Crisis de combustible y alimentos en el Reino Unido

A la escasez de dióxido de carbono, utilizado principalmente para la producción y mantenimiento de alimentos, se sumó la falta de combustible. ¿Es acaso el Brexit el cimiento de las dificultades que atraviesa UK hoy?


En las últimas semanas, pudimos ver en imágenes cómo el Reino Unido se fue hundiendo poco a poco: filas enormes de personas esperando fuera de las estaciones de servicio, supermercados desabastecidos, una verdadera guerra por la supervivencia. Una primera conclusión que podemos sacar para explicar la falta de combustible y de alimentos, es la falta de personas para transportarlos. Jonathan Freedland aseguró que la mezcla dolorosa del Brexit con la pandemia hizo que muchísimos conductores extranjeros –en este caso, nacidos en otras naciones de la Unión Europea- vuelvan a sus países de origen. Según él, “el Brexit es el único motivo detrás de las mayores dificultades para las contrataciones de conductores del continente por parte de las empresas británicas y para que los conductores de la UE operen en el Reino Unido” (ElDiario.es, 2021).

Ahora bien, ¿de qué manera justificamos la afirmación de que el Brexit es el malo de la película? Antes que nada, recordemos un poco en qué consistió el acuerdo que llevó al Reino Unido a separarse de la Unión Europea. El 23 de junio del año 2016 UK firmó un referéndum para separarse de la UE con un 52% de apoyo. Se ha acusado al euroescepticismo como fundamento de la decisión: se acusó la necesidad de ganar soberanía económica, al mismo tiempo que se buscó reducir la inmigración poco calificada (Kirjner Baricco, 2021).

Cristina J. Orgaz (BBC, 2021) expresó que quienes votaron a favor del Brexit  sostuvieron que querían ser libres de la burocracia europea y sobrerregulación, al igual que abogaban por establecer trabas a las migraciones. Por su parte, quienes votaron en contra buscaban un acceso ilimitado al mercado, y al mismo tiempo establecer un contrapeso a las aspiraciones independentistas de sus vecinos: Escocia e Irlanda del Norte. El resultado final fue ajustadísimo, y se resumió en 52% leave vs. 48% remain.

La separación con Europa se consumó luego de cinco años, el 31 de diciembre de 2020, y no fue en forma pacífica. UK se enfrenta con una serie de desafíos y problemas por resolver; entre estos, las tensiones internas y la economía.  Con respecto a las tensiones con sus vecinos, tomemos el caso de Escocia: la ministra principal, Nicola Sturgeon, lucha hasta hoy por la independencia de la mano del Partido Nacional Escocés (SNP). Su objetivo como ministra –que hoy cursa su cuarto mandato- es que se realice un nuevo referéndum de autodeterminación, argumentando que “dado el resultado de esta elección (haciendo referencia al triunfo del 55% del “no” a la separación de Escocia del Reino Unido en 2014), simplemente no hay justificación democrática alguna para que Boris Johnson o cualquier otra persona busque bloquear el derecho del pueblo de Escocia a elegir nuestro futuro” (El País Digital, 2021).

Irlanda, por su parte, es un caso más complejo. Mientras que Irlanda del Norte es parte del Reino Unido y por ende ya no es parte de la UE, comparte frontera terrestre con la República de Irlanda, que sí pertenece al bloque (CNN, 2021). Irlanda del Norte fue favorable al referéndum de 2016 –por más que un 56% de su población haya optado por quedarse en la UE-, pero ello acarreó un renacimiento de las tendencias ideológicas nacionalistas e independentistas que ya existían en la región (el partido Sinn Féin, y la Irish Republican Army). La resistencia tanto norirlandesa como escocesa ante la decisión final del divorcio con la Unión Europea fue notoria a raíz de que se revivieron los movimientos nacionalistas (Kirjner Baricco, 2021).

BBC (2021) resaltó algunas de las dificultades que está enfrentando UK luego del referéndum en el plano económico. Entre ellas encontramos la pérdida de acceso al mercado común europeo; que los bancos no comunitarios optaron por abrir sedes en Europa y por lo tanto la mayoría de su personal se fue con ellos; que Londres dejó de ser visto como uno de los centros financieros mundiales; y el éxodo masivo de trabajadores. Según datos retomados de esta fuente, entre el tercer trimestre de 2019 y el de 2020 1.300.000 extranjeros abandonaron UK, culminando en la falta de personal en áreas como la hotelería, el campo, y el transporte terrestre. De hecho, el 29% de las empresas dedicadas al rubro del transporte consideran que no se podrán cubrir los puestos de camioneros este año, e incluso que muchos de ellos ni siquiera regresarán al Reino Unido por las reglas de visado postbrexit.

El contexto actual no es ajeno a estas cuestiones. El Reino Unido se encuentra frente a la crisis por el combustible, sumada a la suba del precio del gas a nivel internacional que desencadenó en el cierre de empresas energéticas, la carencia de CO2 que afecta la producción de carnes, y la falta de camioneros que transporten alimentos a las góndolas de supermercados. En esta coyuntura, el  gobierno británico optó por entregar 10.500 visas de trabajo temporales, la mitad de las cuales iban destinadas a los conductores de camiones. Esta medida aparece como una contradicción en las políticas del Primer Ministro Boris Johnson, quien desde el minuto uno promovió el endurecimiento de las normas de inmigración y dejar de depender de mano de obra extranjera (El País 2021, Perfil 2021).

Otra política que anunció el gobierno de turno fue poner a las Fuerzas Armadas a dispensar combustible en las estaciones de servicio. Según el Ministro de Defensa, Ben Wallace, “mientras la situación se estabiliza, nuestras Fuerzas Armadas están ahí para cubrir cualquier vacante crítica y ayudar a mantener al país en movimiento apoyando a la industria” (France 24 2021, Ámbito 2021).

La respuesta de una parte considerable de trabajadores europeos que han abandonado el territorio británico no fue muy favorable ante la alternativa que propusieron los ingleses. En palabras de Edwin Atema, líder sindical y jefe de aplicación e investigación del sindicato FNV que tiene sede en Holanda, “los trabajadores de la Unión Europea con los que hablamos no irán al Reino Unido por una visa temporal para ayudarlos a salir del desastre que ellos mismos crearon” (The Guardian 2021, Diario Transporte 2021).

A modo de resumen, la causa más atribuible a la crisis de combustible y de abastecimiento de alimentos básicos que está sufriendo el Reino Unido es el referéndum de 2016. La salida de UK de la Unión Europea presentó una amplia gama de retos, tanto en lo político, lo económico, lo social y lo cultural.

La suma entre tensiones internas con Escocia e Irlanda del Norte, externas con sus ex vecinos de Europa continental, y las desventajas económicas que acarrea haberse despegado del mercado europeo, producen que hoy en día Boris Johnson se encuentre ante una encrucijada. La salida del bloque no fue gratis y Londres no estaría logrando palear los efectos de la crisis con medidas provisorias y cortoplacistas. Ante un escenario cambiante e incierto, estamos expectantes a ver cómo los británicos se hacen cargo de sus decisiones y enfrentan los desafíos propios del Brexit.




Sobre la autora 

Fiona Wiefling es estudiante avanzada de Ciencia Política UBA y miembro del CEPI-UBA.


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