Cinco escenarios amorosos/sexuales en cuarentena

  • Parejas que conviven

La llegada del coronavirus está provocando un cambio radical en los hábitos sociales, por ende, también influye en la vida amorosa y sexual. Ya existen desacuerdos a la hora de acercarse, de besarse; ni hablar de tener sexo, sobre todo para aquellas parejas que conviven y tienen que salir a cumplir con las tareas esenciales. En estas parejas se instala la intranquilidad por los contactos sociales que cada uno pudo hacer tenido en sus lugares de trabajo u otros grupos sociales. Después están aquellas, más encerradas y compartiendo todo el tiempo de la convivencia, solas o con hijos. Ya el hecho de estar en pareja supone un ejercicio de adaptación basado en la organización de las tareas, llegar a acuerdos, afinar la tranquilidad, el humor y la tolerancia. Estar tanto tiempo juntos precisa de una adecuación especial, considerando que no es lo deseado, sino que es consecuencia de una contingencia especial, estresante de por sí. La organización y distribución de las tareas muchas veces no es suficiente, se requiere de actividades recreativas, algunas para hacer en pareja, y otras, solos. Respetar los espacios de soledad es una condición que se debe tener muy en cuenta y no tendría por qué generar preocupación. Esos instantes de soledad son vitales para reflexionar, dejar volar la mente, conectarnos con una actividad solitaria o bien sacar el desánimo, la angustia sin restricciones. A la hora de hacer las tareas es importante que se compartan, es una buena oportunidad para flexibilizar y reordenar tareas sin que nadie se sienta obligado, simplemente ambos colaboran para pasarla mejor. El estado de ánimo seguramente tendrá sus oscilaciones, no es lo mismo tener angustia o tristeza cuando salimos y cumplimos con la rutina semanal, que cuando todo el día afrontando una situación de aislamiento e incertidumbre. Las reacciones están más a flor de piel y pueden generar crisis que podrían evitarse. Por lo tanto, tener muy en cuenta que, aunque no tengamos plena conciencia de nuestro estado anímico la situación de confinamiento bajo este contexto de miedo e incertidumbre de por sí incrementa el estado de alerta con la consiguiente impaciencia e irritabilidad. Sumemos a esto el cambio en los hábitos, sobre todo los horarios de sueño, lo cual no favorece a estar más tranquilos y relajados. 

Así como las funciones fisiológicas (sueño, apetito, sexo, etc.) se trastocan, también sucede con el cuerpo. La conexión con una figura corporal que no tiene la libertad expresiva de siempre, con cambios en el peso corporal, con ropa de entrecasa, modifican la autoimagen: nos ponemos más críticos, exigentes, impiadosos. Lo mismo que sucede con la propia imagen se traslada a la imagen de la pareja, a la cual vemos como cada mañana al despertar (en pijamas, despeinado, con mal aliento, con barba, etc.) solo que esta imagen real puede mantenerse todo el día.

El encuentro amoroso sexual precisa alejarse por un momento de las preocupaciones para focalizarse en el contacto erótico, si se instala en miedo, la capacidad para disfrutar estará disminuida. No creo que este encierro pueda favorecer el “Baby boom” como ocurrió en la posguerra (2da Guerra Mundial). En aquella oportunidad el fin de la guerra trajo alegría y el reencuentro con los hombres que volvían después de mucho tiempo de estar separados. En cambio, en cuarenta ocurre lo contrario, la presencia del otro las veinticuatro horas, la ansiedad que provoca el encierro y el cambio de hábitos, la presencia de los hijos, niños o adolescentes, que requieren atención y contención, todo va en desmedro de la intimidad. El estrés cotidiano no ayuda al deseo, los convivientes no se extrañan, por el contrario, cada uno necesita un tiempo para estar unos minutos solos, además, estamos de entrecasa, por lo cual el foco de atracción sensual, de seducción, se pierde. Si es posible, que, tras pasar la pandemia, estemos mejor dispuestos a tener sexo y a incrementar los contactos amorosos, en ese momento sí creo que puede favorecer al “Baby boom”, pareciera que todo el placer quedó suspendido esperando tiempos mejores. La ilusión, el entusiasmo y el disfrute están puestos en el futuro cercano, no en el “aquí y ahora”, para este presente está el esfuerzo y la tolerancia. Los especialistas estamos atentos a las conductas de rivalidad o malestar vincular que pueden aumentar por el confinamiento. Teniendo en cuenta que durante las fiestas y las vacaciones las parejas suelen entrar en crisis y aumentan las tasas de divorcios, se prevén más situaciones de crisis, incluidos hechos de violencia de palabra y/o hecho.

