

Como por ahora no lo sabemos combatir estamos más obligados a prevenir –más controles, más costos y menos consumos – lo que implica una tendencia a deprimir la actividad que será necesario encontrar la forma de neutralizarla.  

Este es uno de los nuevos problemas que se suman a los ya calientes conflictos generados por la cuestión ambiental y de la creciente desigualdad al interior de los países.

El virus, el clima, la desigualdad son problemas globales. Nada es eterno. ¿Lo sólido se disuelve en el aire?

Pero ¿son sólo problemas de la globalización o se convierten en problemas mas serios a causa de la globalización?

Sobre ambiente y desigualdad, y su relación con una forma de capitalismo, se ha expresado Francisco en Laudato Si. De estos temas y del trabajo en el SXXI, se está hablando hoy en el Vaticano. Francisco no está hablando de la deuda argentina. Su pontificado es universal. Y esos problemas lo son, no los de la deuda criolla que son nuestros problemas. Volvamos.

La reflexión, capaz de generar respuestas sobre estos temas, es la condición necesaria para resolverlos. Pero la temperatura, de ambos temas, exige “políticas” que no es otra cosa que la toma de decisiones desde el Estado con la finalidad de evitar la posible catástrofe climática y el posible desorden social.

El grado de posibilidad está correlacionado positivamente con la reducción de la distancia al “punto de no retorno”.

En materia ambiental el “punto de no retorno” es global, pero la “globalidad” es la suma algebraica de contaminación generada por el sistema y débil descontaminación generada por la política para transformar el sistema. Saque la cuenta.

En materia social el “punto de no retorno” es nacional, a más largo plazo tal vez regional. También es resultado de la suma algebraica de decisiones u omisiones públicas que resultan negativas o positivas según nos distanciamos del punto de no retorno social. Las positivas van por atrás. Mejor aceleramos.  

En este último tema hemos visto reacciones violentas por la desigualdad, tal vez poco esperadas, que han conmovido a países de Chile a Francia. La trama social argentina es una malla de contención.

Thomas Piketty en su último libro “Capital y desigualdad”, nos ofrece un panorama de la evolución de la desigualdad en el Planeta que ha sido transitado por muchos otros analistas en los últimos años: el tema apareció en el análisis estadístico antes que ganara las calles y sin embargo los “hombres prácticos” que gobiernan de tanto simplificar van licuando la realidad que, a la larga se impone.  

En cuanto al notable “descuido ambiental”, por ejemplo la minería con cianuro en nuestro país, se han disparado, en Mendoza, reacciones que han despertado “la conciencia política” adormecida y a la que, aquí y en otros puntos del planeta, la reflexión y la advertencia científica no han logrado conmover.

Ambas cuestiones (Chile, Mendoza) nos sirven para ejemplificar que está agrandándose la distancia  entre la dirigencia (política, empresaria, sindical) y  la creciente consciencia social sobre las amenazas que produce, y que no morigera per se, un sistema económico que descuida tanto “la casa común” (el ambiente) como su clima social y al que, el sistema político, apenas intenta compensar pero no transformar que es la única alternativa real.

La actual clase dirigente no ha logrado mantener y mejorar la salud física y social del Planeta, alejándose tanto de la reflexión científica y ética, como de la capacidad de comprender (y por tanto de resolver) las necesidades de la sociedad. Un hiato de época.

Jacques Maritain le agregaba al “del” y “por” el pueblo, habituales para definir la democracia, el más realista y comprometido “con el pueblo”.

“Con”, es la escucha y la búsqueda de consenso como actitud constructiva. La acción directa es la respuesta a la sordera dirigente.  

¿Cuanta es la responsabilidad de este modo atropellado de globalización?

El principal proponente de este modelo de globalización es el líder comunista chino Xi Jin Pin, país que sufre el coronavirus en una economía con problemas ambientales y conflictos sociales de desnivelación, pero que también es, hasta ahora, el principal beneficiario de este proceso de globalización.

Este nuevo hecho, que altera el rumbo de posible mas certidumbre en la economía mundial, es el golpazo que recibió el Celeste Imperio. Hoy ya lo sufren 26 países.

