Coronavirus: ¿preocuparnos u ocuparnos?

Por: Belén Herrero

*Investigadora principal del Área de Relaciones Internacionales de FLACSO (Argentina) e Investigadora del CONICET.


Ante la rápida expansión del nuevo Coronavirus (llamado Covid-19), la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró en enero de 2020 a esta enfermedad como una emergencia de Salud Pública de Preocupación Internacional, frente el temor de que siguiera “extendiéndose fuera de China y llegue a países con sistemas de salud débiles que no están bien preparados para dar respuesta a la propagación de la epidemia”. El Covid-19) ha causado hasta ahora más de 2800 muertes y más de 78.000 casos en China y ya alcanzó a más de 47 países.

Esta es la sexta ocasión en que la OMS declara este tipo de emergencia global, luego de las que activó ante el brote de gripe H1N1 (2009), de Ébola en África Occidental (2014) y en la República Democrática del Congo (2019), de Polio en 2014 y el de virus Zika en 2016.

La rápida expansión de la enfermedad hacia otros países como Italia y España, y el aumento del número de muertes fuera de China (Irán registra 19 casos fatales e Italia 12) está encendiendo alarmas y mucha preocupación en la población mundial.

No obstante la elevada transmisibilidad, es importante tener en cuenta la baja tasa de letalidad de esta enfermedad: entre el 2 y el 4% en Wuhan, y de alrededor del 0,7% fuera de esta localidad. Incluso, el Covid-19 tiene una mortalidad más baja que otros coronavirus antes registrados, entre ellos el SARS y el MERS.

A través de un estudio, el más extenso que se ha realizado hasta ahora,el Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades (CCDC) indica que el virus se manifestó de una forma leve en más del 80% de los casos, mientras que solamente el 13,8% de los infectados se enfermó gravemente, y el 4,7% fue tipificado como caso crítico. De estos, sólo en el 2% de los casos reportados la infección ha sido fatal, debiendo destacar que el riesgo de muerte aumenta a medida que  se incrementa la edad de las personas infectadas. El estudio señala en efecto que las personas que tienen más de 80 años son las que corren mayor peligro, con un 14,8% de la tasa de mortalidad.Entre quienes tienen 70 y 79 años, la tasa de mortalidad es de un 8%, mientras que en las personas entre 60 y 69 años es de un 3,6%. Por su parte, los jóvenes corren mucho menos riesgo y los niños de hasta 9 años que han sido contagiados apenas se vieron afectados por el virus (no se registran muertos en este grupo etario).


El Covid-19 en América Latina: preocuparnos u ocuparnos, esa es la cuestión

En Suramérica hasta el momento hay un solo caso del coronavirus registrado hace unos días en Brasil. En Argentina, donde aún no hay casos confirmados, no tiene vuelos directos desde China (es decir que todas las personas provenientes de ese país, han pasado por otro aeropuerto que también tiene controles); no obstante, ya ha activado los mecanismos de vigilancia. Por otro lado,el verano en la región podría facilitar el escenario frente a ciertos virus respiratorios que tienen una marcada estacionalidad.

Ante este panorama entonces, la pregunta que debemos hacer es cuánto debemos preocuparnos y cuánto ocuparnos. Sin dudas, el Coronavirus es un tema que debe ser atendido y del cual debemos ocuparnos,pero una preocupación desmedida puede eclipsar la situación frente a otros temas de salud, urgentes en muchos países de la región (incluyendo Argentina) y que revisten mayor gravedad. Tal es el caso por ejemplo del dengue y el sarampión, entre otras enfermedades que no solo persisten sino que han aumentado en los últimos años, como la sífilis congénita y la tuberculosis. En relación con el sarampión, por ejemplo, en 2018 se registró un  incremento del 300% de casos en el mundo. En Argentina se registraron 144 casos (el último caso endémico había sido en 2000) y un fallecimiento (el último fue en 1998).En Brasil hubo un brote de 15 mil casos y 18 muertes por esta enfermedad. Con respecto al dengue, en 2019 Brasil notificó el mayor número de casos de su historia alcanzando un total de 2.200.000 infectados y 782 muertes; Paraguay, por su parte, notificó 11.800 enfermos y 6 víctimas mortalesen 2019, y en Argentina se registró recientemente el primer fallecido por dengue desde 2016, esperando el mayor pico de la enfermedad entre febrero y marzo.

