Compromisos y decálogos

Por: Carlos Leyba

Moisés recibió de Dios el Decálogo. Cuando bajó del Monte Sinaí, con las Tablas de la Ley, encontró a su pueblo adorando el becerro de oro. El rumbo perdido. Con el perdón, la reconciliación que sucedió a la indignación, se selló la Alianza basada en los Diez Mandamientos que la gobiernan y la alimentan. La Alianza implica o es, el compromiso con el decálogo.

En la presentación de “Sinceramente” de Cristina Kirchner agregó no ya un decálogo, como los de Sergio Massa, Mauricio Macri y Roberto Lavagna – en ese orden - sino la propuesta de construir un “Contrato Social Ciudadano”. Tenemos ahora cuatro propuestas con nombre diferente, con contenido diverso y una coincidencia “propositiva”: consenso.

La coincidencia, si es sincera, revela la consciencia de una necesidad. Los momentos más ricos de la historia son aquellos en que lo necesario es posible. Sin duda “el consenso” es hoy más necesario que nunca. Lo que no sabemos si hoy es posible: ahora lo proponen los dos que, de cada lado, han estado cavando la grieta.

La clave es que si bien la necesidad de consenso no es una novedad, el hecho que esa necesidad se arrastra desde largo, el sólo transcurso del tiempo de como en toda necesidad no satisfecha, genera una “necesidad acumulada”. El no satisfacerla deriva en un abismo societal.

Néstor y Cristina generaron una grieta enorme, el tiempo acumulado la expandió. Puentes se comenzaron a construir, aunque parezca insólito a esta altura, con el pequeño triunfo de Cambiemos en 2015. Fue la derrota electoral de los cultivadores inciales de la grieta (entre otros de ese lado, CFK, Anibal Fernandez, Carlos Zannini, Axel Kicillof).

Por su parte, la integración de Cambiemos incluía a peronistas del gobierno de Carlos Menem (Rogelio Frigerio), a gente de la Alianza (Federico Sturzenegger a quien Carlos Chacho Alvarez admiraba), a peronistas de la gestión de Eduardo Duhalde (Eduardo Amadeo, Alfonso Prat Gay), a todo el radicalismo, a Elisa Carrió, conservadores, Ceo´s y liberales tradicionales: un popurri del cansancio que incluía el hartazgo de una gran parte de la sociedad ante el silencio del poder público frente a  la evidencia cotidiana de actos de corrupción.

La realidad es que los derrotados electoralmente, desde el poder - como mínimo - hacian silencio ante las evidencias de las fortunas generadas por el cohecho y en muchos casos, era la autoprotección de los actores.

Cambiemos, más allá que algunos de sus miembros encumbrados no eran precisamente ejemplos históricos de honestidad, representó para la sociedad, para los votantes de a pie, la mayorìa, la voluntad polìtica de terminar con el cohecho – que destruye las prioridades – y con procurar “la unidad de los argentinos” más allá de las diferentes visiones del presente, del pasado y del futuro.  

Más allá de estas cuestiones, la convergencia - de esos grupos de Cambiemos – estaba basada en una idea de la economía centrada en la sabiduría del mercado, la apertura sin consideraciones, el rechazo al peso del sindicalismo, la valoración extrema de la racionalidad de la tasa de interés, etc.

La sociedad sumó voluntades contra la corrupción, contra la grieta, y mínimamente por la componente ideológica de Cambiemos dominada por el PRO. Aclaremos que no toda la cúpula de los triunfadores no podía exhibir ejemplariedad histórica pegada a las fortunas realizadas en el campo privado.

Macri abandonó desde el primer día la idea de la unidad que necesariamente pasa por el Consenso. Jugó al limite con la cuestión de la corrupción para mantener esa causa y a CFK como el adversario conveniente; y además fracasó en toda la línea en materia económica: sus ideas no resolvieron los problemas heredados e hicieron crecer la inflación y derrumbar la economía, el empleo y las condiciones de vida.

Como consecuencia de ello, aquella unidad de lo diverso se ha comenzado a resquebrajar: los mejores de sus hombres los han abandonado y los grupos polìticos que conforman Cambiemos están pensando cómo emigrar.