La globalización repite, con el virus, la metáfora del aleteo de la mariposa.

El origen del virus y su veloz propagación indefensa, revela una característica de los tiempos de cambio acelerado y estructuras culturales desparejas. Veamos.  

El coronavirus, al parecer, se inició con la ingesta de una sopa de murciélago. ¿Todo empezó en un tradicional “mercado húmedo”, sin demasiado control bromatológico, hasta terminar humanamente engullido?

Mercados tradicionales, sin demasiado control,  persisten en una ciudad moderna y en un área de 40 millones de habitantes, surcada por autopistas, rascacielos y 25 institutos universitarios.

Colosal contraste de la modernidad y el pasado que subsiste, pero ya sin la plenitud de los saberes del pasado.

Un caso, de tantos, de “progreso incompleto” que ocurre cuando  estructuras del pasado resultan incompatibles con los cambios de la modernidad.

Los tiempos de cambio, acelerado pero incompleto, generan desequilibrios imprevisibles.

Pero, en subsidio, sabemos de la altísima probabilidad que la capacidad de daño viral sea controlada mientras las reacciones defensivas se multiplican.

Muchas líneas áreas suspendieron el destino China. Y Rusia, su principal vecino, ha cerrado sus inmensas fronteras. El virus genera muros. ¿Los tiempos acelerados, en marcos incompatibles, los generan?

Estados Unidos, por otras razones, construye un Muro para contener la inmigración. No es un virus sino la desesperanza comparada.

Recordemos que el paradigma de la globalización es el libre movimiento de capitales y mercaderías. No el de las personas, aunque sí para las más capacitadas. Desequilibrio, proceso incompleto.

En la globalización unos se benefician del movimiento de capitales y mercaderías; y otros se perjudican del movimiento inverso.

Mientras los menores salarios relativos y/o los menores cargos fiscales y/o las mayores regulaciones de protección e incentivos, convocan más capitales y sus mercaderías ganan más mercados, en esos bienes migrantes viene contenido el impacto de los salarios a la baja (o el desempleo).

No hay cancha nivelada y “los árbitros” no permiten nivelarla. Entonces las promesas se desdibujan.

¿Se acuerda del embeleco del “bloque” BRIC? Hoy a China y a Rusia las separa una cuarentena que impide todo negocio.

En otra dimensión la UE vive hoy la separación con Gran Bretaña.

Por todas estas cosas por un tiempo asistiremos a nuevos problemas para la economía de la globalización. Estos son solo dos ejemplos de similar presión aunque de diferente factura.

A esta altura es bueno recordar que la inacción hace recrudecer todos los problemas por el mero transcurso del tiempo.

José Nun (La Nación, 27/1/20 ) señaló que “en las tres últimas décadas se ha tomado plena conciencia de que la mayor responsabilidad (ambiental) le cabe (a) los combustibles fósiles: el carbón, el petróleo y el gas. .. la deforestación… cada medio grado de aumento de la temperatura incrementa …  las tormentas, los incendios, las inundaciones y las sequías que destruyen nuestros ecosistemas”.

Fabiola Czubaj (La Nación,28/1/20) nos informa que desde 2008 liquidamos 2,8 millones de hectáreas de bosques nativos. Convertidos en llanuras despejadas aumentaron la producción agropecuaria y generaron dólares.

Ese progreso no reflejó progreso social zonal y sí daño ambiental global potencial. Necesitamos una estrategia de control de daños. Se trata de producir de modo permanente. Cuidado con el “saqueo ocasional” que no cuida la continuidad.

Progreso incompleto. Desequilibrios.

En este febrero (incendios en Australia, alarma ambiental, conflictos sociales, golpe del virus en nuestro cliente China y su reguero de pólvora) con la compleja cuestión económica y ecológica de Vaca Muerta, el retorno del Carbón de la mano de Aníbal Fernández (dos regresos complicados), y el peso social del ajuste fiscal y previsional, el reclamo salarial en ciernes y la presión de precios subsistente, etc., Martín Guzmán deberá encarar lo que el Presidente considera el “pasa no pasa” de su gestión presidencial.

