Bimonetarismo: verdades incómodas

OPINIÓN. El bimonetarismo argentino se da en un contexto de alta inflación que encuentra sus motivaciones, primordialmente, en la carrera entre ganancias y salarios también conocida como “puja distributiva”.


El autor es integrante del Grupo Geopolítica y Economía desde el Sur Global. 


La Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías. Por eso, el problema de la economía bimonetaria, que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales". Cristina Fernández de Kirchner


"Our merchants and master-manufacturers complain much of the bad effects of high wages in raising the price, and thereby lessening the sale of their goods both at home and abroad. They say nothing concerning the bad effects of high profits.
Adam Smith. La Riqueza de las Naciones.


Como sostuvo Borges: si alguna vez hubiera habido dudas sobre la autenticidad del Corán, la evidencia más clara a su favor sería que en el texto no hay camellos. Algo similar sucede con los economistas y las economistas de Argentina. Pero que la atracción hacia el dólar sea algo tan natural para nosotros como los camellos para los árabes no implica que sea una cuestión de abordaje sencillo. Por el contrario, éste debe ser uno de los temas más complejos y, es necesario aclararlo, peor trabajado de nuestra historia, lo que generó consecuencias negativas que hoy explican una gran parte de nuestros padecimientos: las crisis recurrentes, la inestabilidad económica-financiera y que millones de argentinos y argentinas no puedan vivir con mayor tranquilidad. Sin embargo, si bien es cierto que existen condimentos autóctonos, es absurdo pensar que este problema es resultado de algo inherente a quienes nacen en territorio nacional. Por lo tanto, para comenzar a entenderlo, debemos separar la paja del trigo y reconocer una verdad incómoda: este es producto, también, de la mala praxis transversal a quienes estuvieron a cargo de la política económica al menos desde la vuelta de la democracia. Entonces, ¿Por qué la República Argentina es un país bimonetario? ¿Cuáles son las causas? ¿Por qué ningún gobierno pudo solucionarlo? son todas preguntas válidas que intentaremos responder de forma concisa en el presente texto.

No


No es un “problema cultural” el del dólar en nuestro país. Sí, claro: la divisa estadounidense forma parte de nuestra cultura. Pero esto es consecuencia y no causa. Aunque a muchos nos cueste aceptarlo: en el largo plazo las actitudes predominantes son las que muestran un beneficio para los agentes que las emprenden. Y más aún cuando tienen que ver con el hecho de preservar el valor de nuestro trabajo. ¿Qué queremos decir con esto? Que la cultura en general, y en particular en el caso del dólar, tiene bases sólidas en la realidad material que están lejos, muy lejos, de ser aleatorias. Pensemos en la vestimenta de los esquimales: está confeccionada con los recursos disponibles en el ecosistema en el que estas sociedades viven y es, necesariamente, abrigada. No existe un escenario posible en el que personas árticas utilicen musculosas, bermudas y ojotas como si vivieran en zonas tropicales. Lo mismo sucede con el ahorro en dólares de gran parte de los argentinos y las argentinas: esto también sigue la máxima de que todo lo real es racional.


E incluso aceptando que no somos los fríos seres calculadores que algunos creen y que gran parte de nuestros comportamientos tienen un componente sentimental o hasta animal, la idea de que orientamos nuestras acciones según las expectativas que formamos viendo la experiencia previa y proyectando hacia el futuro se sostiene. Por ejemplo: a la hora de salir hacia el trabajo o de visita, ¿No consideramos qué trayecto es el más adecuado para nuestro objetivo? Podemos desear tardar menos, viajar más cómodos o lo que sea, pero lo relevante aquí es que, efectivamente, planificamos. Lo mismo sucede con las decisiones de portafolio: (1)  ¿Quién sería capaz de no reflexionar sobre la forma de cuidar lo que costó esfuerzo conseguir? Es obvio que el excedente de cada uno y cada una es algo valioso. Y, por lo tanto, la necesidad de resguardarlo es lógica (2). Habiendo aceptado este hecho el paso siguiente es analizar los rendimientos que tuvieron las distintas formas de ahorro disponibles para los argentinos y argentinas. Los resultados muestran que, históricamente, quienes apostaron al peso perdieron. Mientras que aquellos que huyeron hacia el dólar o inmuebles pudieron resguardar su trabajo (3). Esa es la segunda verdad: cuando los argentinos y las argentinas vemos hacia el pasado, nos damos cuenta que ahorrar en pesos es una mala decisión. Hoy mismo sucede algo similar: cuando quienes tienen cierto excedente observan el aumento de precios y el rendimiento que ofrece el sistema financiero para mantener sus activos en pesos, la conclusión lógica e incómoda es que la dolarización tiene sentido.

