Coparticipación: equidad y territorios en disputa

El anuncio del Presidente sobre la modificación del porcentaje de coparticipación que recibe la Ciudad de Buenos Aires reavivó antiguas luchas territoriales y viejas preguntas. Coparticipación: ¿por qué y para qué?


No cabe duda que para los habitantes de CABA la palabra coparticipación no suena igual que para quienes vivimos en cualquiera de las provincias argentinas. Es probable que en Buenos Aires  la mayoría ni siquiera  sepa que significa exactamente, y mucho menos conozca los índices de su ciudad comparada con las demás provincias.

Diferente es la situación en las provincias, sobre todo en aquellas alejadas de la zona centro del país, apodada “chetoslovaquia” por los millenials. Los habitantes de las provincias y municipios alejados del eje central sabemos perfectamente que significa “coparticipación”. Especialmente lo saben los intendentes y jefes comunales de pequeñas localidades, a quienes les toca administrar la cosa pública en lugares que muy pocos conocen.

Opiniones conservadoras como “son los que gastan lo que producen las zonas ricas” hieren lo más profundo de nuestras creencias democráticas: la equidad, la igualdad de oportunidades, el federalismo, las bases de la Argentina como Nación.

La Argentina del siglo XIX no tenía impuestos coparticipables, se financiaba con lo que recaudaba en conceptos aduaneros y algunos impuestos de los territorios nacionales. Así y todo, ya estaba endeudada en Londres. Y muchas de las que hoy son provincias, no lo fueron hasta la década del 50 del siglo XX, lo que visibilizó diferencias, identidades y posibilidades.


Mirarse el ombligo

“Qué es eso de coparticipar, que produzcan como producimos nosotros” (escuchado en una FM de CABA)

¿Por qué no dar una mirada, antes de opinar, a la desigual distribución de los recursos naturales en el territorio? No es casual que las zonas más productivas se encuentren en el centro del país, además de disponer de inmejorables recursos naturales , están mejor comunicadas con carreteras, puertos, vías férreas, infraestructura eléctrica, abastecimiento de gas natural, conectividad.

Una provincia cordillerana, por ejemplo, que tiene solo el 17% de su superficie productiva, no puede nunca estar en pie de igualdad con las provincias centrales. Y hablando de condiciones naturales,  aún dentro de la misma provincia, tampoco es pareja la aptitud de los suelos, las posibilidades de acceso al agua, los servicios ambientales que cada lugar provee.

No se trata simplemente de producir, sino tener las condiciones necesarias para ello. Muy bien lo sabemos las provincias del NEA, que aún no se dispone de red de gas en la mayoría de las localidades por lo que las inversiones realizadas permitirán mejorar la competitividad de la industria.


Redistribuir, esa palabra…

“Por qué tienen que recibir plata del fondo sojero, si no siembran soja ni en una maceta” (escuchado en una FM de una provincia del norte).

El Fondo Federal Solidario, se creó  por Decreto 206/2009 del Poder Ejecutivo Nacional con la finalidad de financiar, en provincias y municipios, obras que contribuyan a la mejora de la infraestructura, con expresa prohibición de utilizar las sumas que lo compongan para financiar gastos corrientes.

En ese momento el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires adhirió a este fondo y hasta agosto de 2018 recibió en forma diaria y automática la parte proporcional que le correspondía por coparticipación. En ese momento los cuestionamientos fueron especialmente hacia CABA que defendió el derecho a percibir los fondos, según los coeficientes que establece la Ley Nº 23.548 y sus modificatorias.

También en el 2009 el Gobierno Nacional pensó en redistribuir los beneficios que se generaban por una circunstancia especial, una renta extraordinaria que fue compartida con todo el país.


Discutir el futuro

Cuando se trata la coparticipación salen a la luz los mismos discursos, las viejas grietas de nuestra sociedad desde hace dos siglos. Ya no somos unitarios y federales, sino un territorio en disputa por la equidad e inclusión plena.

En el gobierno se vuelve a mirar hacia el interior y las estructuras de poder  se sacuden. ¿Qué pasará? ¿Nos igualarán a un monto por habitante? ¿Qué propondrán nuestros representantes?

No somos todos iguales, ni necesitamos todos lo mismo. ¿Podremos por fin continuar con una política de desarrollo que abarque las múltiples realidades territoriales?

Sabemos que este presidente no nos catalogará como provincias “inviables”. Lo ha demostrado con sus acciones, más que con sus palabras. Es el jefe del gobierno nacional y esa es su responsabilidad. Gobernar para todos y hacer posible el crecimiento armónico, significa asignar los recursos necesarios para ello.

Sin presupuesto, no hay política pública que pueda tener éxito. Lo tenemos claro.

Diarios Argentinos