La  estrategia estos cuatro años, según los dichos y los hechos de Fernández y Guzmán, está supeditada a la resolución de la deuda externa.

Lo mismo a principios del Siglo pensó Néstor, pero él al llegar estaba en default, sin pagar múltiples planes, con jubilaciones y tarifas paradas, con mucho menos empleo público y un creciente y benéfico viento de cola.

Hoy nada es igual: el default es el riesgo, el Tesoro registra miles y miles de pagos adicionales de transferencias (planes, jubilaciones) y salarios (empleo público) que entonces no estaban; y no sopla viento de cola, sino más bien entre la incertidumbre y el virus asoma viento de bolina. Nada es igual.  

Además el contexto externo no es el más favorable para la generosidad de las Cancillerías. Y el interno está gobernado por una ansiedad de resultados prontos, superiores a las promesas realizadas.

La definición política de la preminencia, en el tiempo, de la resolución de la deuda – lo que no depende sólo de nosotros – si bien irrefutable, tiene efectos paralizantes.

Guzmán nada anunciará  hasta que despeje la deuda.

En el próximo marzo, “la construcción” de la renegociación - que el Ministro ha dicho empezará a elevar en febrero- , tendrá techo y aberturas colocadas.

Los cimientos fueron la ley de solidaridad que generó cierta “congelación” de rubros del gasto público y aumentos de impuestos, destinados a mejorar y a demostrar la voluntad y la capacidad de pago.

La nueva ley, de nombre rimbombante, votada casi por unanimidad, le brinda al negociador el respaldo parlamentario que se suma al que firmaron las fuerzas sociales, con el compromiso de honrar las deudas. Esas serán sus cartas credenciales de apoyo que representan el acompañamiento de los sectores organizados.

En los primeros pasos preparatorios a Guzmán le esta yendo muy bien con el FMI que dice estar dispuesto a realizar su trabajo de auditor ya que estará pronto preparada la propuesta de pago y la demostración “programática” de cómo afrontaremos esos compromisos.

Sobre todo eso nada sabemos. El silencio del contenido está bajo cuatro llaves que cierran el circuito íntimo que va de Martín Guzmán a Alberto Fernández y viceversa. No hay filtraciones por una de dos posibilidades: o el hermetismo de esa relación entre dos excluye a terceros o bien nada se filtra porque nada hay.

Lo que sí sabemos es que tal como está la deuda con los acreedores privados (dejando la consideración inexplicable del serendipity de Axel Kicillof) cumplir pagando es imposible salvo generar un conflictivo clima social, en curso de enervarse, lo que es políticamente más que imposible.

Salir de ese entripado es la misión Guzmán cuyo objetivo es patear, casas más casas menos, intereses y capital para la próxima gestión presidencial. Si eso se lograra, la gestión Fernández sería una de “transición”, al menos, en lo que a la deuda se refiere.

Los años de Fernández serían – en ese caso – como los que transcurrieron entre el default de Adolfo Rodríguez Saa  y hasta que, en 2005, se acordó aquella renegociación.

Fueron años “sin déficit financiero, no por que el superávit primario lo cubriera, sino por ausencia de pago”. Y puede que los próximos también lo sean.

Lo dicho sirve para poner en evidencia que cualquier renegociación que comience con pagos durante este período presidencial, requiere de un superávit primario de magnitud tal que pueda afrontar esos “déficit financieros” ya que no se supone – así lo ha dicho Fernández – la búsqueda de nuevos créditos naturalmente de difícil concreción.  

Pero además de tiempo, es imprescindible para la Argentina, reducir drásticamente la tasa de interés a devengar por las sumas de capital e intereses consolidados (¿previa quita en el capital y/o los intereses pactados?). ¿Será posible?

