Cuando la cama se abre a terceros: beneficios y riesgos

Por: Walter Ghedin

Una de las fantasías más frecuentes es imaginar a la propia pareja teniendo sexo con otro. Es más, animarse a poner esa fantasía en palabras durante el encuentro sexual es fuente segura de mucha excitación, siempre y cuando exista acuerdo entre las partes para nutrirse de esos estímulos. Sin embargo, del dicho al hecho hay un trecho y llegar a convertir el clásico dueto vincular en un trío, una orgía, o un intercambio equitativo con otras parejas requiere de charlas previas, compromiso mutuo y la seguridad de que la opción de compartir la cama con otro, u otros, puede ser una audaz manera de enriquecer el vínculo o de evitar la infidelidad. No será la decisión más acertada recurrir a estas opciones cuando la pareja transita por una crisis y creer que la presencia de más de uno entre las sábanas será la salvación del vínculo. Tampoco sirve si una de las partes cede para complacer al otro, en algún momento esta desigualdad en el acuerdo se hará sentir. Por lo tanto, aquellas parejas que desean abrirse a otras experiencias sexuales/amorosas deberán hacerlo con consentimiento pleno de las partes, con la finalidad de disfrutar aventurándose a camas numerosas y por sobre todo, a ser fieles en lo que respecta el acuerdo. Si uno de los miembros de la pareja oculta una relación afuera o sigue saliendo con alguno/a de las personas que intervinieron en el trío, se está violando una pauta fundamental del consenso. Otro tema es cuál es el límite de la búsqueda de novedades sexuales y la frecuencia. Si una pareja necesita imperiosamente la presencia de un tercero o más, hay dos opciones: o se abren a tener relaciones abiertas poliamorosas o swingers, o bien deberán replantearse qué les pasa cómo vinculo, ya que aun valiéndose de variantes para enriquecer la relación, no lo pueden hacer sin la presencia de otrxs entre las sábanas.

Entre las diversas formas del encuentro amoroso y sexual numeroso podemos citar:

Trío: es un encuentro de tres personas adultas con la finalidad de tener sexo. Los tríos son más frecuentes en vínculos que ya llevan un tiempo y se convencen que necesitan otras maneras de incentivar el deseo o de probar otras opciones eróticas. Es más frecuente que el varón incentive a su pareja mujer a la búsqueda de un tercero, el cual debe ser elegido por ambos. Las condiciones: acuerdo, libertad, placer mutuo. En las relaciones de a tres el principio de no compromiso emocional está implícito, aun así, no tiene el peso de otras alianzas numerosas como el poliamor o el swinger. Es más, la atracción por el tercero, o de este por alguno de los miembros de la pareja, puede hacer que el vínculo original corra peligro o se rompa. También la mentira por encuentros secretos fuera del ámbito de la cama de tres es un factor de desunión. Otra de las cuestiones que el trío heterosexual alienta es la expresión de una orientación sexual diferente (homosexual). Los vínculos homosexuales  entre varones pueden incluir la práctica del trío, la grupal, así como decidirse por tener “parejas abiertas”. Los homosexuales hombres (así como los hombres heterosexuales) están más predispuestos por la biología y la cultura a tener un deseo más activo y dispuesto para el sexo. Y no hay sociedad que diga lo contrario. Las mujeres feministas abogan por la equidad que también incluya al deseo sexual. Ellas dirán que el menor deseo de la mujer es el resultado de siglos de opresión sobre el cuerpo y la sexualidad femenina, lo cual considero valedero, pero hay determinantes biológicos como la testosterona (hormona del deseo) cuyos valores en sangre superan con creces a las mediciones en la mujer. El deseo de los varones homosexuales está bajo el influjo de dos condiciones prioritarias: en lo biológico: la testosterona; en lo cultural: los vínculos homosexuales no están supeditados al patrón antropológico de la procreación.    

MenageaTrois: (hogar de a tres) ha sido por siempre la típica relación romántica de a tres, precursora del poliamor. El concepto alude a una relación amorosa y no necesariamente sexual. Puede ser: dos hombres y una mujer, dos mujeres y un hombre, incluir a una persona transgénero, etc. Siempre debe mediar entre los tres el afecto, el deseo de estar juntos y la concreción de proyectos comunes como en cualquier pareja. Es frecuente existan afinidades ideológicas, artísticas, y una concepción libre de la vida de relación o comunitaria. La práctica de la menáge a tròis es precursora en occidente de los vínculos poliamorosos.

Poliamor: los “poliamorosos” fundamentan su práctica en la capacidad para enamorarse y sostener al mismo tiempo varias uniones con compromiso emocional. El tipo de unión no tiene el sexo como prioridad, sino la conexión afectiva. Es condición que los miembros del grupo poliamoroso sepan de la existencia de los otros. No deben existir secretos ni relaciones paralelas de índole sexual. El acuerdo entre los miembros se considera imprescindible.

