Buscando el touch de gloria

Por: Florencia Lucione

Después de muchas semanas en las que de lo único que se habla es de la pandemia mundial que nos acecha, entré a Twitter y, para mi sorpresa, se hablaba de otro tema: la principal tendencia giraba en torno al debate sobre una persona que dictará un curso de Introducción a la Teoría Feminista. El curso es avalado por Perfil Educación y su costo es el principal motivo de la polémica.  

Que la crítica viene de “otras feministas” es una de las cosas que están mal vistas tanto por quienes se consideran parte del feminismo como  por parte de quienes se reconocen detractores del mismo. Que eso no se hace entre compañeras, que se escracha en nombre del feminismo, que no se puede decir para afuera, para adentro, que eso NO SE HACE. Un sinfín de imperativos morales que parecen los mandamientos de una biblia que no se entiende muy bien en qué momento se escribió y porqué si se cuestiona, se incurre en pecado.

No es novedad que existe disenso entre lxs integrantes que conforman este movimiento de masas que- en buena hora- se instaló en la agenda pública desde el año 2015. Bien supieron todas las corrientes, colectivos y agrupaciones que lo conforman ser bloque en un momento clave, en donde era indispensable reservar las discrepancias para otro momento: el intento por aprobar en el Congreso Nacional la legalización del aborto seguro y gratuito.

En épocas donde cada colectivo bucea en la búsqueda de su propia conquista, las demandas concretas más amplias ceden lugar a discusiones que pueden parecer irrelevantes pero que terminan por mostrar y decir mucho acerca de los modos de construir igualdad que persiguen los feminismos y que es, además, el slogan del curso en cuestión.

Siempre es válido abrir el juego al debate de ideas, mucho más si se trata de discutir en los ámbitos académicos. ¿Qué esperamos de la formación feminista? ¿Nos parece que merece ser objeto de estudio transversal? ¿Vale determinada cantidad de dinero adquirir el conocimiento que ofrece tal o cual curso? ¿A quién se dirige? ¿El feminismo académico es el que a todxs más nos gusta? ¿Es válido militar, formar a otrxs, y cobrar por ello?

Todas esas preguntas, y sus consecuentes respuestas, valen pero son personales. Y las feministas, antes de serlo, son personas que preguntan, responden y forman opinión como el resto de las personas. No podemos pretender que en nombre del buen feminismo se nos invite a callar nuevamente. Ese lugar que es conocido por las mujeres desde tiempos inmemoriales no puede ser nunca un lugar al que se deba volver para cuidar el statu quo de un nuevo sistema que nos imponga qué decir, cómo hacerlo, y que nos acuse de no ser consecuentes por el hecho cuestionarnos.

Replicar los mecanismos patriarcales no es disentir entre militantes frente a una situación, sino invitar a callar a quienes no acuerdan, linchar públicamente a quien lo hace o utilizar aspectos de la personalidad y actos individuales  como señalamientos inmorales para desestimar opiniones que no nos gustan.

Se pueden discutir los modos, claro. Porque podemos discutir todo lo que nos resulte necesario. No obstante, cuando la herramienta es la comunicación masiva es imprescindible ser cuidadosos con los mensajes que se transmiten porque muchas veces se vuelven peligrosos hacia adentro y hacia afuera.

Juzgar moralmente las elecciones que son privadas en el marco de nuevos categóricos que imperan es el principal riesgo. Volver a pisar un terreno del que luchamos por salir a diario (en la casa, en el trabajo, en las reuniones, en los comedores, en los barrios, en las universidades, en la calle) equivale a reproducir el mecanismo por excelencia con el operan todos los sistemas de poder.

“Casi todos tendrán un instante, su touch de gloria” dice la letra de Circo Beat de Fito Páez. En esta marea de debate en redes donde solo se revolean por la cabeza años de militancia, títulos universitarios, o se mide quién pisó más la calle, pareciera que lo único que importa vender a los protagonistas ( y comprar, a los espectadores) es la pelea por tener el touch de gloria en un momento donde muchísimas mujeres se encuentran, por ejemplo, cumpliendo el aislamiento social en compañía de sus agresores y donde cientos de miles de pibes y pibas conviven 24/7 con su abusador y no tienen adonde ir a pedir contención.

No sé muy bien qué es en concreto el feminismo pero si puedo reconocer que me resulta algo bastante más alejado de la autoproclamación que solo señala a otras, y mucho más parecido a una práctica cotidiana, a un ejercicio permanente por reconocerse, por estar alerta para identificar en cuántos lugares replicamos lo mismo de lo que buscamos liberarnos. No se nace feminista y quizás nunca se llega a serlo del todo, sin importar los diplomas que puedan colgar de nuestras paredes.

Podemos estudiarlo, conocerlo, declamarlo. No creo que podamos enseñarlo, y sí tengo la certeza de que mucho más importante que todo eso es ejecutarlo porque si no lo hacemos todo lo demás se vuelve vacío.


Diarios Argentinos