Esa, seguramente, es la primera razón de la invitación de Macri al Consenso: el consenso interior. La segunda razón era aislar a CFK ante la posibilidad que la otra oposición se acercara a firmar ese acuerdo; y la tercera, hacer que la división de la oposición garantizara una segunda vuelta entre CFK y Mauricio.

Sergio Massa ya había caminado hace largo rato la idea de Consenso al igual que Roberto Lavagna. Y ahora la han encaminado Mauricio y Cristina. La primera diferencia es que la única que no es “candidato” por ahora es CFK. Los otros tres lo son y la propuesta, entonces, es la sugerencia de un contrato de adhesión.

CFK tiró un título, pero hizo algo más que complica el debate entre los otros “peronistas”. Recordemos que Perón, en Italia antes de llegar al país, dijo “peronistas somos todos”.

Y hoy – por el desconocimiento básico del legado de Perón, de su testamento político y económico – podemos decir, mirado desde la ventana, que peronista del Perón de la última etapa, no hay ninguno en carrera. Ninguno lo reivindica.Veamos.

CFK ha repasado en voz alta sus memorias, sus sentimientos, y ha propuesto un título a su consenso. Pero ha ido mucho más allá. No ha realizado una exploración del futuro sino que ha buscado una llave de paso hacia el futuro, en el pasado. No en el pasado de sus convicciones, sí en el pasado de la historia nacional.

Ni Néstor ni Cristina jamás reivindicaron ni la figura, ni la doctrina expresada en el testamento político de Juan Perón. Mientras Perón vivía ambos militaron en las manifestaciones por la vuelta de Perón. Pero cuando Perón llegó tal cuál era, y no en el envase en que los jovenes de la JP lo querían encapsular, los jóvenes Kirchner – como muchos otros – empezaron a hablar del “viejo” como una marca que había que conducir. No todos, pero muchos de los dirigentes juveniles más aguerridos de la JP, de la Tendencia y de Montoneros, habían nacido en hogares antiperonistas, hogares medianamente polítizados. El clima de época hizo de la primera clase media acomodada, una granja de jóvenes guerrilleros, violentos, autoritarios, partidarios del socialismo nacional. Perón volvía para lo contrario: “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”.

Después de despedir con cajas destempladas a Héctor Cámpora, copado por la JP, Perón tuvo un triunfo electoral arrasador. Ricardo Grassi, director de “El descamisado” relató las razones por las que Mario Firmenich, el “estúpido e imberbe” según Perón en la Plaza de Mayo, consideraba una “operación” el asesinato de Jose Rucci: tirarle ese muerto a Perón era “recordarle” que Montoneros conducía el proceso y que ellos lo habían traído al país. Le hicieron mucho daño al programa de Perón porque Rucci era un pilar fundamental de la unidad de la clase trabajadora con aquel proyecto. Despues del asesinato las cosas no fueron igual.

Pero lo que quedó claro que el peronismo de la JP y de Montoneros, etc., no era el peronismo de Perón, sino la usurpación de una marca.

Desde entonces la usurpación se realizó con Menem y siguió con los K. Cuando “las cosas fueron bien” quisieron liberarse del nombre, pero no de la foto de Perón y Eva en la boleta. Redujeron el peronismo a una marca consagrada electoral vacía de programa.

Néstor y Cristina, cuando Mario Das Neves gana la gobernación de Chubut, asisten a la asunción del cargo. Los asistentes cantan a voz en cuello dos veces la Marcha Peronista. Todos pudimos observar la indignación, el gesto de molestia ante la reiteración de los símbolos. El punto final es el día en que Antonio Cafiero le pide a la Presidente Fernández de Kichner recursos para el monumento a Perón y ella le dice “para ese viejo de mierda nada”. Cafiero volvió, al auto que lo esperaba, con lágrimas en los ojos. Hay testigos vivos.

En la Feria del Libro, CFK no sólo habló del Consenso sino que, no habiendo mencionado jamás en toda su carrera política al Pacto Social del 73, habló de José Gelbard, como el gran dirigente empresario que lo fue, pero no mencionó a Rucci,  asesinado por aquellos que ella llama la Juventud Maravillosa, sin el cuál ese Pacto no hubiera sido posible.

