Crónica de un fracaso anunciado

Por: Carlos Leyba

La macroeconomía nacional está gobernada por los compromisos adoptados en el segundo programa del FMI; y por el alivio financiero que ha generado el inmenso préstamo obtenido de ese Organismo.

De estos dos hechos, compromiso y crédito del y con el FMI, surgen los datos dominantes de la vida cotidiana: economía en marcha hacia abajo o, lo que es lo mismo, ajuste recesivo exigido por el prestamista; y – por el otro lado – pax cambiaria, con la tendencia del dólar hacia abajo, lo que entusiasma al gobierno más allá que los precios internos seguramente están alineados a los 40 pesos, cotización de la moneda americana que ocupó la tapa de los diarios durante largo tiempo.

La economía hacia abajo, en los últimos días, ha tenido señales de alarma o de desinterés, según la sensibilidad de los interpretes de la realidad. Derrumbe de la construcción y de la industria automotriz y presión sobre el empleo.

Las ventas de materiales para la construcción se desplomaron 32 por ciento en diciembre, el 84 por ciento de las empresas autopartistas despidieron personal, los anuncios de inversión – según la Agencia oficial – cayeron por debajo de 2016, y Nicolás Taranto, un empresario líder del autopartismo, dijo “este gobierno no tiene mucho interés en la industria”.

Son datos importantes para los que lo sufren y para la oposición. La economía ha caído en 2018 y volverá a caer en 2019, medida por el PBI cuyo computo contiene colchones contables que morigeran los números, pero que no alcanzan a modificar la realidad de una recesión gravísima.

Pero, con otra sensibilidad, esas caídas no son importantes para el gobierno: no representan un problema. Dicen “no es mí problema”. Dicen, eso pasó. No fui yo. Fue la sequía y la guerra comercial de Donald Trump conChina. No puedo hacer llover en el pasado y no pude convencerlo a Donald. Lo dicen las autoridades. ¿Qué podemos esperar como reacción que se anticipe a males mayores?

Además – y no es broma – la mentalidad CEO del PRO, la del ejecutivo empresario, no pondera el tránsito sino el resultado. Es una lógica radicalmente distinta de la de la política. Por lo que el tránsito, para el PRO, no es un problema.

Creen que algún día los cuerpos, arrojados desde la ventana, llegarán finalmente al piso. Y ese será el fin del vuelo hacia abajo. (Mauricio, dice “lo peor ya pasó”). Desde allí la economía rebotará. Y tienen razón. Alguna vez, no importa cuándo ni qué pasa entretanto, volveremos a crecer: llegados a la parálisis total cualquier movimiento, por pequeño que sea, es signo de vida. Vamos todavía. La gran esperanza PRO.

Puede que sea el rebote de todos los gatos muertos o bien que algunos – que según los ejecutivos del PRO se lo merecerían por improductivos – descansen sin reclamo y otros se sobrepongan. Esos son los nuestros, dicen en el oficialismo.

La pregunta es ¿cuál será el motor que, a los que se sobrepongan, les de hálito de vida nueva? El PRO señala que son las inversiones que llegarán detrás de la atracción del sol, del viento, de los paisajes, de los minerales y de la Vaca Muerta. Nada de trabajo productivo urbano. ¿Una economía primarizada es o no es, la base de una sociedad primarizada? Volvamos.

Dejando de lado a los sectores sufrientes (y a los beneficiados que siempre los hay: en la epidemia las funerarias crecen) la realidad objetiva es que, la opinión pública medida por las encuestas a fin de diciembre no denuncia un deterioro de la imagen del gobierno que se compadezca con esta situación.

Como la del PRO es una cultura de marketing, como corresponde a los CEO, si las encuestas – que siempre reflejan una foto de ayer – no dicen “cambiá, andate” de manera contundente, ellos consideran que tienen el mandato de seguir igual para quedarse. Aclaro que sólo el 40 por ciento o menos, ve al gobierno “bien o más o menos bien”. La mayoría no está del lado de los que aplauden.

Claro que los que están en el PRO y no son CEO se desesperan. Pero son refutados, o convencidos, por los gurues de la encuesta que moran en la Rosada.

