Boom de precios internacionales e inflación: es la política, estúpido

OPINIÓN. ¿Cómo impactan los precios internacionales de nuestras exportaciones y el tipo de cambio sobre la mesa de los argentinos?


Por Fabián Amico y Alejandro Robba


La inflación en nuestro país viene experimentando desde octubre del 2020 índices por arriba del 3% mensual -con un máximo de 4,8% en marzo de este año-, llevándose por delante el poder de compra de los argentinos que reciben ingresos fijos. En efecto, si medimos esa caída a partir del salario real de los trabajadores del sector privado registrado, se observa que en marzo dichos ingresos reales están levemente por debajo del nivel que tenían en septiembre del año pasado, lo que determina, como mínimo, un estancamiento de la tímida recuperación salarial, pero con el agravante de que parte de un nivel históricamente bajo (ver Gráfico 1).


GRÁFICO 1



Uno de los principales factores que motoriza el estancamiento son los precios internacionales de las commodities que exporta el país, que se potencia por la dinámica del tipo de cambio nominal. Ambas variables tienen una importancia singular en los resultados distributivos, tema que desarrollaremos más adelante. Decíamos en nuestro Informe de Coyuntura de Diciembre de 2020 que se estaba desencadenando un proceso peligroso de inflación importada: “En noviembre (2020), los precios internacionales de los alimentos alcanzaron el nivel mas alto de los últimos 6 años (vs. diciembre 2014) con un crecimiento interanual del 6,5%.  Además, constituyó la mayor subida intermensual desde julio de 2012. Una oferta menor que la esperada, más las mayores compras realizadas por China explican una parte importante de estos incrementos”. Esta escalada, lejos de retroceder, siguió acelerándose. Como ejemplo puede verse el caso del trigo y el maíz (Gráfico 2). Está fuera de debate que el alza de los precios de exportación del país es algo muy beneficioso en general y más especialmente en el actual contexto de restricción externa. Pero sus efectos inflacionarios no pueden ser ignorados. Si calculamos el precio internacional en dólares multiplicado por el tipo de cambio nominal se observa una suba más que importante, y en el ámbito doméstico, esos bienes son insumos directos o indirectos en la producción de un vasto número de alimentos y de otros productos. En el caso del trigo, por ejemplo, la suba del precio doméstico fue principalmente impulsada por el tipo de cambio (que creció más que el precio internacional), mientras en el maíz fue la inflación importada la causa principal de su aumento interno.


GRÁFICO 2



¿Cómo impactan los precios internacionales de nuestras exportaciones y el tipo de cambio sobre la mesa de los argentinos?

Nuestro país exporta productos primarios sobre los cuales es tomador de precios (price taker) en el mercado internacional, eso implica que el nivel de precio interno del bien debe seguir de cerca al nivel de precio internacional multiplicado por el tipo de cambio nominal (neto de eventuales retenciones y subsidios). Un precio doméstico mayor al internacional no sería perdurable, porque sería más barato importar el bien. Lo contrario tampoco sería sostenible: los productores nacionales obtendrían un ingreso más alto por las exportaciones que por el mercado interno, lo que forzaría la inflación del precio doméstico. Así, sin interferencia oficial que deslinde los precios internacionales de los domésticos, la traducción del alza de los primeros es la suba (endógena) del precio doméstico, proceso que estamos experimentando desde octubre de 2020, y que no depende de la voluntad de los exportadores o productores que se desempeñan como capitalistas.


El problema distributivo

Pero hay más. Puesto que muchos de los bienes primarios exportados son bienes salario (o entran directamente o indirectamente en la producción de los bienes salario), una suba del precio internacional de esos bienes (y/o del tipo de cambio nominal), dado el salario nominal, lleva a un aumento de la tasa de beneficio del sector exportador. Ciertamente, el proceso comienza con la suba del precio internacional (y/o del tipo de cambio nominal) pero no termina ahí. Si la mayor rentabilidad del sector exportador se mantiene un cierto tiempo, las mayores ganancias atraerán capitales desde otros sectores de la economía, incluyendo sectores no transables (es decir, ramas que no están expuestas a la competencia internacional). Finalmente, eso llevará a un aumento de la tasa de rentabilidad promedio de toda la economía y a un cambio distributivo en contra de los asalariados. En una economía monetaria (e inflacionaria) eso implica que, en promedio, los márgenes nominales de toda la economía subirán más que los costos (salariales). Esto revela que las empresas tienen una capacidad de "decidir" precios muy restringida y que sus márgenes de ganancias son mayormente endógenos. Cabe aclarar que la política económica tiene una gran capacidad para influir en su dinámica, aunque las intervenciones estatales son conflictivas porque siempre afectan intereses.

Por lo tanto, no hay solución mágica ante la suba de precios internacionales: solo una combinación de mayores retenciones, y/o más subsidios a los sectores que utilizan como insumo esos bienes primarios (por ejemplo, el maíz se utiliza para producir carne) y/o una disminución mayor de la tasa de devaluación que pueda aliviar la presión, permitir una recuperación más rápida del salario real y de esta forma, producir una reducción mayor de la pobreza por ingresos.

El set de políticas para desacoplar precios internacionales de los domésticos es conocido y eficaz. Comprendemos que es fácil enumerar esas medidas en una nota periodística, pero su aplicación genera reacciones (y sobreactuaciones) de actores económicos muy poderosos que tuvieron su mayor expresión en 2008 –cuando también los precios internacionales, en particular el de la soja, se disparaban- pero que se siguen “expresando” cada vez que un gobierno popular defiende la mesa de los argentinos.

En este terreno, ya la explicación tiene que ver más con la política y las relaciones de fuerza que con la economía. Como afirmamos en nuestro último Informe de Coyuntura de la Universidad Nacional de Moreno, “la resolución de este conflicto trasciende las recomendaciones técnicas y es un auténtico problema de economía política, donde la elección de la política económica y sus resultados dependerán, no solo de la pericia del gobierno para elegir los mejores caminos, sino también de las relaciones de poder internas y geopolíticas”.


Sobre los autores

Fabián Amico y Alejandro Robba son Economistas de la Universidad Nacional de Moreno.


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