Breve historia de las colectoras

Por: Tomás Aguerre

En las últimas semanas volvió a reeditarse el debate sobre la legitimidad o no de las llamadas “listas colectoras”, a partir de la posibilidad de que el gobierno de Mauricio Macri de marcha atrás con su propio decreto para prohibirlas.

Antes de analizar esa decisión conviene definir de qué hablamos cuando hablamos de una lista colectora. Una colectora es una lista que presenta candidatos propios para una cierta categoría (supongamos, para gobernador de una provincia) pero que no presenta para otra categoría mayor (supongamos, presidente). Ese cargo provincial, entonces, adhiere a la candidatura presidencial de otra lista y entonces “colecta” votos hacia ese otro espacio sin la necesidad de formalizar una alianza. De esa forma una misma candidatura presidencial podría aparecer con varias boletas distintas de candidatos a gobernador, aún cuando estas no pertenecieran a la misma alianza electoral.

A diferencia de lo señalado por algunos medios de comunicación, las listas colectoras no fueron creadas por el gobierno de Cristina Kirchner, sino que existían previamente al decreto de 2011 al que se hizo referencia. Sin ir más lejos, Roberto Lavagna tuvo adhesiones de listas diferentes a legisladores nacionales en Santa Fe y Ciudad de Buenos Aires en 2007. En esa misma elección, la candidata presidencial por la Coalición Cívica, Elisa Carrió, llevaba dos listas de diputados nacionales adheridas a su boleta en la Ciudad de Buenos Aires.

El método viene de antes. En el año 2003 funcionaron como un parche para evitar la fragmentación total del peronismo, que habilitó los entonces “neolemas” para que distintos candidatos a intendente - especialmente en la provincia de Buenos Aires - compitieran entre sí a nivel local compartiendo el resto de la boleta con el mismo espacio político.

En el año 2009, el gobierno de Cristina Kirchner envió al Congreso un proyecto de reforma electoral que fue aprobado en el Congreso de la Nación. Se establecieron desde entonces las PASO, primarias abiertas, simultáneas y obligatorias que reconfigurarían la forma de organizar el vínculo entre los votantes y los partidos políticos. A partir de allí los partidos debían configurar alianzas electorales para participar obligatoriamente de las primarias, donde se seleccionarían sus candidatos para concurrir a las elecciones generales. Entonces, ¿qué pasaría con las listas colectoras? Si un candidato de una categoría (gobernador, supongamos) quisiera adherir a un candidato de otra categoría (presidente) la nueva ley parecía obligarlo a inscribirse en la misma alianza electoral. Sin embargo, aquí sí entra a jugar el decreto 443 que en 2011 emitió Cristina Kirchner para reglamentar la ley de reforma política. Allí, el artículo 15 del decreto estableció la posibilidad de que las alianzas puedan establecer “acuerdos de adhesiones de boletas de diferentes categorías para las elecciones generales, con otras agrupaciones políticas no integrantes de la alianza, siempre que las listas a adherir resulten ganadoras en sus respectivas elecciones primarias”. De esa manera, en la práctica un partido podría ir por fuera de una alianza electoral en las primarias y luego, en las generales, adherir en la categoría de otra alianza en la que no tuviera candidato propio.  

Eso permitió por ejemplo que, en 2011, fuera candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires llevando como candidata a presidenta a Cristina Kirchner.

No fue el único caso. En el año 2011, la Cámara Nacional Electoral a través del fallo Benedetti habilitó el doble pegado de boleta en Entre Ríos, una forma de adhesión. Así, el Frente Progresista Cívico y Social que estaba conformado por la UCR y el Partido Socialista pudo llevar su boleta de Atilio Benedetti gobernador pegado a dos candidaturas presidenciales: la de Ricardo Alfonsín y la de Hermes Binner.

En las elecciones de 2015 también se utilizaron listas colectoras. El ahora gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, fue “colgado” tanto de la boleta presidencial de Mauricio Macri como de la de Massa y Stolbizer. A su vez, “colectó” desde abajo también, ya que listas de legisladores provinciales y cargos municipales se adhirieron a su boleta.

Pero al año siguiente, el gobierno de Mauricio Macri presentó su propia reforma electoral. El flamante presidente esperaba enviar una batería de medidas para reformar el sistema político y decidió hacerlo “de manera gradual”. En la primera serie de medidas, la eliminación de las listas de adhesión o colectoras estaba incluida. “Basta de estas listas que se acoplan, colectoras, candidaturas múltiples, que claramente no ayudan a respetar la decisión democrática del pueblo", sostuvo Macri durante la presentación.

La reforma electoral que envió el presidente Macri fracasó en el Senado. La razón: la inclusión de una modificación al instrumento de votación. El gobierno pretendió implementar un sistema de voto electrónico que no logró convencer a todos los espacios necesarios para avanzar. A pesar de que eran parte de un paquete de medidas, algunas de esas reformas se aprobaron por separado. No fue el caso de la eliminación de las colectoras, que continuaron vigentes.

Hace apenas dos meses, el presidente Macri sorprendió con un decreto en el que eliminó las colectoras. Las crónicas periodísticas dieron cuenta de que se trató de una jugada para evitar que el peronismo unificara su candidato a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Así, se leyó como una concesión del presidente Macri a su gobernadora, María Eugenia Vidal. Los cuestionamientos no sólo se refirieron a la conveniencia del decreto sino a su legitimidad: ¿puede un presidente modificar este aspecto del sistema electoral por decreto? La pregunta aún transita en el Poder Judicial, luego de las presentaciones que se realizaron impugnando el decreto.

Pero a las pocas semanas del decreto, el propio gobierno dejó trascender la posibilidad de derogar lo que había firmado. Es que ahora la prohibición de las colectoras lo perjudicaba: entre los múltiples planes electorales surgió la posibilidad de que Alternativa Federal llevara como candidata a gobernadora a María Eugenia Vidal. Entonces las denostadas colectoras volvieron al ruedo como una posibilidad más. Si al intentar derogarlas, tanto con un proyecto de ley como con un decreto, se hizo hincapié en “clarificar la oferta electoral”, ahora para volver a reinstalarlas el gobierno de Macri resaltó la libertad que debe tener la voluntad popular para tomar sus decisiones.

Las reglas electorales son parte sensible del sistema política. Incentivan algunas conductas y desincentivan otras. Por lo tanto, es necesario que los actores políticos cuenten con certidumbre acerca de cuáles van a ser esas reglas antes de formalizar sus decisiones. La política argentina tenía, entre sus pocos consensos no escritos, el de no modificar este tipo de reglas en años electorales. Esas reglas pueden estar mal, bien, pueden ser legítimas o ilegítimas: pero no cambiarlas en años electorales eran un acuerdo que hacían al sistema previsible. Que ponía igualdad de condiciones en un escenario que tiende a ser desigual. Haber minado uno de esos consensos habilita una bola de nieve que puede terminar con otros.


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