Conflicto entre ellos

Por: Horacio Lenz

Los últimos acontecimientos políticos entre Europa y EEUU son de conflicto y desconfianza, según declaración pública de la canciller alemana Ángela Merkel. Luego de participar como aliados en el último ataque militar conjunto sobre Siria, los líderes de Europa no acompañaron la política del presidente Donald Trump de romper el Acuerdo 5+1 con Irán, que limitaba el desarrollo nuclear del país persa.

Esta discrepancia suscitó una escalada de la que va a costar volver. Los europeos, luego de formar parte a la mesa de negociación con los iraníes que culminó en abril del 2015, comenzaron a recomponer las relaciones políticas con los asiáticos y desarrollaron de inmediato una estrategia de inversiones en los sectores automotriz y energético. Empresas de Francia y Alemania se instalaron en el país de los Ayatola “hundiendo fierros” y ahora, con las razones puestas en sus intereses, rechazan la decisión del gobierno americano que propone sancionar a las compañías que inviertan en Irán. De tal modo, demandan a sus gobiernos para que instrumenten los medios que contrarresten cualquier castigo. En este tema, Gran Bretaña está junto a las potencias europeas.

“La UE tiene que volver a su soberanía económica”, dijo el derechista -además de proteccionista- ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire. Para más datos, él mismo, como ministro de Agricultura del gobierno de Nicolás Sarkozy, fue un impulsor determinante para sacar - junto a 13 integrantes del Este de la comunidad- de los acuerdos Mercosur-UE las cuestiones agrícolas. Sus posiciones proteccionistas son por demás conocidas, además de ser compartidas con el ministro de Finanzas de Alemania, Olaf Scholz (SPD, socialdemócrata).

En ese marco de discrepancia se puede entender la visita de la canciller alemana Ángela Merkel a la ciudad rusa de Sochi, para entrevistarse con el presidente Vladimir Putin y acordar que el gasoducto a Europa Occidental que entra por Alemania pase por el Mar Báltico y no por Polonia. Además, está por estos días de visita en Beijing desarrollando una agenda comercial. ¿Estará en esta agenda la nueva ruta de la seda?

De este modo los alemanes se ponen en el lugar de balance entre el Este y Oeste de Europa, siempre tratando de no ser parte de un centro fuerte, que fue el que generó las últimas dos grandes guerras europeas. Ahora bien, esto es parte de la arquitectura europea y del movimiento de las tres potencias continentales más importantes con respecto a los conflictos extrarregionales. Pero en el viejo continente también conviven con un conjunto de conflictos internos de carácter electoral, sistémicos y de saturación de confianzas.

Dentro de la UE, la cuestión del Brexit es un tema al que los líderes políticos en general no le encontraron los instrumentos para llevar adelante los resultados de la consulta vinculante que llevó adelante el ex primer ministro David Cameron. Pareciera que la actual premier británica, Theresa May, hace todo de modo tan lento que no puede disimular su desacuerdo con los resultados de la consulta popular. No es para menos: Europa es para los británicos el 40% de sus exportaciones y el Commonwealth tan solo el 8%. El debate sobre la integración continental chocó con el conservador “modo de vida Británico”.

Este conflicto se manifestó electoralmente y expresiones políticas separatistas de Europa surgieron también en las tierras británicas, más específicamente en el electorado de la campiña inglesa, aunque no se trasladó a las grandes ciudades.

No estuvieron lejos de este perfil las elecciones generales de Francia, que consagraron a Emmanuel Macron como presidente de la V República. El joven dirigente galo tuvo que lidiar con la “nacionalista edulcorada” Marie Le Pen en el último ballotage electoral, quien representaba un electorado que demanda protección económica y una vuelta a las tradiciones. Le Pen proponía un cambio drástico de la política económica, monetaria y comercial de Francia, y en tal sentido no olvidó la vieja bandera de su partido contra los inmigrantes y el islamismo.

La situación alemana no es muy diferente a las anteriores. En el ordenado país germánico, surgieron en el tablero político expresiones de carácter nacionalista y xenófobo que combinan racismo, proteccionismo económico con nacionalismo, y liberalismo económico con vuelta al marco alemán como moneda. Esta expresión política que electoralmente se organiza en el AfD tiene un caudal electoral de no menos del 17% de los votos, sin contar que gobiernan estados federales del este, fronterizos con Polonia.

En Italia la discordia interna sobre la visión de Europa y dentro de la política peninsular no es menos favorables que la del resto. El sistema político italiano se viene descomponiendo desde hace más de 25 años con la aparición del denominado movimiento “maní pulite”, que demandaba mayor transparencia. Luego de ese proceso, la política italiana derivó en inestabilidad general con algunos ciclos cortos de ordenamiento.

Esta falta de horizonte perjudicó la economía y por consiguiente la calidad de vida de los italianos. El sistema de representación se fue resquebrajando y nos encontramos hoy que los que pueden formar gobierno son dos agrupaciones contestatarias de ideología simplista: tanto el Movimiento 5 Estrellas como la Liga Norte son expresiones del antisistema político donde se mezclan la xenofobia con soluciones lineales sin orden político, alejadas de Europa y que despiertan desconfianza manifiesta de los sectores industrial, productivo y gremial.

A este cóctel habría que agregarle las preocupaciones que el escenario genera en los tenedores de bonos que ven a Italia entre los países de peor performance dentro de la UE, por su deuda pública y su riesgo financiero. Para ahondar más la incertidumbre, el candidato propuesto por las agrupaciones que están intentando formar gobierno es un docente, académico y sin experiencia política: Giuseppe Conte.

Como se observa, Europa tiene conflictos de diferentes distancias: con los EEUU por la política comercial; con Eurasia por la dependencia energética de Rusia; con el mundo árabe por las migraciones forzadas que llegan al continente desempolvando comportamientos racistas colectivos; y en lo interno entre los que proponen la desarticulación de la unidad continental en lo monetario, fiscal y comercial, y los que apuestan en lo estratégico a una Europa federal.

Esta vuelta de página tendrá invariablemente un resultado político que aún no está dimensionado. En el mundo de la posglobalización financiera, hacia una globalización de los Estados nacionales, el viejo continente tendrá que volver a los modernos preceptos de los viejos líderes, además de padres fundadores de la Europa actual: Jean Monnet, Robert Schumann, Alcide De Gásperi y Konrad Adenauer, quienes pregonaban la unidad de las naciones europeas en un marco federal para que reine la paz, el bienestar y un destino común.

Rouvier