Pero ¿por qué en la opinión publica – en diciembre – ha mejorado la imagen del gobierno? Es cierto siempre menos del 40. Pero el efecto cholulo del G20 ha influído, salió bien, ya que (“la ideología antes de la noticia”) se vendió que, si las principales figuras del mundo llegaban hasta aquí; y visitaban la librería más linda del mundo (E. Macron)y comían un asado como Dios manda (Merkel), entonces, poco tardarían los empresarios del Planeta en darse cuenta que estaban perdiendo el tiempo y vendrían en malón a invertir en la Argentina. Eso salió bien.

Pero, como anticipa la Agencia oficial, las inversiones no llegan. Y como muchos creen que como decía,el finado Julio Grondona presidente de la AFA - según Macri su líder espiritual -“todo pasa”; y de ahí coligen que lo pésimo de la economía pasará. Hay una sola excepción para esos creyentes: si el dólar sube todo se pudre. El dólar no sube sin daño, creen.

De ahí que además del G20 y del espíritu del “todo pasa”, lo bueno de fines de diciembre es que la paz cambiaria o la contínua revaluación del peso, le sumó puntos a la imagen del gobierno … por cierto antes del tarifazo. Habrá que ver como mide a la vuelta de las vacaciones.

Esa pax cambiaria se basa en el impacto positivo de la disponibilidad de dólares que el FMI nos ha prestado; en el freno a la economía como consecuencia de la drástica reducción de la cantidad de dinero en circulación; y – el arma fundamental – el irracional y letal nivel de la tasa de interés.

La tasa de interés es – de hecho – la dominante de la política anti inflacionaria. Si juzgamos la propiedad del instrumento (mega tasas) contra la modestia del resultado (una inflación que sigue siendo muy superior a la de la década) no cabe otra conclusión: el instrumento es impropio y la política equivocada en el tránsito. El final está abierto. Puede bajar. Es posible. ¿Quién queda para contarlo?

Pero una política no puede ser juzgada sólo por, digamos, el final. Sino que debe serlo también por el tránsito o, si se quiere,por el costo histórico de la misma; y, como todas las cosas, por la relación costo-beneficio al final del proceso. Si es que podemos llegar al final del proceso. De tanto apretar la canilla a veces se zafa y el chorro se torna incontenible. Los ejemplos de la vida cotidiana.

Pongamos ejemplos arbitrarios del tránsito y del costo histórico: eliminamos el déficit fiscal … pero lo hacemos liquidando suavemente a los jubilados, pensionados y beneficiarios de la asistencia social; logramos un notable excedente de la Cuenta Corriente del Balance de Pagos … pero dejamos de importar lentamente  insumos y – dada la estructura productiva – paramos la producción industrial y sólo consumimos productos primarios con baja elaboración porque si importamos los bienes finales volvemos al déficit.

En esos ejemplos arbitrarios suponen que – después de un tránsito gravoso, perverso o no deseado – finalmente se logra el objetivo: equilibrios gemelos…¿y?

A nadie le cabe la menor duda que en ese caso esa política, aunque al final alcance el objetivo, ha sido un fracaso en el tránsito. Lo que se pierde en pos del objetivo es mucho más grave que el daño de no cumplirlo y es irrecuperable, fábrica que se cierra no vuelve a abrir, personas vulnerables que sufren extremos no vuelven a tener las energías vitales.  

Debemos recordar que ese mecanismo, más allá de las buenas intenciones que lo hayan instalado, es una perversidad tan “cientifica” como la de los que practicaban la sangría como método curativo.

El nivel fantástico de la tasa de interés induce a los popes del mercado financiero, que conocen el pensamiento de los operadores del BCRA, al ingreso de dólares para que, convertidos en pesos, sean colocados en valores beneficiarios de esas tasas: tasas inimaginables en dólares a la hora del retorno,que es inevitable porque para eso vinieron. Pedal.

Los dólares se convierten en pesos emitidos por el BCRA: aumentan las reservas (efecto oásis en el desierto) y aumenta la emisión monetaria.  Para absorberla (dado el compromiso de no expansión) se emiten valores que, para que sean suscriptos, es necesario generar las super tasas que hemos mencionado. La reservas del BCRA son deuda, rinden nada, y para tenerlas debemos pagar un censo de tasas de interés.¿Cuál es el negocio para la sociedad?

Por lo dicho, para este gobierno, la estabilidad nominal de la cotización del dólar, la revaluación real del tipo de cambio, en una economía inflacionaria, es “la medida del éxito”. Creálo o no.Las consecuencias, gracias.

