¿Buenos Aires? La gestión de Larreta bajo la lupa

Aunque rico en recursos, el distrito porteño tiene cada vez más problemas en salud, educación y bienestar social. El jefe de Gobierno ajusta partidas sociales y apuesta a obras de alta visibilidad pública.

“Si vos querés, Larreta también”. La canción que se convirtió en un hit de la campaña 2019 da cuenta del peligro que corre el macrismo: la posibilidad de que la ola peronista le arrebate no solo la presidencia y la gobernación bonaerense, sino también el distrito porteño, su último bastión de poder.



Ante la caída abrupta de la imagen de Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta apuesta a municipalizar la elección local. La estrategia es mostrar obras para evadir la crisis económica: el Paseo del Bajo, el Viaducto Mitre, la enésima inauguración de veredas y bicisendas. 

¿Es Larreta un buen administrador? Un examen detallado del gasto presupuestario y de sus resultados de gestión revela su verdadera fórmula: mucha deuda, poca inversión social y desinterés por los sectores más carenciados.


Ciudad rica, infierno grande

La CABA es el distrito más rico del país. Aporta alrededor del 19% de la riqueza total generada en la Argentina a pesar de tener una población equivalente al 7,2% del total nacional. Sus cifras habilitan la comparación con Europa: el Producto Bruto Geográfico de la Ciudad de Buenos Aires es similar al de Bélgica.

El jefe de Gobierno porteño está al frente una ciudad rica, pero además, autosuficiente. A diferencia de lo que ocurre con buena parte de las provincias del país, no depende de las transferencias fiscales giradas por el Tesoro Nacional para su funcionamiento. Solo el 24% de sus recursos provienen de la coparticipación federal (un impuesto automático, no discrecional). El grueso de los fondos que maneja Larreta (poco menos del 75%) se extraen de los impuestos que recauda el propio Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (Ingresos Brutos y ABL).

El alcalde del Pro dispone de muchos más recursos per cápita que cualquier otro gobernante del país. La CABA sancionó un presupuesto para el 2019 de $320.000 millones (sin contemplar ampliaciones posteriores), y cuenta con 2,9 millones de habitantes. Tiene así alrededor de $110.000 por porteño. 

La ciudad de Córdoba tiene un presupuesto de $33.500 millones y 1,4 millones de habitantes. Su presupuesto per cápita es de $24.000. La Matanza, por su parte, tiene un presupuesto de alrededor de $10.000 millones y 2,1 millones de habitantes, una relación que da apenas $4760 per cápita. En definitiva, Larreta administra un presupuesto per cápita casi 5 veces mayor al de Córdoba y casi 25 veces mayor al que gestiona Verónica Magario en La Matanza. 




El ajuste (in)visible

Desde que accedió al poder local en 2007, el modelo de gestión Pro en la Ciudad se basó en el ajuste de la inversión social y en el endeudamiento como vía para apalancar obras de alta visibilidad pública. Con Rodríguez Larreta, esa trayectoria se profundizó.

De acuerdo a un informe de la Universidad de Avellaneda (UNDAV), entre 2015 y 2019 el gasto en salud cayó un 29% en términos reales (es decir, descontando el impacto inflacionario). El recorte implica que por cada $100 destinado a la salud en 2015, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires destina ahora $71. En el mismo período, la caída de la inversión en educación fue del 24%. De invertir $100 en el área en 2015, el oficialismo pasó a gastar $76.

Mientras estas partidas sociales se redujeron notablemente, las de la deuda se dispararon. Entre 2015 y 2019, el pago de intereses de deuda pública aumentó un 240%, en sintonía con el sobreendeudamiento llevado a cabo a nivel nacional.



El resultado, de acuerdo a la UNDAV, es un cambio drástico en la composición del gasto público de la Ciudad. Mientras en 2015 se destinaba un 24% del presupuesto al área educativa (sin considerar las erogaciones en seguridad interna), en 2019 ese porcentaje se redujo al 22%. En Salud, el ajuste redujo la inversión del 21% al 18% del total. En paralelo, la participación del gasto en deuda creció 8 puntos porcentuales.

En 2019, la educación porteña tuvo el peor presupuesto de su historia. Contemplando la totalidad del presupuesto (esto es, incorporando el gasto en seguridad interna), los recursos para el área educativa representan este año el 17,9% del total. En 2001, el Gobierno de CABA invertía en educación el 30% del presupuesto. Una caída de diez puntos porcentuales. Ningún otro distrito destina menos del 20% de su gasto a la educación como lo hizo este año Buenos Aires, la ciudad, paradójicamente, más rica del país.


La Ciudad que Larreta oculta

La desinversión de Rodríguez Larreta en educación, salud y otras áreas sociales se traduce en un empeoramiento en la calidad de vida de los sectores más desfavorecidos de la Ciudad de Buenos Aires, que son los que más utilizan los servicios de ámbito estatal.

