Córdoba ¿Un tobogán que acaba en el arenero?

Por: Mariano Fraschini

El gobernador Juan Schiaretti triunfó en forma contundente en las elecciones celebradas ayer en la provincia de Córdoba. Con el 54% de los votos se impuso a las dos fórmulas encabezadas por radicales, que quedaron muy lejos del candidato ganador. A 36% de distancia del triunfador, se ubicó el radical macrista Mario Negri, quien había recibido el apoyo presencial de las principales figuras de la Alianza Cambiemos, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Elisa Carrio, y a 44% el radical “puro” Ramón Mestre (h). El de ayer constituye el sexto triunfo consecutivo del peronismo cordobés (“cordobesismo”) desde que en diciembre de 1998 Juan Manuel De la Sota triunfara sobre Ramón Mestre padre. Luego de esa victoria el tándem De la Sota- Schiaretti triunfaron en forma consecutiva a lo largo de estos últimos veinte años.

Con la elección de Córdoba ya son ocho los distritos en donde se votaron cargos provinciales. En cinco fueron Primarias (La Pampa, San Juan, Chubut, Entre Ríos y Santa Fe) y en tres se jugó “por los puntos” (Córdoba, Rio Negro y Neuquén). En una semana será el turno de la elección general en La Pampa, el 2 de junio las urnas volarán a Misiones y San juan y el 9 de ese mes tendrá lugar las megas elecciones de Mendoza (primaria), Chubut, Entre Ríos, Jujuy y Tucumán.  

Volvamos a la elección cordobesa ¿Qué trajo consigo como novedad la votación de ayer?  Como explicamos en una columna anterior, los oficialismos provinciales llevan todas las de ganar cuando desdoblan las elecciones, ya que logran alambrar el territorio y regionalizar la elección. Desde el año 1995, cuando los ejecutivos provinciales comenzaron a despegar el calendario electoral distrital del nacional, las victorias oficialistas (y de los gobernadores en ejercicio) se hicieron recurrente. Para tomar dimensión de lo expresado, la evidencia empírica es sumamente ilustrativa: de las 149 elecciones provinciales desde 1995 a la fecha, los oficialismos logran imponerse en 121, es decir, (regla de tres simple a mano) en el 81,75% de las compulsas.

Desde allí que lo novedoso no se asienta en esta dimensión, sino en otra, más ligada a la coyuntura histórica de este año. Me refiero específicamente a la performance del oficialismo nacional, no sólo en esta elección, sino en la totalidad de las votaciones provinciales. Desde que se abrió el calendario electoral en febrero en la provincia de La Pampa, el macrismo gobernante no detiene su caída. En la mencionada La Pampa, el candidato del PRO perdió en la interna de gobernador con el radical. En Neuquén, Chubut, Rio Negro y Santa Fe, los candidatos del oficialismo nacional quedaron en un muy rezagado tercer lugar, muy lejos de la disputa por la gobernación. En San Juan y Entre Ríos, a pesar de conseguir el segundo puesto, la diferencia con el candidato ganador fue entre el 25 y 35% de distancia. Es decir, si intentáramos realizar una proyección a nivel nacional se trataría de votaciones con guarismos muy pobres. En ese sentido, muy distintos a los que Cambiemos obtuvo en 2015, y sobre todo en 2017 donde alcanzó el 41% a nivel nacional.

Si observamos la “película”, y no la “foto” electoral, tomaremos dimensión del retroceso del partido de gobierno en dichos distritos. Los datos de las elecciones de gobernador de 2015 y de diputados y senadores donde se hayan realizado de 2017 serán la evidencia que tendremos como referencia para dar cuenta de esta caída electoral. La fuente, como siempre, será el Atlas de Andy Tow (https://www.andytow.com/atlas/totalpais/indice.html ). En la Pampa, Cambiemos pasa del 36% de 2015 al 45% de 2017 (a escaso un punto de ganar) al residual resultado de febrero. En Neuquén pasa del 21% de 2015 al 28% de 2017, para culminar con el 15% de este año. En Rio Negro el oficialismo nacional no presenta propuesta como Cambiemos en 2015 y obtiene el 32% en 2017, para pasar a un magro 5% en abril. En San Juan mantiene su porcentaje electoral alrededor del 32% en las tres elecciones analizadas. En Chubut pasa del 14% de 2015, a 31% en 2017, para volver al 15% en abril. En Entre Ríos va del 39% de 2015 (a escasos 3% de ganar) al 53% de 2017, para conquistar el 33% de las primarias de abril. En Santa Fe, de pelear la gobernación y perderla por menos de 2000 votos en 2015, pasa a a ganar con el 38% en las legislativas de 2017 y caer al exiguo 19% de hace dos semanas. En Córdoba la caída es notable: 34% de 2015 (y 73% de Macri en la segunda vuelta del mismo año) al 48% de 2017, a este exiguo 17% (de 28% si sumamos los 11 puntos de Mestre) de ayer.

Debemos aclarar que a pesar de tratarse de elecciones para cargos distintos (ejecutivo provincial en  2015 y 2019 y diputados nacionales en 2017), en algunas provincias Cambiemos repitió como candidato a quien  había encabezado la lista de diputados. En el mismo sentido, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Neuquén, eran consideradas por  el gobierno como provincias “ganables” luego de las victorias legislativas en dichos distritos. Asimismo, la zona centro del país, fue desde 2015 una región en donde los guarismos electorales, y de popularidad presidencial, se mantuvieron, al menos hasta este año, en niveles más que aceptables.  

A tres meses de las PASO, las elecciones provinciales (no las encuestas pre electorales) revelan que los candidatos y candidatas del oficialismo nacional no logran vencer en ninguno de los distritos que hace menos de dos años resultaban ser casilleros “a punto de llenar”, ni logran conseguir números electorales auspiciosos que puedan proyectar a corto plazo un buen desempeño de la fuerza de gobierno. Como la evidencia empírica ilustra, los guarismos electorales de Cambiemos disminuyen sin excepción si los comparamos con las últimas dos elecciones, y sobre todo con la de 2017, es decir, la más cerca en el tiempo.

¿Significan estos resultados provinciales que el presidente no logrará su reelección? Para nada, pero los datos indican que el primer mandatario deberá tomar nota de la existencia de un estado de ánimo distrital que dista muchísimo del que lo acogió dos años atrás, o cuando se presentaba como “lo nuevo” cuatro años ha. El presidente se encuentra ante un escenario tan novedoso, como incierto, tal vez único desde el retorno a la democracia: ir hacia una reelección para nada garantizada y cuestionada desde adentro y fuera del propio espacio político. Restan noventa días para las PASO y Macri, a pesar de ostentar recursos de poder devaluados, continúa teniendo la iniciativa que le provee su cargo para doblegar este contexto incierto. El margen se angosta, y los tiempos parecen acelerarse a una velocidad crucero. Y en el camino los sinsabores provinciales no parecen tener fin.  

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