Pero eso no es lo único que encontramos en la historia. Y por eso la explicación del bimonetarismo por la vía de que los incentivos para pesificar fueron pocos o nulos, si bien cierta, es insuficiente. En el pasado también observamos volatilidad del tipo de cambio. Por lo tanto, la tercera verdad es que la economía argentina es volátil. Esta afirmación está respaldada en hechos claros, citando una reciente entrada en el Blog del Banco Central: “En ese sentido, en comparación al resto de los países de la región, en Argentina los outliers (variaciones extremas) del tipo de cambio nominal son más pronunciadas en promedio y más frecuentes. Además, el resto de los países han experimentado también apreciaciones cambiarias mucho más frecuentemente que Argentina” (4). Y aquí debemos preguntarnos por los fundamentos de estas variaciones abruptas del tipo de cambio que están sesgadas hacia la devaluación y no hacia la apreciación. Lo que implica un salto significativo en la complejidad del asunto debido a la interconexión entre los distintos procesos que se encuentran en el fundamento del bimonetarismo argentino.

Mecanismos de transmisión


La idea de “mecanismo de transmisión” hace referencia a los procesos causales que llevan de una situación A a una situación B. Si decimos que la cantidad de dinero explica el valor de los bienes deberíamos desarrollar también cuál es el proceso que lleva de “aumento en la cantidad de dinero” a “aumento en la cantidad de los precios”. De lo contrario podríamos caer en razonamientos mágicos como aquellos de los médicos o alquimistas de la Edad Media que buscaban curar enfermedades con pastillas de mercurio. Así, la pregunta fundamental que explicaría la volatilidad del tipo de cambio en Argentina es: ¿Cuáles son las causas de las devaluaciones? Esta cuestión tiene respuesta en distintas instancias.

En un primer momento, el valor del dólar está determinado por la oferta y la demanda. Esto es así porque la divisa norteamericana no puede producirse en el país y es lo que algunos llaman una mercancía “no reproducible”. Por lo que es un bien verdaderamente escaso cuya oferta equivale, grosso modo, a las reservas disponibles en el Banco Central de la República Argentina y su demanda, a las decisiones de portafolio de los agentes tanto como a la necesidad de realizar pagos en moneda extranjera debido a obligaciones de deuda o a necesidades de bienes fabricados en el exterior. Por lo tanto: las situaciones de menor oferta y mayor demanda son las que producen un tipo de cambio más devaluado. Eso es lo que sucede en momentos de estrés financiero como las atravesadas en la década de los ochenta o en las sucesivas corridas sobre el dólar.

Como dijimos, dos de las causas de la demanda de dólares son: la necesidad de pagar deuda y la necesidad de pagar bienes importados. Por lo que, simplificando, la demanda de dólares tocaría su punto más alto cuando los vencimientos de deuda representan montos elevados y cuando los agentes mantienen un excedente que les permite consumir bienes extranjeros en los que se incluye la adquisición de divisas. ¿A qué equivalen estas situaciones? Respectivamente, a procesos de endeudamiento irresponsables y a otros de crecimiento del salario real. Esto hace que, en un contexto donde no producimos todo lo que consumimos y donde los incentivos para ahorrar en pesos son nulos, salarios altos produzcan una mayor demanda de dólares. Lo que nos lleva a una cuarta verdad: el tipo de cambio es una variable distributiva. Y no lo es solo por el lado de los salarios: recordemos que la República Argentina es un país con un sector agroexportador, como mínimo, relevante en términos económico y, por lo tanto, también en términos políticos, cuyo ingreso depende directamente del valor del dólar porque sus productos son tomadores de precios en los mercados internacionales, lo que genera un fuerte incentivo para que busquen la persistencia de un tipo de cambio devaluado mientras que, los sindicatos y trabajadores, buscan la apreciación del mismo.

