Bachelet termina su segundo mandato: ¿cómo la recordarán los chilenos?

En su segunda presidencia, la mandataria encaró algunas reformas transformadoras en materia educativa y civil. Los escándalos de corrupción y los malos resultados económicos golpean su popularidad.

Cuando terminó su primer mandato como presidenta de Chile, a comienzos del 2010, Michelle Bachelet tenía una popularidad del 80%. Tras un período de gobierno de Sebastián Piñera, la líder socialista está próxima a concluir su segunda etapa al mando del país trasandino. Esta vez, las encuestas no le sonríen: se irá del Palacio de La Moneda con una aprobación del 23%. ¿Cuál será, finalmente, el legado de la primera presidenta mujer de Chile?

Bachelet decidió imprimirle a su segundo mandato un marcado sesgo transformador. En esencia, buscó atenuar la primacía del mercado como principio ordenador de las relaciones económicas del país (característica fundamental del modelo neoliberal chileno) y modernizar ciertos valores conservadores de sus sociedad.

Así, tras recoger la demanda del movimiento estudiantil que se había volcado a las calles, la presidenta impulsó y logró que se apruebe una reforma educativa que plantea un avance progresivo hacia la gratuidad universal de la educación superior. En 2017 se registraron 257.000 personas que estudian de manera gratuita en la universidad; en 2018, ese número ascenderá a 350.000.

Como medio para financiar la mayor erogación en la educación, la coalición de Bachelet aprobó una reforma tributaria que, a grandes rasgos, aumenta los impuestos progresivos (las grandes empresas pasan de pagar el 20% al 27%). Ambas reformas estructurales se orientaron a fortalecer el rol del Estado en la vida pública nacional.

Además, la presidenta saliente se obstinó en renovar la agenda de derechos civiles en un país muy rezagado en esta materia. En 2015, el Congreso instituyó la unión civil para parejas del mismo género. Por otro lado, luego de intensos debates, este año se aprobó por ley la despenalización del aborto en tres casos puntuales —Chile era, hasta entonces, uno de los seis países del mundo en los que la interrupción del embarazo era ilegal en todos los casos—.

En cuanto al desempeño económico, la gestión de Bachelet muestra un balance discreto. El crecimiento promedio del período 2014-2017 será de 1,8%, la cifra más baja para un cuatrienio de gobierno desde 1980. Por otro lado, la inversión, la variable clave del modelo de desarrollo chileno, cayó sistemáticamente desde que la mandataria asumió la presidencia por segunda vez en 2014.

Uno de los hechos por los cuales Bachelet será recordada es por haber favorecido la ruptura de la histórica alianza entre el Partido Socialista (PS) y la Democracia Cristiana (DC), las dos fuerzas creadoras de la antigua Concertación que gobernó casi todo el período posdictatorial en Chile. Las disidencias en el programa de gobierno hicieron que, por primera vez desde 1989, el PS y la DC presenten este año candidatos presidenciales por separado. Toda ganancia para la coalición de derecha de Sebastián Piñera.

En definitiva, Bachelet transita sus últimos días al frente del Gobierno de Chile habiendo alcanzado algunas reformas que dejarán su huella, pero, sin embargo, dispone de un magro capital político. El flojo rendimiento económico y los escándalos de corrupción que afectaron a su entorno sin dudas están en la base de su baja popularidad. El tiempo dirá qué lugar ocupará finalmente la mandataria saliente en la memoria colectiva de los trasandinos.

Rouvier