Arnaldo Medina: "Estamos preparados para una segunda ola de Covid"

EPD dialogó con el secretario de Calidad en Salud del Ministerio de Salud de la Nación, para dar a conocer los avances dentro del organismo, el manejo de la pandemia y las posibilidades que presenta la vacuna a corto plazo.

Hace algunos días, se anunció que el país comprará 25 millones de vacunas Sputnik V, que llegarían entre diciembre y enero, para contrarrestar la pandemia, que ya lleva casi ocho meses en nuestro país.

Por tal motivo, y para conocer cuál ha sido el trabajo que se ha llevado adelante desde el Ministerio de Salud de la Nación desde que asumieron las nuevas autoridades, EPD dialogó con el secretario de Calidad en Salud de dicho Ministerio, Arnaldo Medina.



EPD: Cuando asumieron, Salud era Secretaría y la llevaron nuevamente al rango de Ministerio. ¿Cómo lo encontraron?

AM: El hecho de que sea una Secretaría en vez de un Ministerio, si bien tiene un carácter simbólico muy importante, desde el punto de vista administrativo, estrictamente, se debe considerar que al de estar en un nivel jerárquico inferior debe haber tenido muchas dificultades en la gestión, por los niveles de autorización que requería, porque prácticamente había sido subsumida por otro ministerio. 


No solamente había perdido la jerarquía, sino que dependía de otro ministerio.


Esto lo pudimos corroborar en distintos problemas de la gestión que vimos: dificultades en la ejecución presupuestaria, problemas con las vacunas que, si uno considera una política de salud y la salud pública, las vacunas están en la base. Es decir, son la plataforma en la cual hay que construir cualquier política, sobre todo si tiene un acento en la salud pública y en la prevención primaria.

Entonces esto también se reflejó en el debilitamiento que encontramos en muchos de los programas que, si bien habían sido creados en otro momento del país, fueron muy importantes; programas que fortalecieron enormemente el primer nivel de atención, para orientar el sistema de salud hacia un sistema basado en la atención primaria de la salud, como ser el programa Remediar, de entrega gratuita de medicación a la población. De cobertura pública, como el programa de Salud Comunitario, que planteaba la conformación y consolidación de equipos multidisciplinarios con población a cargo, fundamentalmente en áreas de vulnerabilidad social en nuestro país, que fue un programa muy importante, que marcó una impronta, una tendencia, incluso un punto de inflexión en el desarrollo de los sistemas de sistema de salud público en nuestro país.

Y el programa Sumar, que en un primer momento se llamó Nacer, porque tuvo una orientación principalmente materno-infantil, pero después se amplió otro grupo de edades, que consiste en transferencias a las provincias para llevar adelante financiamiento estratégico de los servicios de salud en búsqueda de resultados de equidad, de accesibilidad y de calidad de los servicios de salud.


EPD: ¿Cuáles fueron los cambios más importantes en cuanto nos agarró la pandemia?

AM: En principio, nuestro ministro de Salud definió una estructura del Ministerio que no es casualidad. 


Creó tres secretarías con nombres que tienen que ver con principios de la salud, pero que también te marcan una orientación, un camino hacia dónde ir: la Secretaría de Equidad, la Secretaría de Calidad y la Secretaría de Accesibilidad.


Después, se dejó de lado una idea que sobrevolaba un poco el Gobierno anterior, de la cobertura universal de salud, que tenía también muchas críticas de distintos sectores, para pasar al principio de accesibilidad a los servicios de salud.

Ya veníamos trabajando en un plan de Gobierno, dentro de los equipos técnicos del Partido Justicialista y de los equipos técnicos del Frente de Todos, y cuando empezábamos a desplegar este programa llegó la pandemia.

Lo que demostró la pandemia en todo el mundo es la importancia del rol del Estado, es decir, todos los países pudieron afrontar la pandemia desde un importante rol del Estado.

En este sentido, creemos que se fortaleció el poder rector del Estado en el sistema de salud argentino, con la coordinación con todas las jurisdicciones —recordemos que el nuestro es un país federal, por lo tanto, la responsabilidad directa de los servicios de salud la tienen las provincias—, en el Consejo Federal de Salud, que es el organismo que nuclea a todos los Ministerios de Salud provinciales con el Ministerio de Salud de la Nación, y que fue primordial para afrontar la pandemia.

Se afianzaron mucho los mecanismos de coordinación. Hemos tenido logros muy importantes, por ejemplo, desde el punto de vista del sistema de información: como nunca, pudimos tener la información de ocupación de camas a nivel nacional, que pudimos utilizar durante toda la pandemia, eso es algo que llegó para quedarse.

Tuvimos que clasificar y ejecutar una asignación de estímulo a los trabajadores de la salud, por el trabajo que llevan adelante en plena la pandemia. Esto fue directamente a cada trabajador, no fue ni a las jurisdicciones ni a las instituciones, sino que fue directamente a los trabajadores. Para esto tuvimos que llevar adelante un rol de coordinación enorme que nos significó mejorar mucho nuestro conocimiento de cuántos trabajadores de la salud tenemos, en qué especialidades o roles profesionales, dónde están, dónde trabajan, cómo se distribuyen, tanto en el sector público como en el sector privado, qué nivel de multiempleo tenemos, que lo sospechábamos y lo conocíamos por algunos trabajos más indirectos que se habían hecho, pero lo pudimos conocer por la enorme información que nos significó llevar adelante el pago de este incentivo.

