Bolsonaro, ambientalista de última hora

La Cámara de Diputados de Brasil aprobó en diciembre por 298 votos contra 2, una ley que establece directrices para el pago de compensaciones a productores rurales, indígenas y comunidades que fomenten la preservación del ambiente.


La Cámara de Diputados de Brasil aprobó en diciembre por 298 votos contra 2, una ley que establece directrices para el pago de compensaciones a productores rurales, indígenas y comunidades que fomenten la preservación del ambiente. Bolsonaro sancionó esta semana, el instrumento que crea una Politica Nacional de Pago por Servicios Ambientales destinada a disminuir la deforestación tan criticada dentro y fuera de Brasil.


La medida,  aprobada previamente por ambas cámaras, apunta a conservar áreas de relevancia ambiental, mediante una política de estímulo. El sistema de compensaciones, entre ellas la financiera, ya está previsto en el Código Forestal brasileño desde 2011, pero esta ley detalla y establece las políticas de incentivo a la preservación ambiental.


Mi nombre es Jardim


El proyecto fue presentado por el diputado paulista Arnaldo Jardim, por Cidadania, un partido pequeño de centroizquierda derivado del PC brasileño, que llevó como candidata a presidente a la dirigente ambientalista Marina Silva en 2014.

Jardim afirmó que el sistema de compensaciones abre paso para que buenas prácticas sean reconocidas y remuneradas, además de contribuir para la solución de cuestiones ambientales importantes.

La ley prevé, además de pagos financieros, otras compensaciones como la emisión de certificados de reducción de emisiones por deforestación, comodatos y la concesión de títulos verdes para la captación de recursos para proyectos de sustentabilidad en zonas protegidas.

Argumentos como “la decisión de proteger esos ecosistemas es, ante todo, una elección ética”, “el pago por servicios ambientales constituye un instrumento complementario a la legislación actual y tiene la intención de reconocer iniciativas sostenibles”, fueron frases mencionadas por Jardim.

Sin embargo, hay razones muy importantes además de la ética y los principios, que motivan el giro en la política ambiental de Bolsonaro.


Verde que te quiero verde


Los servicios ambientales son aquellas funciones de los ecosistemas que pueden generar beneficios y bienestar adicionales para las personas y las comunidades. Desde el punto de vista biológico y físico, proveen un conjunto de funciones ecológicas indispensables para el mantenimiento, la reproducción y supervivencia de los seres vivos.

Pero no todos están a favor de pagar por servicios ambientales.

Las experiencias de casos desarrollados en diversos lugares del mundo muestran que el mercado de servicios ambientales no siempre es una estrategia de conservación; ya que no es relevante para detener el cambio climático, ni tampoco mejora sustancialmente las condiciones de las poblaciones donde se aplican.

Muchas veces, estos instrumentos constituyen un mecanismo de apropiación de los territorios de pueblos indígenas y comunidades locales, a quienes se les priva "legalmente" del derecho de uso, administración y control de su tierra, poniendo en riesgo la supervivencia o su modo de vida.


Importar deforestación


El escandaloso aumento de la devastación de la Amazonía y otros ecosistemas ha llevado a algunos países europeos a manifestarse en contra de ratificar el Acuerdo de Libre Comercio firmado entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur.

Millonarios fondos internacionales y grandes empresas privadas que han advertido a los gobiernos que no realizarán inversiones si no hay compromiso real de protección del ambiente.

Los mercados pueden cerrar para quienes deforestan.

Europa advierte que comenzará a cerrar su mercado a los exportadores que no pueden garantizar que abastecerán a los consumidores de la UE sin deforestar bosques en América Latina, Sudeste Asiático o África.

Este 11 de enero, la cuarta cumbre One Planet, cuyo objetivo es la protección de la biodiversidad, recibió un impulso económico y político. Al menos 50 países se comprometieron tanto a la movilización de fondos como a la actuación de gobiernos, empresas y ciudadanos para proteger el 30% del mar y la tierra en la próxima década.

“No podemos importar deforestación” se escuchó repetidas veces en el encuentro donde Brasil, Rusia, India y Estados Unidos, fueron los grandes ausentes.



Los mercados mandan


Los programas de apoyo a la conservación son fundamentales a la hora de planificar integralmente el desarrollo, más aún después de esta crisis global.

Y para eso hace falta capital, dinero que llegue realmente a las manos de los actores territoriales y movilice las estructuras.

Antiguos programas enlatados donde los únicos que ganaron fueron los consultores, no se pueden seguir replicando.

Ya no se trata de persuadir desde la ética o el ambientalismo. El mundo recibió el mensaje del Papa Francisco en sus dos Encíclicas: Laudato Sii y Fratelli Tutti.  

En los momentos que vendrán, los gobiernos tomarán decisiones basados en las oportunidades comerciales, en los requisitos de los compradores.

Otro instrumento son las Declaraciones de Amsterdam, que poseen como ambición general obtener productos básicos sostenibles y libres de deforestación, mediante la gestión responsable de la cadena de suministro.

Para Jair Bolsonaro, siempre negacionista ambiental y productivista extremo, ha llegado la hora de aceptar que la obligación es lo opuesto a la convicción.

Sus propios paradigmas lo empujan a actuar sobre espacios que nunca intentó conservar, ya que a él y a sus socios, solo le interesaban los mercados.

Y esos mismos mercados que le dicen, una vez más, lo que tiene que hacer.

Es que en la vida, todo vuelve.


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