Podríamos hablar también de la tuberculosis, novena causa de muerte en el mundo y la primera causa de muerte por enfermedades infecciosas que, solo en Argentina, ocasiona más de 750 muertes al año y casi 10000 casos; o de la sífilis congénita cuyos casos, lejos de la meta de la eliminación en la región de América Latina, están en aumento. Esto da cuenta de una situación de gran relevancia y preocupación en nuestra región frente a enfermedades que no debieran persistir, y para los que contamos con vacunas, métodos de diagnóstico rápido, y/o tratamientos efectivos (según la enfermedad), y que en muchos casos, afectan sobre todo a las poblaciones socialmente más vulneradas.

La justa y debida ocupación frente al Coronavirus nos puede dar las herramientas necesarias para estar preparados, pero la preocupación desmedida puede nublar nuestra mirada, distrayendo nuestra atención de otros temas de salud que son urgentes y que debieran suscitar por lo tanto el mismo o mayor signo de alarma en los países de la región. Y este punto no es menor, puesto de lo que se trata, es de darle a cada tema el lugar que le corresponde y requiere en la agenda sanitaria, en función de las necesidades de salud de sus pueblos.

Este mundo cada vez más globalizado e interconectado, nos muestra que las enfermedades no conocen fronteras y que hay temas de salud urgentes que deben ser abordados de manera conjunta. Así, el Covid-19 nos da la oportunidad de reflexionar en torno a dos cuestiones. En primer lugar, la necesidad de concebir a la cooperación internacional en salud en tanto herramienta epidemiológica fundamental. Y en segundo lugar, la necesidad de una mirada crítica del campo de la cooperación internacional en salud.


El Covid-19: un tema de cooperación internacional

El nuevo Coronavirus o Covid-19 nos muestra –una vez más- que la salud, entendida en su concepción social más amplia, es en la actualidad un objetivo internacional incuestionable y que la globalización ha dado lugar a un fuerte impulso hacia una mayor internacionalización en este terreno.

La salud como asunto internacional y la cooperación internacional en salud implican la concurrencia de una compleja red de sistemas privados y estatales, de organismos internacionales, determinantes sociales, y factores inherentes a la economía, la producción, los mercados y los servicios.En este sentido, constituyen una parte integral del campo de las relaciones internacionales que exige, por lo tanto, una acción internacional desde una perspectiva multidimensional.

En un contexto en el que la salud internacional está adquiriendo cada vez más importancia, y está ocupando espacios cada vez más notorios en la agenda de la política exterior a nivel mundial, dando cuenta del impacto de la globalización en el campo de la salud, es claro que el control de esta epidemia no puede depender únicamente de lo que pueda implementar un solo país en forma aislada. Es por ello que, en este caso, la capacidad de respuesta que tenga cada uno de los países involucrados es fundamental para el control de la enfermedad, no solo hacia el interior de cada uno de ellos, sino en conjunto y de manera coordinada, en vez de recurrir a medidas individuales y cortoplacistas

Esto implica la necesidad de discutir las acciones y enfoques de la cooperación internacional, dado que el Covid-19 -como toda epidemia, endemia o pandemia- deja entrever las limitaciones de las intervenciones focalizadas para dar respuesta, no solo a de enfermedades específicas, sino también a las necesidades de salud de nuestros pueblos (las de siempre y las nuevas).

La necesidad de la acción coordinada de los países, esto es, de la cooperación internacional entre los gobiernos para combatir la epidemia de manera eficaz, pone a su vez sobre la mesa la segunda cuestión a reflexionar: la necesidad de una mirada crítica del campo de la cooperación internacional en salud.


¿Qué cooperación internacional en salud?

Concebir a la cooperación internacional como herramienta epidemiológica, nos lleva a la necesidad de discutir qué tipo de cooperación en salud es más eficaz y eficiente para hacer frente a los temas de salud que afectan a nuestros pueblos. Esto interpela a la ayuda oficial al desarrollo y a las modalidades de la cooperación internacional, lo que nos llevasin dudas a un terreno complejo y controversial. Los recursos con los que cuentan nuestros países para el abordaje de estas enfermedades y los fondos que destina la cooperación internacional en salud son solo la punta del iceberg de la cuestión (la OMS solo para el Covid-19 pidió 675 millones de dólares para financiar su plan de lucha y la Fundación Bill y Melinda Gates realizó una donación de 100 millones de dólares). De lo que se trata es de discutir en qué se invierte, cómo y cuál es el margen de acción de los Estados. Y esto, solo para empezar.