Por esto, en un segundo momento, el valor del dólar en Argentina pasa a estar más vinculado a las fuerzas que configuran la distribución del ingreso en nuestro país: las coaliciones políticas. Y aquí es donde la propuesta de la ex presidenta y actual vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, se muestra completamente acertada: va a ser muy difícil comenzar a solucionar el bimonetarismo argentino sin la participación de todos y todas. Lo que incluye, lógicamente, al Estado Nacional, en quien recae la responsabilidad de generar las condiciones del pacto. Porque sin un acuerdo que genere los incentivos y castigos correctos será imposible alcanzar las dos metas necesarias para superar el bimonetarismo: pactar la distribución del ingreso y generar incentivos para el ahorro en pesos.

Pactar la distribución y aumentar la tasa

La propuesta puede ser contraintuitiva: pero toma claridad al entender que el bimonetarismo argentino se da en un contexto de alta inflación que encuentra sus motivaciones, primordialmente, en la carrera entre ganancias y salarios también conocida como “puja distributiva”. Más allá de las alteraciones de precios relativos como tarifas y tipo de cambio, la persistencia del aumento de los precios se encuentra en que ambos sectores, capital y trabajo, se mantienen firmes en la búsqueda de recomposición de sus ingresos. Por ejemplo: si tras un aumento de tarifas, los dueños y las dueñas de empresas decidieran no aumentar el valor de los productos, no habría motivos para que los precios suban. Sin embargo, para mantener sus retornos, lo hacen. En la misma lógica los trabajadores buscan una subsiguiente recomposición salarial. Lo que a su vez genera una caída en el margen de ganancia que, de nuevo, los empresarios buscarán recuperar aumentando los precios de los bienes. 

De allí que es necesario, para disminuir la puja distributiva, que tiene dentro de sus consecuencias en el largo plazo tanto la volatilidad del tipo de cambio como la inflación, lograr pactar la distribución del ingreso. De lo contrario, el futuro se mostraría igual de conflictivo que el pasado y las expectativas de los agentes no tendrían verdaderos incentivos para modificarse.


Algo similar sucede con la necesidad de aumentar la tasa de interés en términos reales hasta un nivel que supere tanto las expectativas de devaluación como el ritmo de los precios. Teniendo ambos procesos debilitados por el acuerdo distributivo, esta política podría revertir una deuda histórica y transformar el peso en un activo atractivo para que los argentinos y argentinas ya no necesiten recurrir al mercado de cambios para mantener sus ingresos.

Anexo: ¿Nueva? idea y dos zonceras viejas

Uno de los argumentos en contra de la propuesta de subir las tasas de interés y, por lo tanto, aumentar el retorno de las inversiones en pesos es que eso favorece a los bancos y a los inversores externos (muchas veces denominado “capital golondrina”) mientras que desfavorece la inversión al encarecer el crédito. Una respuesta válida a esto es que, por un lado, en algunas de sus versiones comete el peor pecado de todo analista: el de ver a los agentes como buenos y malos y no como objeto de estudio. Mientras que, por otro, ignora la evidencia empírica: que los efectos de la disminución de la tasa de interés no son del todo efectivos para aumentar significativamente la inversión. Sobre este punto pueden verse los siguientes trabajos: Coremberg et al (2006), Caballero y López (2012), Girardi y Pariboni (2015), entre otros. Finalmente también ignora las posibilidades de la política económica: el Estado puede facilitar líneas de crédito.

Atraer capitales externos en un marco de controles adecuados puede generar un sendero virtuoso de acumulación de reservas y estabilización del tipo de cambio, algo que debería ser deseado por diversos motivos entre los que se destaca el aumento del consumo y el subsiguiente crecimiento económico. Marcelo Diamand quien, con razón, es todavía reconocido uno de los grandes pensadores económicos argentinos realiza un planteo similar en El Péndulo Argentino (ver apartado “El manejo racional de los capitales externos y del sistema financiero interno”).


Notas

(1)  Preferimos utilizar esta construcción en lugar del concepto ahorro por la confusión que genera, en su uso coloquial, entre flujos (ahorro en el sentido macroeconómico) y stocks (riqueza). 

(2) En este punto algunos lectores escépticos pueden comenzar a pensar: “los dólares son solo cosa de ricos” o similar. Los invitamos a ver la cantidad de argentinos y argentinas que compraron divisas en el mercado abierto en el mes, por ejemplo, de Agosto de 2020. 

(3) Ver Corso (2015).

(4) https://centraldeideas.blog/volatilidad-del-tipo-de-cambio/


Sobre el autor: Gonzalo Fernández es politólogo por la Universidad de Buenos Aires.  

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