En el área de Educación porteña, el ajuste provocó diversos problemas. La Dirección General de Servicios a las Escuelas gestiona el alimento de más de 200 mil alumnos por día. Según denunció Cecilia Segura, presidenta de la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires, el presupuesto para los comedores escolares en 2019 es de $3600 millones, apenas un 15% más que el de 2018, frente a una inflación anual que estará por encima del 50%. Ante el recorte de fondos, los comedores planificaron para este año 5 millones menos de raciones, un 6% menos que en 2018.

El gobierno porteño bajó no solo la cantidad, sino también la calidad de las raciones. En un contexto de agravamiento de la situación social, el Ministerio de Educación autorizó “reemplazos” en las viandas de ingredientes por otros más baratos.

La falta de inversión educativa complica además el acceso a la educación de los chicos y chicas. De acuerdo a la última información oficial, en 2016 hubo casi 12 mil chicos que quedaron en lista de espera en la inscripción online de las escuelas públicas y 11 mil en los Centros de Primera Infancia. En julio de este año, por los sucesivos reclamos de las familias porteñas, la Justicia le ordenó al gobierno de la Ciudad garantizar vacantes en los colegios.

En Salud también se percibe la desidia estatal. De acuerdo a un informe de la Fundación Soberanía Sanitaria, durante las gestiones del PRO en la Ciudad disminuyeron la cantidad de camas disponibles en los hospitales, las internaciones y las consultas externas. En la actualidad hay en la Ciudad 563 camas menos que en 2007, año en que Mauricio Macri asumió como jefe de Gobierno. La reducción equivale al cierre de los hospitales pediátricos de la Ciudad (el Gutiérrez y el Elizalde) o al cierre de dos hospitales generales como el Durand y el Santojanni.



La reducción de camas disponibles limita la capacidad del sistema de salud pública porteño para responder a las necesidades de internación. Así, desde el inicio de la gestión Pro, hay 30 mil internaciones menos por año. También se registró un deterioro en el nivel primario de atención: las consultas en los Centros de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) bajaron un 22% desde 2007.


Ciudad rica, Ciudad pobre

Buenos Aires es, como se dijo, el distrito más próspero de Argentina. Registra niveles de riqueza similares a los de ciudades medias de Europa. Y sin embargo, su prosperidad no se distribuye de manera homogénea. En la CABA hay dos ciudades en una: el Norte rico y el Sur pobre. Una frontera invisible trazada por la Avenida Rivadavia.

En el último año y medio, desde que comenzó la crisis financiera, se destruyeron 40.000 puestos de trabajo en la Ciudad. La tasa de desocupación es hoy del 10,7%: hay más de 185 mil porteños desempleados. Pero la falta de trabajo impacta de manera desigual. Según cálculos de la UMET, la tasa de desocupación de la zona Sur (17%) más que duplica a la registrada en la zona Norte (7,4%).



Según el Centro de Estudios de Ciudad (CEC), dependiente de la UBA, entre 2015 y 2018, 220 mil porteños pasaron a situación de pobreza. De ese total, 100 mil cayeron en la indigencia. 

De la mano con el aumento de la pobreza creció también la desigualdad de ingresos. En 2015, el 10% más rico de los habitantes porteños, que residen mayoritariamente en el Norte, tenían un ingreso que multiplicaba por 10 el del 10% más pobre. Tres años después, en 2018, esa brecha se amplió a 25 veces.

Hacia el primer trimestre del 2019, el 19,1% de la población porteña era pobre y el 6% era indigente. Los porcentajes más altos de vulnerabilidad social se concentran en la zona sur de la Ciudad.

La ola de frío que se vivió este invierno desnudó el poco músculo asistencial que posee el gobierno de la Ciudad. Las bajas temperaturas provocaron, inclusive, una serie de muertes entre la gente sin techo. Según el gobierno porteño, hay 1146 personas que duermen a la intemperie, pero un relevamiento de un grupo de organizaciones sociales sostiene que, en rigor, hay 7251 personas en situación de calle en el distrito porteño.

Apuntado por las críticas, Rodríguez Larreta señaló que la Ciudad cuenta con paradores para ofrecerles pernoctar a 2300 personas. Los propios trabajadores de Buenos Aires Presente, el programa creado para darle asistencia a la gente en situación de calle, confirmaron que la administración porteña tiene en realidad una capacidad mucho menor para contener a los desamparados, y que en los últimos años hubo fuertes reducciones de personal y recursos materiales en el área.

En Buenos Aires conviven la ciudad del turismo, las grandes obras y el desarrollo urbano de vanguardia con la ciudad de las muertes por frío, la indigencia en ascenso y el deterioro de los sistemas de salud y educación pública. ¿Premiarán los porteños al Larreta que transforma el espacio público o castigarán al que desatiende a los sectores más vulnerables? En el distrito porteño se juega en octubre la verdadera batalla por la supervivencia del Pro como proyecto político.

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