En la política, entendida como gimnasio, los gobiernos argentinos de las últimas cuatro décadas han instalado la idea de una “prueba gimnástica” como “medida del éxito” y esa prueba - a la que invitan a presenciar – es la evolución de una variable y sólo una. Veamos.

Cuando Mauricio Macri llegó al gobierno nos había convocado a medir su gestión por la reducción del número de pobres. Esa es, sin duda, una variable compleja: reducir el número de pobres requiere del movimiento de varias variables en dirección positiva. Tiene que bajar la inflación para que los ingresos no se deterioren, tienen que crecer los ingresos como consecuencia del crecimiento de la economía urbana y del nivel del empleo; y tiene que verificarse una mejora progresiva en la distribución del ingreso y muchas otras cosas más.

Es decir, reducir la pobreza, implica mejorar al mismo tiempo el nivel de otras variables fundamentales. Es un objetivo sistémico.

Mauricio, cuando anunció ese objetivo, también señaló el objetivo de unir a los argentinos – una plataforma para el diálogo y el consenso – que es un requisito para que las políticas, que habrían reducido la pobreza, tengan el ánimo del largo plazo. Y la tercera apuntaba a la lucha contra la droga.

La realidad es que la pobreza subió como consecuencia del aumento en la inflación, la declinación de la actividad y de la regresión distributiva. El clima de grieta desandó cualquier posibilidad de consenso de largo plazo. Y la batalla contra la droga que, sin duda, se está dando por parte del gobierno, tiene en su contra el incremento de la pobreza. Ni el desempleo ni el estancamiento ayudan a combatir contra la contratación criminal que realiza la droga: por el contrario construyen un terreno fértil.

Macri abandonó esos objetivos complejos, cuya enunciación celebramos, y después de 2 años y medio de fracasos, se concentró en un solo objetivo: la pax cambiaria lograda sobre la base de medidas monetarias (restricción) , fiscales (presión) y de ingresos (tarifazos) que aplastaron cualquier posibilidad de crecer.

Aclaremos que esa, las políticas de un solo objetivo,  es la tradición de cuatro décadas de gobiernos regresivos.

De memoria. JA Martínez de Hoz sostuvo que el nivel de las reservas en poder del BCRA era la medida del éxito del programa ya que, las crisis argentinas, decía, se generaban por falta de reservas.

Domingo F. Cavallo sostuvo que la estabilidad de precios era la condición suficiente para lograr el equilibrio y desarrollo de la economía.

Los Kirchner sostuvieron que el éxito de la economía dependía del continuo incremento del consumo popular.

Todos esos gobiernos tuvieron en común el éxito en lograr, claro que por un tiempo, la constatación del objetivo único que se propusieron.

Y todos concluyeron sus gestiones dejando una herencia irremontable, las reservas y la estabilidad eran tan efímeras como inmensa la deuda externa que las había generado; y el consumo popular tan efímero como el agotamiento de sotcks que lo había permitido.

Los “milagros” en economía no existen y los brujos, los magos de la economía – como los de las finanzas –, en realidad son hijos de una descomunal ignorancia de la realidad. El objetivo único les nubla el entendimiento.

Todos – a pesar de los números posteriores irrefutables – reclaman para ellos el éxito que no tuvieron sino en la apariencia de unos meses o de unos años.

Esas tres gestiones – como tantas otras por las mismas razones – dejaron facturas gigantescas que alguien tenía que pagar.

Macri, con su nuevo enfoque de “ganemos las elecciones con la pax cambiaria” nos está llevando al mismo final de quienes lo precedieron: puede que la logre por un tiempo, pero en ese mismo tiempo se acumularán los problemas que terminarán con ella.  

Pero miremos también las buenas cosas. La pax cambiaria frenó la espiralización inflacionaria. Pero no los niveles espantosos de inflación.

El default quedó lejos, por lo menos para 2019. Pero nadie, a ese barrilete, le da más piolin que para 2019. El riesgopaís, es decir,  la posibilidad de financiarse en el exterior,hoy supera los 700 puntos básicos.

Es que está el temor que genera mirar los números de las reservas y de la cuenta corriente del Balance de Pagos. Ni ahí esos números generan convicción de solvencia en ninguna parte, salvo en la línea imaginaria que va del BCRA al Palacio de Hacienda, linea imaginaria que le tapa la realidad a la Casa Rosada.