Si ella hubiera leído ese documento sabría que había sido la consecuencia de las Coincidencias Programáticas, que no fueron un pacto corporativo, sino el consenso de todos los partidos democráticos, con la exclusión del extremismo liberal, el militarismo en el poder y la Tendencia, la JP, la guerrilla.

Héctor Cámpora fue obligado a nombrarlo ministro a Gelbard y ninguno de sus funcionarios asistiò a la firma del Pacto Social.

Cámpora estaba alineado con la Tendencia. Creía que construiría un “poder alternativo” a Perón. El Pacto Social tuvo en los Montoneros, la JP y Cámpora, los principales adversarios: mataron a Rucci, desafiaron a Perón, provocaron a las bases sindicales, mientras estuvo Cámpora hostigaban al Ministro hasta en los pasillos del ministerio.

Fue muy astuto de parte de Cristina “hacerse peronista” vía la menciòn a Gelbard, dejando a los otros candidatos sin esa bandera programática.

El Pacto social no fue ni un éxito ni un fracaso porque se interumpió en la mitad del río. Pero el Informe de revisión del FMI de diciembre de 1974 – documento dificilmente asociable a las ideas del Pacto Social – dice palabras mas palabras menos, “el Pacto social fue un éxito” en la lucha contra la inflación, el crecimiento, el balance de pagos y la redistribuciòn de los ingresos. Apunta las fallas fiscales y dice, en 1975 estarán en marcha el IVA y nuevos proyectos impositivos que resolverán el problema. Entonces el gasto público representaba el 20% del PBI.

Leer en clave estratégica “La hora del Pueblo”, “Las Coincidencias Programáticas”, El Pacto Social, El Plan Trienal sería muy estimulante para pensar el futuro. Nada se puede repetir. Pero la historia enseña. Y estos 45 años en que nos hemos instalado en la pendiente de la decadencia deberían ser una lección de humildad para los que repiten eslogan. Lamentablemente la menciòn de CFK no es más que un eslogan. Ninguna convicción hay en esas palabras. De lo contrario entre 2003 y 2015 algo, en esa dirección, podrían haber hecho y por cierto no lo hicieron. Tarde piaste.  

Ahora bien detrás de esta referencia histórica y finalmente sólo ejempificadora, esta la cuestiòn del Conseno y de la idea de Alianza con la que empezamos esta nota.

Adela Cortina , reflexionó sobre Alianza y Contrato. La Alianza supone que para poder decir “yo”, hubo previamente que poder decir “tu”. La identidad requiere el reconocimiento del otro. El Contrato es base de la sociedad política, la Alianza la de la sociedad civil, la comunidad.

Felipe Gonzalez político, conferencista  y acreditado lobbista internacional, dijo que “el estado de ánimo es peor que la crisis” y agregó “No es verdad que sea la ira de 2001, es la desesperanza de 2019”.  No se trata sólo de la ausencia de Contrato, sino del riesgo de la Alianza, de la vida en común. “La tristeza y el enojo dominan el estado de ánimo del 69% de los encuestados”  

Si la “desesperanza” es peor que “la ira”, debemos ocuparnos de la reconstrucción de la esperanza, del ánimo de la vida en común. Cultivar el Encuentro (Francisco) en lugar de la grieta (Marcos Peña y J.Durán Barba)

La desesperanza es hija de la ausencia de proyecto. La falta de proyecto es la madre de la depresión, (Viktor Frankl). Lo mismo ocurre en las sociedades. Los argentinos  necesitamos reconstruir la Alianza (el reconocimiento del otro) para dar lugar a la esperanza colectiva.

El proyecto requiere Concertación (ceder para hacer cierto), Acuerdo (el ánimo en común), para lograr un Contrato (las claúsulas) y un Pacto (el compromiso). Conversión y acción de los dirigentes para una Alianza que sustente la esperanza y un proyecto de vida en común. Alentar la grieta erosiona los vestigios de la Alianza e impide la vida en común: invita a la violencia.

