Colateral

OPINIÓN. La cuarentena más larga del mundo. Salud, salud mental. Son cuestiones de las que se viene diciendo mucho ¿no? No hay muchas certezas de nada, excepto de algunas cuestiones que son muy evidentes...


La cuarentena más larga del mundo. Salud, salud mental. Son cuestiones de las que se viene diciendo mucho ¿no?  No hay muchas certezas de nada, excepto de algunas cuestiones que son muy evidentes claro: El cansancio, el declive económico, el sufrimiento psíquico al que estamos expuestos. De eso nadie está exceptuado, aunque sea distinto para cada uno. El sufrimiento es singular. Lo más propio que tiene un ser hablante, el modo de pararse ante las particularidades de la vida. Pero esto no es solo una particularidad ¿verdad? No. Es corte, es exceso y se actúa como se puede.

Pienso en la lupa que se ha colocado encima de cada cuestión y más aún, en las desigualdades. El estigma que recae sobre los contagiados y sobre quienes trabajan en salud muchas veces a contra reloj y a contracorriente de los recursos con los que cuentan. Reclamos de insumos que parecen un deja vú constante. El dolor de aquellos que no les alcanza con quedarse en casa y de aquellos que no tienen techo donde cobijarse. Dolor con el que seguro ya transitaban pero que ahora se inunda. Necesidades básicas se vuelven urgencia.

¿Cómo tomar una medida “exacta y precisa” sin que alguno de los asuntos que se debaten sobre la mesa colapse?  ¿Se podía impedir?

 Sigo escuchando en algún eco que queda suspendido y suelto por ahí que el virus no existe. “Son solo números” Se desmiente y se reniega. Lógico, son modos defensivos ante la angustia que podría desatarse si no se cubre y se vela hasta el hartazgo y la ceguera en ciertos casos. Todos tenemos algo para decir, algunos con la necesidad de explicar y racionalizarlo todo. Pero si solo somos números ¿Qué espacio queda para el lazo y lo colectivo? Lo humano se afirma sobre eso para poder advenir. Existimos porque hay otros que nos piensan y nos alojan. Existimos primero porque hay otro que nombra.

¿Había alguna manera de hacerlo menos doloroso, sin sufrimiento? ¿sin colapsar? ¿Más justo? Justo para quien sería la próxima pregunta…  Lo que queda claro es que hay costuras muy frágiles nuestras que terminaron de desanudarse y quedaron expuestas. Otras quizá no y pudieron entramarse hasta convertirse en un nudo. Y pienso… ¿quién no transita por la vida sin un nudo? ¿no? Algunos lo tienen en la garganta, en la panza y otros en los bolsillos. Y solo tienen eso. El nudo no se pone en pausa. Al contrario. Así andamos a los 100 días, con el dolor hecho un nudo para todas partes porque el dolor, el dolor colateral que trajo por añadidura todo esto, eso sí, era inevitable.

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