Y ciertamente, también, influye el temor – más que bien fundado – que Cristina Kirchner o Axel Kicillof vuelvan a tener influencia en las decisiones públicas. Más allá de lo que prometan, lo que antes hicieron está en su naturaleza y lo repetirán. No tenga dudas. Apelaran a lo que sea tratando de ocultar los problemas. Mucha basura bajo la alfombra.Una soberbia e ignorancia igual a la de los CEO – aunque parezaca de signo diferente, el mundo es redondo – que, además, patotea al universo. Y un enorme peligro en materia de institucionalidad, es decir, riesgo de acá me quedo.

Lo notable es que ambas cosas, el temor a los números y el temor a los sucesores, son producto de las decisiones del gobierno de Macri.

Lo de Cristina, lo sabemos hasta el hartazgo, es producto de la alquimia electoral del comerciante ecuatoriano y del joven Houdini de las redes. Y , lo de los números, deriva del endeudamiento torpe “atosigante” y de la estrategia de caja fiscal que le carga a las exportaciones industriales los impuestos que no se pueden transferir y las retenciones sobre una actividad que, en estos cuarenta años, se ha hecho dependiente de las importaciones.

El cálculo electoral y el mal cálculo económico, lograron que a pesar del aval del FMI y de Donald Trump, el riesgo país toque los niveles del nunca jamas.

En estas condiciones el futuro inmediato, muy cortito, le da respiro a los que están en cubierta y en el timón. Abajo en la sala de maquinas y en el pasaje común, no en primera clase, el clima se está haciendo insoportable. Pero en el futuro, un poco más largo, no hay ninguna señal de alivio. En la lejanía sólo se ve un frente de tormenta.

Mauricio quiere repetir porque, por alguna razón que no aparece en los papeles, imagina que todo mejorará; menos nubes y mas sol, o bien que en la sala de maquinas y en el pasaje común, más allá de por quién voten, predominará la conformidad, la calma y la comprensión.

Cada tanto la “política social” pondrá a disposición algunas vituallas pero, conseguirlas, cada día será más dificil si la economía real no arranca.

El dólar podrá bajar. Pero si las tasas de interés siguen en estos niveles nominales y con más las tasas reales que implican, es extremadamente dificil que la economía urbana arranque.

Sí, el campo – si el clima ayuda - y la energía pueden proveer dólares. Pero si la economía llegara a arrancar, algo muy improbable con estas tasas de interés - que son la esencia de la política económica -, entonces no habrá dólares que alcancen para financiarla. La paradoja que la expansión, en estas condiciones tan precaria, genera crisis.

La restricción monetaria es una decisión que reconoce que “esta pax cambiaria” (el éxito según Macri) depende de ella y ella frena, por los sopapos que la mantienen a raya, cualquier atisbo de crecimiento.

La economía de 2019 caerá y la de 2018 fue un Manual de cómo lograr la contracción. Caída del salario real y del empleo, caída del consumo, espantapájaros a la inversión.

Los optimistas del gobierno y del gremio de la consultoría, creen que la mejora en los salarios será la consecuencia de las paritarias (nominalidad) y de la desaceleración de la inflación. Y que producidas esas negociaciones y esos resultados, las dos cosas, el consumo repuntará. ¿Todos se han vuelto kirchneristas? ¿Y la inversión cuándo?

Se trata de un escenario optimista y “ocasional”. Imaginan una inflación del 27 por ciento entre diciembre de 2019 y 2018. Y una recuperación del consumo con vistas electorales. Por eso la aceleración tarifaria que ha expuesto el enorme peso del lobby energético que ha logrado transferirle a la sociedad el costo de la disminución de riesgo de sus inversiones a base de tarifas impagables.

La realidad es que los cálculos optimistas no pueden ignorar el resultado principal: el gobierno de los CEOs, el “mejor equipo de los cincuenta años”, el exitoso elenco de dirigentes de Boca Juniors, terminará este mandato – cualquiera sea la gestión hasta el final - con un PBI por habitante (medido en pesos constantes) 10 por ciento por debajo del 10 años atrás.

Para cualquier evaluador serio, se trata de un verdadero desastre.

Seamos honestos en el reparto de responsabilidades. Macri habrá puesto 4 años y 6 CFK en el fracaso. Con el agravante para CFK de haber contribuido al fracaso habiendo disfrutado de los términos de intercambio más generosos de la historia nacional. Lo que surge es ¡Que par de inútiles!Y entonces ¿qué nos espera?

La recesión se profundiza, cae el crédito y el consumo y la inversión van en reversa, tanto por los datos de la realidad y la dureza de la financiación como por lo gris de las expectativas.