El encuentro sexual necesita de ganas, fantasías, atracción, deseo, pero, ante todo, de comunicación verbal y contactos corporales en general: abrazos, caricias, masajes, besos, necesarios para que se activen los sentidos y la erótica. Creo que la cuarentena debe ayudar para mejorar estas formas de conexión, imprescindibles para romper con la costumbre del “sexo rápido”, como una mera descarga de tensión y a dormir. Si bien el deseo puede no estar a la altura de las circunstancias hay que ayudarlo: proponer variantes como bañarse juntos, masajes, bailar con algún tema romántico que traiga gratos recuerdos, perfumarse, usar la lencería que había quedado esperando, buscar estímulos como películas eróticas o de sexo explícitos, usar juguetes sexuales, todo ayuda para volver el sexo más prolongado, placentero y expectantes de que se repita. Para muchas parejas mirar juntos un video porno ha dejado de tener resistencias. Antes era una actividad encerrada en la intimidad, una experiencia no dicha, ahora se dice, se comparte y se disfruta.

 Lo que observo también es que la distribución de tareas dentro de la casa, cuando ambos miembros de la pareja (y también los hijos) colaboran, ayuda a distender las tensiones intrafamiliares, favoreciendo a todos los vínculos, incluidos los amorosos/sexuales. No sirve reproducir el vínculo desigual de “vos hacé mientras yo miro una serie por TV”.  Creo que el aislamiento nos desafía a movilizar todas las capacidades internas para enfrentarlo. Generar actividades dentro del hogar, mantener la conexión con los demás por los medios tecnológicos, escribir, leer; activar aquellos gustos que durante el periodo de trabajo no podemos hacer por la falta de tiempo. Si bien es cierto que nos podemos aburrir, también es hay que aceptarlo, sin embargo, es conveniente no hundirse en el desánimo, es el momento para desafiarnos y pensar que esta situación es transitoria. Y todo lo que hagamos para superarla redundará en nuestro bienestar y en el bien de todos. 

  • ¿Y qué pasa con las parejas que no conviven y quedaron separados por la cuarentena?

Uno de los temas que también hay que tener en cuenta son aquellas parejas que han quedado separadas forzosamente por la cuarentena. La comunicación virtual ayuda a la comunicación y también a mantener algunas prácticas eróticas en forma virtual. Hay más sexo virtual en estas parejas alejadas que en aquellas que conviven. Además, las personas se animan más a hacer cosas tras las pantallas que en el encuentro cuerpo a cuerpo. La no presencia del otro en forma constante ayuda a esperar ese momento para conectarse y hablar. Solo hace falta un espacio de intimidad, el deseo y la confianza para que el uso de la virtualidad sea un recurso válido. Si bien en los primeros días de cuarentena el miedo hizo que muchas parejas se mantengan alejadas, hoy en día, aprovechando cierta flexibilización, se han animado a estar juntos y a experimentar una convivencia forzada; de un día para el otro, se ven juntos, adaptándose a una nueva realidad. Vivir solos y de pronto estar compartiendo el mismo espacio, no suele ser un problema, por el contario, se disfruta, además existe la alternativa de “si no va bien me vuelvo a mi casa”; por el contario, el tema se complica cuando se convive con hijos o con la familia de origen, con lo cual es más difícil mantener la intimidad.   