No vale la pena inventariar los enormes  riesgos, las amenazas, que nos interpelan. El rosario de calamidades es de rezo cotidiano. Todos lo vivimos: pobreza, estancamiento de largo plazo, inflación descontrolada, desempleo masivo, debilidad del Estado, corrupción, inseguridad, denegación de justicia,etc. Vale la pena el esfuerzo conjunto para redescubrir nuestras posibilidades y las dificiles y complejas tareas que debemos realizar para lograr el desarrollo posible.

Eso requiere primero que quienes se ofrecen como líderes recuperen la misión pedagógica. La política es pedagogia. Una función de la política es  iluminar el horizonte necesario y posible; y planificar, describir y encabezar y administrar, el trayecto hacia ese horizonte que es destino y utopía porque a medida que avanzamos se desplaza.

Por eso la pedagogía es una función permanente de la política. Nadie llega si no sabe donde va.

Las encuestas han contribuido a generar un “liderazgo inverso” que es el que practican los que adoptan como guía lo que las encuestas revelan del deseo de la opinión pública. Frases del tipo “hay que ponerle dinero en el bolsillo a la gente” responden a ese concepto “invertido de la politica”.

Los deseos, según las encuestas, se convierten en “programas” de lìderes invertidos. Con ese modo  se cultiva la desesperanza porque los “resultados” no son un programa. Usándolos como propuesta, no se está en camino a alcanzarlos. En lugar de pensar para proponer,los lìderes inversos, encuestan.

Los desastrozos resultados del PRO son una comprobación que “el gobierno por encuestas” (M.Peña, J.Durán B) fracasa. “El 40% de quienes votaron por Cambiemos en 2015 se siente decepcionado”  

En esta zona de desesperanza y altos riesgos, han bajado tres decálogos. Ninguno de ellos es fruto de una Concertación y  ninguno conforma propuestas programáticas. Sólo objetivos generales que no pueden superar la prueba ácida. Toda “concertación” requiere que lo concertado implique la posibilidad lógica de decir “no estoy de acuerdo”. Por ejemplo ¿cómo haría alguien para decir “no” al desarrollo, al empleo, a la estabilidad, al equilibrio fiscal o externo? Si el disenso carece de lógica no tiene lógica el Consenso. Es la “rétorica” de un Acuerdo. No es productivo un Consenso de lo obvio.

Decálogos sin herramientas, son “desesperanzadores” por ausencia de “materialidad”. La pedagogía política es señalar un camino transitable hacia un objetivo concreto.

Los tres decálogos - Massa, Macri, Lavagna –reclaman la necesidad de Consenso para transitar la crisis. La debilidad reside en no proponer herramientas para obtener esos resultados.

El PRO, en estado de profunda debilidad, ha virado de la soberbia irredenta a tentar un Consenso. “Siete de cada diez argentinos desconfía de la capacidad del gobierno para corregir el rumbo. Así lo expresa, incluso, la mitad de las personas que votaron a Cambiemos en 2015”.  

La lógica es comenzar con la conversación en territorio y forma neutral. Las cosas nacieron mal.

El 7 de abril, Sergio Massa lanzó sus 10 puntos como base de un acuerdo. Nadie respondió. Proponer adhesión a las ideas propias, no es sugerir acordar.

Hay ejemplos anteriores y superiores al Pacto de la Moncloa, hechos en el llano y en dictadura. Ricardo Balbín y Juan Perón y otros, lanzaron, a fines de 1970 “La Hora del Pueblo” para luchar por la democracia sin proscripiciones. Nadie se adueño de la autoría. Una tarea colectiva que prosperó y creció.

El 29 de abril “Sergio Massa le pidió a Macri que convoque a toda la oposición, incluido el Kirchnerismo, para debatir medidas que permitan transitar los días que faltan hasta la elección con tranquilidad y certidumbre”. (La Nación, 30/4/19). Nadie respondió.

Sin mencionar esas propuestas el gobierno produjo un cambio en su manera de gestionar convocando a un “acuerdo”de adhesión a sus deseos.