Esta es la crónica de un fracaso anunciado: nadie puede tener éxito en la economía argentina, con sus problemas estructurales de base, si no genera un Plan de Largo plazo, y si ese plan no es la consecuencia de un equipo multidisciplinario, trabajando como parte integante de la Administración, y de un acuerdo político y multisectorial. Esa es la condición necesaria para tener un inventario y un rumbo posible.

Pero ese plan requiere de instrumentos e incentivos para que la inversión privada se materialice. Es lo que hace el mundo desarrollado y lo que realizan los países que salen del subdesarrollo. Y esos instrumentos también deben surgir de un acuerdo.

Macri rechazó la idea del acuerdo, la idea del plan y la idea de los instrumentos convencidos en la sabiduría acerca del futuro por parte del “mercado”.

A partir de esa concepción el fracaso era inevitable.Y no sólo porque no tenía viento de cola. Los K con viento de cola y sin acuerdo, sin plan y sin instrumentos, fracasaron como era inevitable.

Las dos gestiones de este Siglo, los K y el M, nos han dejado una lección: díga como piensa gobernar y tendremos el anunció de si va o no va a fracasar.

Lo que es seguro que sin Plan, objetivos e instrumentos, y sin consenso amplio el fracaso está garantizado. Es la crónica de un fracaso anunciado. Muy bien. ¿Y ahora?

En estas condiciones los comandos electorales de los dos mejor posicionados y pretendientes a la continuidad o al retorno, deshojan la margarita Gano, no gano. Pierdo, no pierdo.

Lo único por lo que están dispuestos a pagar son “encuestas” que sólo hablan del futuro individual del que contrata. Ni una moneda acerca del futuro colectivo. Los demás candidatos en pelotón la deshojan preguntándose, en ambos campamentos, ¿se presenta o no se presenta?

Si “ella” se repliega los alternativos recibirían un balón de oxígeno: Juan Manuel Urtubey o Felipe Sola; o Sergio Massa o Miguel Ángel Pichetto o Juan Schiaretti, frente a Mauricio, dicen las encuestas, serán ganadores si Macri es el oponente.

En ese casolas huestes oficialistas deshojarán ¿ Mauricio se presenta, no se presenta?

Si él declinael arco que va de María Eugenia Vidal a Ernesto Sanz aparece como la mayor chance ganadora para Cambiemos.

Con la renuncia de los dos entraríamos en otro escenario. Todos los alternativos, opositores u oficialistas, tienen vocación de diálogo.  

El futuro nos pide desatar del carro a los caballos M y K. Ellos nos arrastran al precipicio con la cultura política del odio.

Su retiro es sólo una condición necesaria; no es una ilusión, es una necesidad histórica que valdrá la pena si esa condición necesaria es transformada en suficiente gracias a un acuerdo de consenso programático.

Mauricio y Cristina son “la grieta política” en la que nos hemos desbarrancado. Carecen de preocupación por el “para qué”. Protagonistas de fracasos homéricos no los mueve el reconocimiento de errores y responsabilidades, sino la ambición, de tener “el poder sustantivo”.

Si el “poder hacer” los animara nos brindarían un programa como prioridad.

Lo que manifiestan es la prioridad de sus personas sin atisbo de renunciamiento para que esos programas, que no proponen porque no existen, se realicen.  

Mauricio alimenta la estrategia del odio para ganar una elección. Llaman “racionales” a unos opositores. Implica llamar “irracionales” (animales) a los demás. Baja calaña.

Pero nadie debe olvidar que Néstor y Cristina alentaron el odio. Instalaron el escrache.Sus voceros prometen repetirlo. Diana Conti, personaje menor, ha prometido “la Justicia popular”, el ejercicio de la venganza.

Los Kirchner y sus seguidoreshan sido los impulsores de la “grieta política” como método de adquirir y permanecer en“el poder”. Predicar el temor al “enemigo” sirve electoralmente pero no para gobernar.

El odio rinde como sustituto cuando no se tiene qué proponer y genera el más colosal de los fracasos socialesaunque sople viento a favor. El odio es corto placista.

Los K y los M construyen un escenario político de A, B, y el odio. Para muchos “así es y eso es la política”.

¿Ignoran que hay otro escenario: A, B y el diálogo y la negociación? Es el ejemplo de la Europa de pos guerra con éxitos económicos y sociales de larga duración.