Paraguay acaba de financiarse  al 4%. Dejando de lado las prolijidades fiscales del país hermano, nuestra capacidad de generar divisas – bien cierto a futuro y con un programa de desarrollo puesto en marcha – es enorme; y por lo tanto nuestra tasa, si no se considera nuestro récord en materia financiera, debería ser aún menor, en un mundo en el que las tasas, en algunos casos, son negativas. Perdimos la reputación. Sí. ¿Pero cuál?

No es cierto que tenga sentido inventariar las cuestiones financieras de la época de la Baring Brothers o  recordar el clima de La Bolsa de Julián Martel o del díscolo Quilito de Carlos María Ocantos.

Nadie, en sano juicio, imagina que en el mercado el mismo grupo de jugadores que nos tiró millones de dólares con el “carry trade”, se considere que aquellos eventos son antecedentes genéticos de la Argentina. No.

Lo nuestro hoy es tan claro que vale recordar a Voltaire (1664/1778)que lo expresaba sintéticamente en su cuento “El hombre y los cuarenta escudos” .

Escuchemos al personaje identificado como “el anciano” que dice: “Quemamos cien veces más velas, y más de la mitad de nuestra cera procede del extranjero porque descuidamos las colmenas”.

Tal cual ¿quién le presta a quién descuidó y descuida sus colmenas, enciende velas a raudales e importa la cera que podía producir?.

El anciano, en el cuento, comienza informando que ya “Francia no es tan rica”. Y – siguiendo el relato – dice que no lo es, porque se ha convertido en un país de consumidores, que ha dejado de trabajar en bienes transables y que ha derivado en el entusiasmo del trabajo en distintas ramas de los servicios.  

A propósito de este cambio, que Voltaire describe “graciosamente”, y que es lo ocurrido en nuestro país ininterrumpidamente desde hace 45 años, conviene recordar que la actividad económica derivada hacia los servicios (actualmente el 80% del empleo en la Argentina) hace muy difícil lograr incrementos de la productividad e inhibe el crecimiento.

Pero además aumenta el déficit comercial externo que es nuestro nudo gordiano que nos multiplica las deudas.

No somos un país desarrollado para sostener esta estructura y manteniéndola tal cual es, sin dudarlo, jamás lo seremos.

Eso es lo que el mundo financiero ve y nuestros ciegos no. Y por eso nos prestan caro los amantes del riesgo.

Por eso no se trata sólo de renegociar los pagos, necesario pero insuficiente, sino de transformar la estructura y dar señales certeras de que lo estamos haciendo. Que lo empezamos a hacer: el futuro es lo que estamos haciendo, no lo que vamos a hacer.

Sólo haciendo de esa manera, mostrando la voluntad de transformación, bajarán las tasas y – lo mas probables – es que los capitales (propios y ajenos) se asocien para participar del beneficio de la transformación.

Cuidar las colmenas ¿es tan difícil entenderlo?

Pero atención ya hay información que los buitres, que huelen carroña, están timbreando - como los “chicos del PRO” juntando simpatías - buscando aliados.

No estamos muertos y los buitres sólo comen los bonos sin vida, aquellos bonos condenados a la intemperie del default.

Pero atención, aunque suene raro, estando vivos, es el Cóndor “cazador” (nuestro venerado Cóndor de los Andes) el que se lanza sobre el animal vivo, pero débil, para comerle la lengua. Entonces la muerte es inevitable. Los cóndores que lo siguen terminan la faena. Nuestros bonos están vivos pero débiles. Mantenerlos vivos es seguir conversando: mantener el espíritu de la negociación. No perder la lengua.

En materia de deuda el silencio mata.

La buena noticia es que a tasas como la de Paraguay para la refinanciación de toda la deuda capitalizada (¿con alguna quita?) con 4 años de gracia en la amortización, y a un plazo suficientemente largo, el horizonte financiero estaría despejado para éste Fernández.

Al próximo le tocaría empezar a pagar y si en este período, este Fernández, se dedica a multiplicar las colmenas, y a no comerse la miel, la cera será abundante para encender las velas que hagan la luz que despeje el horizonte.

Otro cantar será si la miel termina engullida por los humanos de aquí, y seguimos comprando cera en el mundo y generando una cuenta que no podemos pagar.  

