Cuatro claves para entender la crisis de Nicaragua

El gobierno de Daniel Ortega respondió a una serie de protestas populares con una represión desenfrenada. El conflicto social registra alrededor de 300 muertos y tiene al presidente entre las cuerdas.

Desde hace tres meses, Nicaragua vive en un estado de ebullición social y política. El Gobierno respondió a una serie de protestas populares con una represión inédita, que ya dejó alrededor de 300 muertos y más de mil heridos. La crisis produjo un divorcio insalvable entre el presidente Daniel Ortega y parte de la sociedad nicaragüense, incluyendo a los estudiantes, la Iglesia y los grupos económicos. Cuatro claves de un conflicto que asemeja la situación de este pequeño país centroamericano a la de Venezuela.

¿Cómo comenzó la crisis?

Las movilizaciones callejeras surgieron como respuesta a la decisión del Gobierno de reducir un 5% las jubilaciones y de aumentar las contribuciones de los asalariados. La reforma del sistema previsional había sido planteada con insistencia por el FMI, que señaló la insustentabilidad del fondo de pensiones nicaragüense. Aunque Ortega dio marcha atrás con la medida, las protestas continuaron.

El conflicto desató un malestar ciudadano con el oficialismo que hasta el momento había permanecido velado. Unos años atrás, el sandinismo, la fuerza gobernante, había reformado la Constitución, habilitando la reelección indefinida del presidente. En 2016, Ortega arrasó en las elecciones, aunque muchos observadores apuntaron a las irregularidades y a la persecución opositora como claves del resultado. El descontento con la excesiva concentración del poder por parte del presidente y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, terminó cristalizándose en las masivas protestas que comenzaron en abril.

Protesta y represión

La protesta se generalizó y extendió por todo el país en poco tiempo. Jubilados, trabajadores, comerciantes y organizaciones de la sociedad civil salieron a las calles a desafiar al Gobierno. Los estudiantes adquieren una particular relevancia en las movilizaciones: toman distintas universidades y exigen la renuncia del presidente.

A lo largo de los más de 90 días que lleva el conflicto, las fuerzas policiales detienen a decenas de ciudadanos y la violencia va en aumento. La oposición denuncia que el Gobierno armó a grupos para-militares, que junto con la policía disparan a sangre fría a los manifestantes que no quieren entregar el control de la calle. La represión ya alcanza alrededor de 300 muertos.

Ortega, cada vez más debilitado

La escalada de violencia y las protestas masivas dejaron a Ortega, que ya había ejercido la presidencia en el marco de la revolución sandinista entre 1979 y 1990, en un escenario de extrema debilidad política. Distintas organizaciones con poder en Nicaragua le retiraron su apoyo al presidente le retiraron su apoyo.

La Iglesia, que había intentado ser una mediadora en el inicio del conflicto, exigió el adelanto de las elecciones y reformas en la Constitución sandinista. Ortega tildó ayer de golpistas a los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN): “Yo pensaba que eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte del plan con los golpistas". Con el aumento de la tensión social, los grandes empresarios también se alejaron del Poder Ejecutivo.

Aislamiento internacional

Ortega se encuentra cada vez con menos apoyos en el concierto global de naciones. Esta semana, 12 países de Latinoamérica, entre ellos Argentina y Brasil, le exigieron al Gobierno “el cese inmediato de todos los actos de violencia, intimidación y amenazas”.

En paralelo, este miércoles, la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución, por 21 votos a favor y tres en contra, en la que le pide a Ortega que adelante los comicios presidenciales a marzo del 2019 como mecanismo para superar la crisis. Estados Unidos, por su parte, amenazó con endurecer las sanciones contra los funcionarios nicaragüenses.

El lápiz verde