¿Acaso aquí lo hemos intentado? Sí.

Entro en terreno difícil pero necesario. Juan Perón regresó porque el General Alejandro Lanusse habilitó – luego de 18 años – la participación electoral del Partido Peronista.

Todas las fuerzas políticas diseñaronun escenario del tipo “A,B y el diálogo y la negociación”. Pongamos que ese escenario de diálogo desde 1930, no existió: si lo hubo antes, ese golpe lo demolió.

Entre 1945 y hasta 1973 ni diálogo ni negociación fueron parte de la política.

Un ejemplo: la Democracia Cristiana, “gorilas” del 55, (¿irracionales?)participó en la Junta Consultiva de la “Revolución Libertadora”. En 1963, la DC, que lideraba Horacio Sueldo, comando revolucionario, comenzó un camino de comprensión del peronismo. La DC, a causa de esa revisión del pasado, se partió. En 1972 José Antonio Allende, crítico de Sueldo, viajó al Madrid de Perón al diálogo y a la negociación. Se conformó el Frente.

Ese ejemplo “de la historia que he vivido” es el de un camino que se construyó para dejar atrás el odio.

Perón y Ricardo Balbín se abrazaron y, en el funeral del Presidente, Balbín, preso político durante el gobierno anterior del General, resumió “la política” y dijo “este viejo adversario despide a un amigo”.

Una amistad política, que nació del diálogo y la negociación: dos conjuntos de ideas distintas que procuraban ampliar el espacio de yuxtaposición.

Durante 1972 los partidos políticos acordaron “Coincidencias Programáticas”. La CGT y la CGE firmaron. Se autoexcluyeron Álvaro Alzogaray – el libertario de una minoría mínima intensa– y la guerrilla Montonera, la Tendencia, el ERP, otra minoría intensa y violenta: su programa era “cuanto peor mejor” así lo explicaba entonces el gran Moisés Ikonikof. ¿Los PRO y La Cámpora heredaron la autoexclusión?

A las Coincidencias le sucedió la elección más democrática desde 1955, celebrada con el compromiso ético de las Coincidencias de los que resultaron ser más del 80 por ciento de los votantes. Después,la votación plebiscitaria del mayor porcentaje de votantes de la historia y el de votos a un candidatoya no proscripto: Juan Perón.

En ese gobierno la política macro y de ingresosse acordó con trabajadores y empresarios, dirigentes de la UIA; y luego Actas sectoriales, por ejemplo, con la Sociedad Rural Argentina. En ese clima Celedonio Pereda, presidente de la SRA, almorzaba en la sede de la SRA de la calle Florida,con José Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT.

Era el correlato del cambio profundo de las convicciones del líder del peronismo: “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”.

Reconocerlo es la primera condición para que el escenario A,B y diálogo y negociación, sea posible.

Todo ocurrió dos años antes del “Pacto de la Moncloa”. Peronistas y radicales, que entonces lo construyeron, a partir de “La Hora del Pueblo” convocada por Balbín, hoy no quieren recordarlo. No lo entiendo. No saben que esa negación del pasado es lo que alimenta la literatura del odio.

Aquellas Coincidencias fueron interrumpidas. Lo que se interrumpe no fracasa. ¿Quién, cómo?

Primero,a los cinco meses de mayo del 73 el asesinato Montonero de José Rucci, por haber firmado las Coincidencias; después, a la muerte de Perón ocurrida a los 13 meses de las Coincidencias en marcha, vino el golpe de palacio de López Rega que fue el prólogo del genocidio de la Dictadura y de la instalación, en el poder, de la grieta política y de la economía del Malestar, es decir, la génesis de la grieta social y económica que aún vivimos. A las Coincidencias no las interrumpió la política mayúscula, fue necesarioel asesinato, la muerte, el golpe de palacio y la dictadura genocida. Los Montoneros escribieron el prólogo y la dictadura genocida el epílogo del libro de la frustración nacional.

¿Podremos proponernos deshojar la margarita de las ideas para que las Coincidencias, amplias y mayoritarias, políticas, gremiales y empresarias, nos ayuden a definir otros candidatos que no nos hagan rodar por la grieta del odio y terminar con la crónica del fracaso anunciado? Tarea para 2019.

No perder la esperanza es la mejor manera de comenzar el año.

“Siempre el coraje es mejor, la esperanza nunca es vana” (Jacinto Chiclana, JL Borges, Astor Piazzola)




Diarios Argentinos