Esta claro. Gracias Voltaire.

¿Qué programa económico es el que multiplica las colmenas, enciende las velas y despeja esa bruma? No es ninguno de los puestos en marcha hasta aquí y desde Octubre de 1974 y van …

Ese programa debe primero proyectar una tasa de crecimiento del PBI anual mayor a la tasa de interés pactada o a pactar. Eso implicará que la deuda cada año pesará menos sobre el PBI.

Tenemos que crecer a una tasa mayor que la tasa de interés cualquiera sea el plazo de espera.

Eso es formular un programa de alto crecimiento. Lo contrario no es realista. ¿Hace falta demostrarlo?

El desafío del policy maker es diseñar los instrumentos de política que permitan crecer más que la tasa de interés pactada.

El mejor negociador baja la tasa para tener una tasa de crecimiento menos exigida.

Pero el mejor policy maker diseña instrumentos para crecer de modo, por ejemplo, de duplicar el PBI por habitante en 10 años. Nos lo debemos.

Desde 1975 estamos “creciendo” a una tasa que duplicaría el PBI en más de 100 años. La continuidad de esa trayectoria es una condena a la extinción lenta. ¿Para allí estamos yendo?

Aclaración. Respecto de la deuda, lo que realmente importa es la capacidad de generar divisas. Aumento de las exportaciones, sustitución de importaciones, mejora en la cuenta de servicios y factores (p.ej. transporte) y el retorno e ingreso de capitales.

En todos esos rubros no solo importa el crecimiento de cada uno de ellos en términos absolutos y el crecimiento de su peso en la Demanda Global; importa la tasa de expansión en relación a la tasa de interés a pagar.

Esas tasas de expansión refieren una definición de transformación estructural de desarrollo. Si no nos lo proponemos no lo vamos a lograr. No hay viento favorable para un velero sin rumbo y un navegante sin decisión.

Tenemos que definir ese rumbo y esa velocidad. La demora – salvo la sorpresa de un regalo inimaginable – sólo habla de poca convicción.

¿No creemos que sea posible? Entonces no lo será.

Y en ese caso las consecuencias están a la vista. La pobreza estructural del presente proyectada a futuro señala que si no pegamos un volantazo nos aproximamos al punto social de no retorno.  

Tenemos que crecer aceleradamente en un mundo complicado que exhibe tendencias críticas en materia de reconstrucción de las fuentes de energía, con posibles cambios en los niveles y la composición en la demanda de nuestros principales compradores de nuestros principales productos.

Es un desafío adicional que debilita nuestras fortalezas, rebaja nuestras oportunidades y alienta las amenazas. Mas que razón para ponerle garra a una transformación de la estructura productiva que, además, es condición necesaria para poder afrontar lealmente nuestros compromisos como Nación.

La imagen de “la ñata contra el vidrio” es la de la obsesión por un solo problema que está “ahí adentro”.

Obsesión que impide pensar y diseñar las estrategias para abordar la complejidad de nuestra real situación en un mundo crecientemente complejo.

Esta muy bien mirar por la deuda.

Pero al mismo tiempo es imprescindible una visión más panorámica.

Llevamos años repitiendo el mismo error.

Estamos muy complicados internamente y el mundo se complicó.

Tenemos que cambiar el eje.

Hemos sido hasta ahora los “locos del corto plazo” a los que siempre, siempre, el plazo nos ha quedado corto.

No nos podemos repetir. Además no va a ser posible. Y será inútil. El gran Umberto Eco nos recuerda una lección para todos aquellos que no intentan un cambio, es decir, cuidar las colmenas. Ellos se pierden el festín que promete el no repetir el circuito del error.  

“Los aborígenes australianos… en el inmenso desierto…seguían su exploración girando siempre en redondo… capturaban un lagarto…que era toda comida… y … por la mañana, volvían a ponerse en marcha. Si en lugar de haber girado en círculo, por un instante hubieran seguido en línea recta, habrían llegado al mar, donde los esperaba un festín de tortugas y langostas”.Umberto Eco



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