Coronavirus y dengue en Argentina

OPINIÓN. "No se sabe muy bien qué va a pasar con el SARS-CoV-2 en el futuro, si va a desaparecer como el virus del SARS o si será una enfermedad estacional como la gripe. Lamentablemente, sí se sabe que el número de casos de dengue aumentó un 144% en los últimos 10 años".

Por: Erina Petrera

Cuando nos enteramos de que había aparecido un nuevo virus en China, debido al hacinamiento de animales salvajes y de cría, todos para consumo y en condiciones poco higiénicas, nos alarmamos. La misma alarma sonó años antes cuando aparecieron el SARS, el MERS, la influenza aviar o la porcina, todos virus que pasaron de animales a seres humanos, algo que parece ser bastante frecuente, aunque muchas veces no nos enteremos o no sea un tema que nos preocupe.

En este momento en Argentina estamos lidiando, principalmente, contra dos virus muy distintos, el SARS-CoV-2 y el dengue, aunque no son los únicos. El coronavirus es un virus nuevo que se va conociendo a medida que se extiende por el mundo y al dengue ya lo conocemos desde hace varias temporadas, lamentablemente. El primer caso de coronavirus llegó al país en avión desde Europa, pero ¿de dónde vino el dengue?

A diferencia del SARS-CoV-2, el virus del dengue no se contagia de persona a persona, sino que es transmitido por un vector, el mosquito Aedes aegypti. La necesidad de un vector intermedio es una muy buena noticia ya que sin vector no hay enfermedad. El Aedes aegypti es una especie de mosquito originaria de África que se cree que llegó a América en los barcos que traían esclavos, y evidentemente muchas otras cosas más. En 1940, la Organización Panamericana de la Salud inició un programa de erradicación del mosquito que fue muy efectivo en nuestro país, aunque en 1987 el vector se volvió a detectar en el norte y no está claro si fue reintroducido o nunca se erradicó completamente. Su expansión continuó en los años posteriores y, hoy en día, la especie se encuentra en la mayoría de las provincias argentinas.

El dengue apareció por primera vez en Argentina en el año 1916, afectando a 15.000 personas y recién resurgió en 1997, luego de más de 70 años sin notificaciones. Evidentemente, la erradicación que en esa época se llevó a cabo con el insecticida DDT - que ahora está prohibido por ser peligrosamente tóxico- no habrá sido ecológica pero sí bastante efectiva. En el año 2009 se produjo un brote importante con más de 26.000 casos confirmados. La mayoría de ellos se concentraban en áreas cercanas a las fronteras del norte, en contacto con países vecinos donde el virus es endémico: Paraguay, Brasil y Bolivia. Se cree que el dengue fue introducido al país desde estos países vecinos, siendo primeramente de carácter importado, aunque a partir de 2009 surgieron casos en Buenos Aires, donde se detectó la transmisión local. En 2016, se produjo el mayor brote de dengue del país con 41.207 casos autóctonos y 2.681 casos importados.

Este año, según el reporte del Ministerio de Salud de la Nación, hasta fines de abril se notificaron 52.594 casos sospechosos de dengue, de los cuales fueron confirmados 25.764. Si los comparamos con los casos positivos de COVID-19 hasta la misma fecha, que fueron 4.428, éstos representan sólo el 17% del total de casos de dengue. Sin embargo, las muertes por COVID-19 fueron 218, mientras que sólo hubo 22 muertes por dengue grave. Esto se debe a que el virus del dengue presenta 4 serotipos: DENV-1, 2, 3 y 4, y si bien la enfermedad por dengue puede ser leve y hasta asintomática, igual que la COVID-19, la reinfección con un serotipo distinto puede desencadenar dengue grave y producir la muerte. Los primeros casos de dengue en Argentina fueron de DENV-2 pero hoy en día ya circulan DENV-1, 2 y 4, lo que aumenta la probabilidad de tener una reinfección con otro serotipo y la concomitante aparición de más casos de dengue grave que aumenten la tasa de mortalidad.

Algo que tienen en común ambas enfermedades es que ninguna tiene un tratamiento específico, por lo que la prevención es la mejor opción. Para prevenir el coronavirus es importante el distanciamiento social, el lavado frecuente de manos con agua y jabón y el uso de tapabocas. Para combatir al dengue hay que erradicar el mosquito, pero no se trata de matarlo sino de mejorar las condiciones ambientales para que no pueda reproducirse. Por eso es importante tener en cuenta que la fumigación no es la solución, ya que solo mata al mosquito adulto y no a las larvas y los huevos. Para prevenir hay que descacharrear, sacar todos los recipientes que pueden juntar agua donde los mosquitos ponen los huevos y en invierno, cuando los huevos que están en estado de latencia todavía no eclosionaron. El éxito depende de que trabajemos como una comunidad, así como lo estamos intentando contra el coronavirus, para que no haya zonas de riesgo en la manzana en la que vivimos ya que el mosquito no vuela mucho más lejos. Si nos acostumbramos a descacharrear siempre, el Ae. Aegypti desaparece de nuestro barrio y con él, el virus. Además, aunque el dengue es la virosis más común transmitida por este mosquito, también puede transmitir otros arbovirus como el zika y el chikungunya, que últimamente han adquirido relevancia epidemiológica.

El dengue afecta a toda la sociedad, aunque la carga es mayor en los sectores más pobres donde la infraestructura para el abastecimiento de agua y el desecho de los residuos suele ser inadecuada, con condiciones favorables para la multiplicación del vector. Donde, además, son menos utilizados los métodos de barrera como los repelentes, mosquiteros y demás, debido a su alto costo. A pesar de ser enfermedades muy distintas, pasa lo mismo con la COVID-19, ya que es imposible practicar el distanciamiento social en lugares hacinados o lavarse las manos sin agua potable.

Las políticas públicas deberían contemplar estos hechos para evitar que una parte de la población sea siempre la más vulnerable a estas y a otras enfermedades. La información y educación sanitaria también es una herramienta fundamental para aprender a lidiar con estas enfermedades.

No se sabe muy bien que va a pasar con el SARS-CoV-2 en el futuro, si va a desaparecer como el virus del SARS o si será una enfermedad estacional como la gripe. Lo cierto es que se han registrado más de 4 millones de casos de COVID-19 y cerca de 300000 muertes en todo el mundo y todavía no se sabe hasta cuando seguiremos distanciados por prevención.  

Lamentablemente, sí se sabe que el número de casos de dengue está aumentando, siendo en los últimos 10 años (2010 a 2019) un 144% mayor que en el período anterior (2000 a 2009).

Según datos de la Organización Panamericana de la Salud, en la Región de las Américas, en 2019, se han reportado mas de 1,5 millones de casos con 28169 casos de dengue grave y 1538 muertes.

Hemos intervenido tanto la naturaleza que los cambios que hemos producido pasan desapercibidos ante nuestros ojos. Es momento de reflexionar y de seguir interviniendo, pero con un plan estratégico para que, aunque no recuperemos todo aquello que hemos devastado, logremos sobrevivir como especie.

Sobre la autora 

Es doctora y trabaja en el Laboratorio de Virología, en el Departamento de Química Biológica, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales Universidad de Buenos Aires. Además, es Especialista en comunicación pública de la ciencia y la tecnología. 







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