  • Primeros contactos a través de las redes

Los contactos a través de las App, para personas que recién se están conociendo, se sostienen en forma virtual esperando tiempos mejores. La interacción prolongada puede ayudar a que las personas interesadas se conozcan mejor, aunque también favorece el interés por diversificar los perfiles con la finalidad de hacer una selección más precisa de los mismos. Si descartar, o estar chateando con varias personas al mismo tiempo era una alternativa antes de la pandemia, mucho más en estos tiempos de confinamiento. Estos contactos estimulan un lenguaje y conductas más desinhibidas, con sugerencias hot que llegan al sexo virtual. Hay que recordar que la virtualidad no es garantía de seguridad, por el contrario, tiene sus riesgos, el sexting (enviar fotos y videos eróticos) puede ser usado para extorsionar la persona.

  • Las personas que están solas

  La prolongación de la cuarentena incrementa las vivencias de ansiedad, incertidumbre, y la necesidad de mantenernos en contacto, aunque sea en forma virtual, con familiares, amigos, etc., para atenuar el impacto. Una cosa es el tiempo para estar con uno, oportunidad que nos da la cuarentena para mejorar la introspección, y otra es la soledad que se siente y se sufre. La extensión supone seguir con las rutinas que hasta el momento ponen orden a la vida en confinamiento, pero también hay que generar otras para no sentir el vacío. Y los recursos se agotan. Muchas personas que están solas han descubierto habilidades escondidas, como tejer, jardinería, confección de ropa, de barbijos, pintar, escribir, o están pudiendo vencer los miedos a la tecnología. Si bien la soledad en estos tiempos de conexiones virtuales, series, delivery, no es la misma que décadas atrás, a medida que se agotan las opciones no queda otra que estar con uno mismo. Cuando uno dice “sexo en soledad” lo primero que viene a la cabeza es la masturbación, es cierto, sin embargo, esta práctica es de autoconocimiento, no solo es estimular el clítoris o el pene ayudado por fantasías o películas porno, es por sobre todo un descubrimiento de zonas erógenas, de acciones y variantes que llevan a distintos grados de excitación. Por lo tanto, hay que hacer honor al autoconocimiento probando diferentes fantasías, movimientos, poses, juguetes, vibradores, lugares, con la finalidad de expandir la experiencia autoerótica.

  • Monogamia forzada

Con la epidemia de coronavirus sucedió un hecho insólito: la monogamia forzada, sobre todo para aquellos otros vínculos (además del estable) con un compromiso afectivo y “buena piel” sexual. Algunos se escapan para estar con el/la amante violando la cuarentena o aceptan la abstinencia hasta que mejore la situación.

En general, se acepta a regañadientes la abstinencia del amante. No queda otra, la mayoría, por miedo al contagio, o para evitar un nuevo conflicto en la relación estable, opta por la monogamia, con disgusto o resignación. La monogamia obligada genera más ansiedad y la necesidad de mantenerse en contacto telefónico o virtual con el tercero en cuestión, lo cual expone a la persona a ser descubierto. Existen amantes que son transitorios, relaciones esporádicas que nada significan a la hora de no verlos; sin embargo, existen otros modelos de amor con los cuales existe un vínculo afectivo y de cercanía, y hasta se agregan aportes económicos.

La presencia de esa relación paralela, oculta o poliamorosa, ocupa un lugar que equilibra los conflictos y la sexualidad de la pareja estable. Mientras el amante se mantenga como tal, amor/sexo mediante, ayuda al interés sexual con la pareja “oficial”. Hay parejas que se sostienen en ese delicado equilibrio triangular, en el cual el amante cumple una función moderadora de las tensiones y de la sexualidad. La monogamia forzosa incrementa el malestar de las parejas, no lleva al reencuentro, por el contrario, estimula las conductas de rechazo. Las relaciones poliamororas, como no se ocultan, sufren por la distancia obligada, pero al existir acuerdo entre las partes de la pareja, esta no se resiente. En cambio, ocultar la otra relación, supone esconderse o esperar las salidas permitidas para conectarse con el otro. En estos casos, la ansiedad y el miedo a ser descubierto, puede llevar a la torpeza de dejar mensajes reveladores a la vista.  

 

Sobre el autor: Walter Ghedín es psiquiatra y sexólogo.

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