Poligamia: podría considerarse el poliamor una forma de poligamia, sin embargo existen diferencias. Los poliamorosos basan su elección en el deseo y el convencimiento en esta forma de alianza afectiva, también sostienen que la honestidad entre los miembros es condición “sine qua non”. La poligamia, en cambio, es un contrato matrimonial fundado en normas culturales y religiosas y para nada es un fenómeno espontaneo ni sujeto al devenir del tiempo y las modas culturales. Existen dos formas de presentación de la poligamia: la poliginia (la más frecuente: un hombre casado con varias mujeres) y la poliandria (una mujer casada con varios hombres). Varias culturas africanas y asiáticas islámicas ejercen esta forma de alianza múltiple, aceptada y reglamentada por leyes religiosas y normas culturales. En occidente la poligamia es condenada socialmente y jurídicamente ya que se considera el vínculo matrimonial como un contrato exclusivo entre dos personas, las cuales se juran amor mutuo y fidelidad. No obstante, los movimientos migratorios de estas naciones hacia occidente han llevado consigo sus costumbres, influyendo notoriamente en grupos que defienden las alianzas múltiples, aunque descartan la idea del matrimonio como unión. 

Orgías: la más famosa de las relaciones múltiples, aquella donde se pierde la identidad de los cuerpos para fundirse en un conjunto de brazos, piernas, muslos, nalgas, penes, vaginas, en fin, lazos de carne y de placer. La llegada del SIDA golpeo fuertemente a esta práctica, frecuente en lugares como saunas, cines porno, parques, etc. En otras ocasiones surgían espontáneamente en boliches o discotecas pasándose el dato del lugar del encuentro. Actualmente, con los cuidados que amerita, la práctica orgiástica está resurgiendo. Así como se organizan fiestas privadas reclutando gente por las redes sociales, también se usan estos medios para invitar a miembros selectos a las bacanales de sexo.

Triolismo o troilismo: es una variante más que incluye a un tercero con el doble rol de observar a una pareja teniendo sexo para luego rotar y pasar a ser miembro activo del coito mientras el que participaba anteriormente del acto sexual pasa a ser miembro “pasivo” u observador. Es una forma de “voyeurismo” parcial con participación en el coito (el voyeurismo clásico espía a una pareja que no sabe que es observada).

Swinger: el movimiento swinger ha sido uno de las propuestas de sexo libre que más difusión en el mundo occidental ha tenido y sigue teniendo. Es posible que las pautas que reglamentan los contactos (y que se deben cumplir a pie juntillas para pertenecer) hayan contribuido a crear un espacio dentro de la subjetividad social. Y toda sociedad  en general es más flexible con aquellos grupos que transgreden pero imponen normas a sus participantes. Además los swingers se encargaron de divulgar por los medios de comunicación masivos, revistas propias, congresos de sexualidad, etc. los beneficios y contras, esto último cuando no se respetaban los acuerdos y el respeto entre las partes y las reglas de la comunidad de intercambio. Los movimientos swingers dieron luz, permisividad, marco ideológico (romper con el estereotipo de la fidelidad como norma ya que ésta favorece las conductas de engaño y deslealtad) y además postula la monogamia emocional o amorosa, pero no la sexual, para la cual propone el intercambio consentido de parejas. Las pautas del acuerdo de intercambio son: no compromiso afectivo con las personas invitadas a participar, el uso obligatorio del condón; “el no, es no” cuando la persona o la pareja rechaza el ofrecimiento.

Parejasabiertas: más frecuentes entre homosexuales, aunque las relaciones heterosexuales la están incorporando como una opción ante las tentaciones de infidelidad. El amor de pareja no entra en la cuestión, por el contrario, para los participantes se enriquece en la medida que cada uno puede tener relaciones sexuales fuera del contexto de la pareja. La pauta a cumplir: ser honesto y comunicar al otro con quién se tendrá sexo, dónde, cuándo, y los resultados del encuentro erótico. Uno de los motivos de tener parejas abiertas son las diferencias de gustos para acceder a ciertas prácticas con el otro estable, ejemplo: penetración anal, uso de juguetes sexuales, sadismo, masoquismo, o la inclusión de un tercero con servicios sexuales pagos.   

Más allá del placer múltiple 

Incluir a terceros en la cama, compartir o aceptar tener “parejas abiertas” son diferentes formas de concretar deseos y fantasías. En algunos casos subyace la idea de evitar el dolor del engaño que produce la infidelidad, en otros es una “prueba” o “desafío” para probar el amor vincular, y en otros casos, será por simple deseos o ganas de pasar por prácticas sexuales nuevas. Los problemas surgen cuando no se cumplen las reglas preestablecidas y/o cuando se necesita imperiosamente repetir los encuentros, ya que sin ellos, el placer que podría brindar la relación de dos no es suficiente. Las personas o las parejas que eligen estas prácticas deben saber entrar y salir de ellas sin más repercusión que la obtención de un plus de goce sexual. Para nada deberían generar culpas, autoreproches o conflictos vinculares, de ahí que se cada uno debe estar seguro de las posibles repercusiones emocionales.

Consejos para los que gustan del sexo numeroso:

*Pensar bien en los pros y los contras, tanto personales como vinculares.

*Acordar con la pareja este tipo de prácticas.

*El acuerdo es un consenso equitativo. Nada de “lo hago para complacerlo”.

*No ocultamiento de relaciones paralelas, lo que se hace es dentro del acuerdo pautado.

 *La fidelidad es sostener ese acuerdo de estar con otros sin mentir.

*No compromiso emocional, excepto en las relaciones poliamorosas.

*Evitar situaciones de riesgo como “levantes” callejeros o personas desconocidas.

*Existen clubes o lugares de encuentro de personas que gustan compartir los juegos sexuales.

*Uso obligatorio del condón.

*Tratar de que sea una práctica más y no la única forma de obtener altos niveles de placer sexual.

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