En los mismos días mientras propuso bajar la presión tributaria, aumentó los impuestos a las importaciones; mientras predica la la “independencia” del BCRA, aclara que Mauricio y Donald arreglan los problemas de la Autoridad Monetaria. ¿Independencia o Dependencia; Autonomía o Heteronomía, de la entidad monetaria?

El modo y el contenido del llamado de Macri insinúan una estrategia electoral destinada a aislar a Cristina Kirchner y rebanar al peronismo no K. Por el modo, es más una herramienta de campaña que una transformación espiritual. No parece un camino al diálogo previo a la concertación. Como dijo el Episcopado el Gran Acuerdo “debe ser resultado de un encuentro y no anterior a él”.

Es indudable que “los mercados” necesitan que  la mayoría de los que ocuparán los curules del Parlamento manifieste su voluntad de no usar el default como herramienta; y de hacer lo necesario para cumplir con los pagos de la deuda externa, cualquiera sea la opinión que se tenga acerca de la misma.

El anterior default, la demora en la renegociación, la quita (si bien no fue distintas a otras); haberla cerrado y dejar colgada una parte de la deuda, no reparar el error con una negociación ad hoc, son antecedentes no “favorables” de una gran parte de los actores.

Pero el riesgo principal es la manifiesta incapacidad de esta administración para hacer otra cosa que pedir prestado: las últimas medidas desalientan las exportaciones, generadores de dólares sin deuda, para lograr superávit fiscal entre cuyos objetivos está lograr más deuda en dólares. Notable.  

Pero ninguna firma genera per se capacidad de sostener la deuda. No obstante es razonable que el gobierno requiera convergencia sobre lo que preocupa a los financistas y al FMI. Una declaración conjunta es una buena señal, inclusive ayudaría a distender y a reconstruir el ánimo. Si todos los importantes están ahí.

Al mismo tiempo Máximo Kirchner dijo que para él no era una prioridad mandar ese mensaje de calma. Justamente por eso el mensaje es necesario.

Es indudable que, después de los mercados, quien mas necesita de esa definición es el gobierno ya que debe transitar seis meses en los que, “la duda” pre electoral sobre el pago, es una invitación a la fuga, a la disparada del dólar y a la derrota electoral en el medio del caos.

El PRO  no acepta la existencia “del otro” y en ese sentido son absolutamente “K”. Comparten la vocación “por ir por todo”.

La grieta, si es lo contrario del Consenso, significa que si la Argentina fuera una nave, CFK desearía tirar por la borda todo lo que huela a PRO y Macri desea lo mismo.

Por eso “la novedad” es la palabra acuerdo en la boca de unos de estos pichones de taliban. La historia de CFK no es diferente.

El oficialismo alega que siendo, como son, minoría, han logrado sancionar muchas leyes y – dice - eso demuestra “capacidad de diálogo”. Lo que demuestra es que “la oposición” le ha brindado las leyes que necesitaban cuando han dialogado para ello.

Con esa oposición deberían haber buscado, desde el primer día, un acuerdo básico. El consenso sobre cuestiones básicas es el único método para gobernar con sentido común en un país con tantos problemas mas que graves.

El PRO como el Kirchnerismo, se ha negado al Encuentro por una vocación de “dominio”, de poder sustantivo. Esa es la enfermedad de la política argentina que impide realizar el poder verbo. Guardar el poder impide poder hacer las cosas. Sustantivo y verbo.

El único punto relevante para el tránsito de estos meses es el compromiso mayoritario de no apelar al default como herramienta.

Una convergencia auténtica es necesaria para evitar sospresas desestabilizadoras. Pero no es suficiente.

La condición suficiente sólo la puede producir el gobierno. Esas políticas nos pueden alejar o precipitar el default.

No está mal que el gobierno reclame ese compromiso. Tampoco está mal que los opositores critiquen las falencias del gobierno.

Lo mejor sería la convocatoria auténtica del gobierno a todos los opositores, la producción, el trabajo, la Academia, para debatir cómo alejarnos del default y sobretodo, cómo bajar el costo de lograrlo.Porque el costo que estamos pagando es demasiado caro y notablemente ineficiente. Esa es la cuestión: bajar el costo de evitarlo.


Diarios Argentinos