Cada dólar cuenta

Foto: Punto a punto Mendoza


Finalizó la misión presencial del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Argentina que había arribado al país el 10 de noviembre. En un comunicado de prensa del organismo con fecha 20 de noviembre, se menciona que se empezó a delinear un programa con el mismo que podría respaldar los planes del gobierno para hacer frente a los desafíos económicos y sociales agravados por la pandemia.

Más allá de las intenciones del FMI, la negociación con el mismo es importante dado que una vez finalizada influirá en la cantidad de dólares que el país deberá destinar al pago de obligaciones para con dicha institución. Todo dólar que se destina al pago de obligaciones financieras no podrá ser destinado a la economía real y por ende limitará la capacidad de expansión de la actividad económica.

Haberse endeudado con el FMI no era malo per se, ahora bien, lo que si fue malo fue endeudarse sin incrementar la capacidad de repago de dichos créditos. Dado hablamos con el diario del lunes, el análisis se vuelve más sencillo. La Argentina a partir de la entrega de fondos del mencionado organismo durante el gobierno anterior no solo no amplió su capacidad de generar dólares a mayor velocidad, que es lo que permite el repago de deuda externa en el largo plazo, sino que tampoco disminuyó la velocidad a la que demanda divisas su estructura productiva para funcionar.

Adicionalmente, como consecuencia de la brecha cambiaria entre el dólar oficial y las cotizaciones paralelas a partir de la reinstauración del cepo cambiario en el 2019 las expectativas de devaluación permanecen elevadas, acelerando aun más las importaciones que, más allá de la recesión producida por la pandemia mundial, siguen incrementándose interanualmente.

A este contexto interno se le suma el cambio de gobierno en los Estados Unidos que se producirá en el año entrante. Una de las características del presidente saliente era su rechazo a grandes acuerdos de libre comercio, como lo demostraron su negativa al tratado transpacífico y transatlántico, la imposición y amenaza de imposición de aranceles para con enemigos y aliados indistintamente, y disminución de la importancia relativa de las instituciones internacionales en la negociación de disputas comerciales.

Esta política comercial y exterior en la potencia mundial dominante generó una ventana de 4 años que amplió temporalmente los grados de libertad de la política económica de otros países. En otras palabras, Trump esperaba que otros países se comporten de la misma manera. Es decir, defendiendo sus intereses primero e imponiendo mayores restricciones al comercio.

En conclusión, Argentina se encuentra en una coyuntura recesiva de su actividad económica y de gran vulnerabilidad externa. Esta última es en parte consecuencia de la dilapidación de ingentes cantidades de dólares provenientes del exterior en formato de préstamos que no fueron invertidos en la economía real en su gran mayoría, e incrementaron el ratio de deuda sobre PBI y de deuda sobre exportaciones a niveles insostenibles en un período corto de tiempo; en segundo lugar de las brechas cambiarias que aceleran las importaciones para aprovechar la “temporal” baja cotización del tipo de cambio oficial e incrementan la necesidad de dólares mes a mes; y finalmente de un contexto externo recesivo por la pandemia mundial donde las política de restricciones al comercio internacional ya no serán tan bien vistas por la nueva administración de los Estados Unidos a partir del 2021.

En consecuencia, en este nuevo contexto, los grados de libertad se han reducido radicalmente en comparación a décadas anteriores. La suba del precio de la soja a máximos no vistos desde el 2014 es una gota de agua para una argentina desierta de divisas, que debe recordarnos que cada dólar que ingresa al país cuenta y debe ser aprovechado en la construcción de capacidades de repago.

Diarios Argentinos