En salud este no es un debate nuevo. Durante el período de la Guerra Fría el campo de la salud internacional y la cooperación en salud también sufrieron las tensiones y rivalidades políticas e ideológicas de los dos bloques más importantes de aquel entonces. Dos enfoques de salud en permanente tensión caracterizaron esta etapa: uno basado en los abordajes sociales y económicos que determinan la salud de la población y el otro más enfocado en las tecnologías y las enfermedades. Ambos enfoques se sostuvieron a lo largo del tiempo con distinto énfasis de uno o de otro, dependiendo de las relaciones de fuerza de los países y de los intereses de los actores internacionales. El primero propiciaba principalmente intervenciones de tipo horizontal a través de  políticas sociales y políticas de salud integradas. El segundo, sobre todo a partir de los años 80, se inclinaba hacia la implementación de intervenciones técnicas, de bajo costo y a escala reducida,  limitando su agenda a metas específicas y programas focalizados. Con la caída de la Unión Soviética, el segundo de los enfoques cobra hegemonía. De esta forma, la cooperación internacional en salud quedó desplazada, a través de programas verticales y focalizados, orientada a enfermedades específicas y a intervenciones tecnológicas y de productos (nuevos medicamentos y vacunas, nuevos equipos), al tiempo que retrocedía la cooperación sur-sur y con ello se debilitaba considerablemente el apoyo para el fortalecimiento de los sistemas de salud.

Sin embargo, la salud no es una mera ausencia de tal o cual enfermedad, sino que es un proceso mucho más complejo, determinado por múltiples dimensiones, donde las condiciones de vida y el acceso a los servicios de salud tienen un lugar central. Es por ello que el abordaje de estos temas de salud, requieren de respuestas sostenidas que contemplen el contexto social y donde la capacidad de respuesta del sistema sanitario, la eficacia de sus sistemas de información, los recursos destinados a este sector,la capacidad de acceso de la población (que no puede estar sujeta a su capacidad de pago) y, sobre todo, de la presencia efectiva del Estado como principal garante, son elementos centrales. De hecho, el fortalecimiento de los sistemas públicos de salud y la universalidad del acceso son la piedra angular para hacer frente a los distintos problemas de salud (el Coronavirus es uno). La cooperación internacional del tipo norte-sur en salud, ha mostrado que desde un enfoque vertical y focalizado, puede ser efectiva en el corto plazo, pero no ofrece respuestas estructurales, integrales y sustentables.

La cooperación sur-sur ofrece herramientas a través de estrategias más orientadas al intercambio de buenas prácticas en relación con los sistemas y los servicios y las experiencias en prevención, promoción y cuidado de la salud, como asimismo hacia el fortalecimiento institucional, robusteciendo el rol protagónico del Estado y ampliando el acceso a los servicios de atención de la salud desde el ámbito público. La cooperación sur-sur en salud en América Latina, sobre todo en las últimas décadas, ha buscado encauzarse hacia abordajes más horizontales y transversales, mostrando ser un canal de consensos en materia de salud, al tomar distancia de las políticas verticales de oferentes y receptores de la cooperación tradicional.Nuestra región tiene una larga historia ligada a la salud como asunto internacional y a la cooperación internacional en salud y, en las últimas décadas, se han dado procesos interesantes en este escenario y avances en torno a la definición de nuevos lineamientos de las políticas de salud.

América Latina no está aislada del escenario internacional al que pertenece y, por lo tanto, debe atender a estas cuestiones de salud y desarrollar todos los mecanismos de alerta, pero sin descuidar los temas urgentes que afectan a nuestros pueblos. Esta región continúa siendo la región más desigual del mundo y con problemas de salud que no debieran persistir, lo que sin dudas debe reflejarse en la agenda de salud que se discuta en nuestra región.

El Coronavirus nos demuestra entonces que el debate en torno a qué agenda de salud necesita nuestra región y de qué herramientas dispone en base a sus problemáticas específicas y capacidades propias aún está abierto. La cooperación internacional, y en particular la cooperación sur-sur puede ser una potente herramienta epidemiológica, y está a la espera de que los países del sur avancen en la generación de espacios propicios para la discusión, la reflexión y la acción. De lo que se trata entonces es de ocuparnos

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