Fue muy importante también el rol rector para asignar recursos críticos. 


El Estado compró toda la producción de respiradores en nuestro país, somos uno de los países que producen respiradores en el mundo y pudimos afrontar esta pandemia con la producción nacional.


Para eso también hubo un trabajo muy importante en conjunto con el Ministerio de Ciencia y Tecnología y el de la Producción, para incentivar la producción a través de alianzas estratégicas de empresas, incentivos económicos y financieros a las empresas, y se quintuplicó prácticamente la producción de respiradores en nuestro país y así se pudo afrontar la la contingencia.

La distribución estuvo a cargo el Estado nacional, que es el único que puede garantizar la equidad en su distribución. Lo mismo el apoyo con elementos de protección personal, que nunca el Estado nacional había comprado para distribuir en las jurisdicciones. Y en el caso de la pandemia, descentralizaron compras muy importantes y no solo del exterior, sino que también aparece el Estado estimulando la producción local de estos insumos como nunca se habían producido en nuestro país, y también de algunos de estos elementos que nunca se habían fabricado, como caso de barbijos N95 o de overoles de alta seguridad.

Es decir, allí la presencia del Estado fue importantísima y también coordinando todas las acciones de la pandemia y del sistema de información y esto ha sido reconocido por una carta que han firmado los ministros de Salud de todas las provincias, de las 24 jurisdicciones. Recordemos que no todas políticamente están gobernadas por el oficialismo, sino que también hay de la oposición, pero pudimos trabajar todos muy unidos, muy coordinados y hubo un reconocimiento de todos los ministros de Salud al trabajo que se viene llevando adelante el Ministerio de Salud de la Nación.

Creo que acá esta contingencia nos ha unido más que nunca a los argentinos y, sobre todo, a los que tenemos responsabilidades de gobernar y a los que estamos en el área de salud y de esa manera pudimos afrontar esta pandemia.



EPD: ¿Estamos preparados para una segunda ola de Covid?

AM: Sí, estamos preparados. Yo creo que uno de los logros más importantes fue la expansión del sistema de salud. Se aumentaron en más del 45 por ciento las camas de terapia intensiva, las camas críticas y con respirador en nuestro país.

En este momento tenemos aproximadamente 27 respiradores cada 100 mil habitantes. Si bien está por debajo de muchos los países desarrollados, también estamos por encima de algunos otros. Y también se mejoró mucho el sistema de salud en cuanto a organización, en cuanto a capacitación, entrenamiento de talento humano. Por otro lado, fuimos también mejorando mucho un aspecto sustancial, que fue el gran desafío en todo el mundo, que es la territorialidad, cómo poder rastrear en los territorios los casos que son sintomáticos, cómo poder identificar a los contactos estrechos, cómo seguirlos.

Esto para nosotros se canalizó a través del plan Detectar, después el plan Detectar Federal, que fue el que se llevó y que se está llevando adelante en todo el interior de nuestro país y que es un dispositivo territorial, en el que se agregó muchísimo recurso humano de salud, pero también de organizaciones sociales, de voluntarios universitarios, que han dado una respuesta enorme, y que es un dispositivo que seguramente vino para quedarse en nuestro país.


Si algo demostró la pandemia también es que los sistemas de salud adolecen de esta territorialidad, de esta capacidad de poder controlar los procesos de salud y enfermedad en los territorios. 


Yo creo que la primera ola fue el problema en la mayoría de los países. Está demostrado cómo los países no detectaban bien los casos en un primer momento. Ahora, en la segunda ola, lo están detectando mucho mejor. Tienen más casos, pero también tuvieron muchos casos en la primera ola que no pudieron detectar y que los análisis serológicos posteriores demostraron que era mucho mayor la población que se había infectado de la que efectivamente se había detectado. Fueron sobrepasados los sistemas de salud.
La segunda ola, más allá de que es acuciante la cantidad de contagios y de que pone en riesgo los sistemas de salud, también los encuentra mejor preparados.

Nosotros creemos que también estamos preparados. Tenemos que seguir trabajando mucho, no bajar los brazos. Acá también hay que tener en cuenta que, como dicen ya muchos científicos, a nivel internacional, esto no es una pandemia, sino una sindemia: es un problema que afecta integralmente a la salud, se agravan también otros problemas, y las personas, por el miedo a contagiarse, dejan de ir a los servicios de salud, no se realizan los estudios, los chequeos y los controles. Y esto pone en riesgo integralmente los distintos problemas de la salud.

Los grupos en situación de vulnerabilidad sufren más. En barrios populares, donde se concentran los más altos niveles de pobreza, las personas que padecen problemas de salud mental, las personas con discapacidades, todos estos grupos sufren y son más afectados en esta contingencia, no solamente por el coronavirus que los afecta más y los encuentra en peores condiciones, sino también por las otras enfermedades, muchas de base, que se agravan o empeoran. Esto también es una tarea importante del sistema de salud para resguardar y proteger a las personas. Y por supuesto que tenemos que seguir mejorando y preparándonos para afrontar lo que viene. Aparece, sí, claramente en el horizonte una esperanza para solucionar este problema que es la vacuna. Así que eso también nos mantiene muy ocupados en nuestro país.


 

EPD: ¿Cuál es el motivo por el que se eligió la vacuna rusa?

AM: No es que se elige una vacuna por sobre las otras. Nuestro ministro de Salud dice que, en las conversaciones con los distintos laboratorios que producen vacunas o llevan adelante proyectos, hay tres preguntas: La primera es cuándo, la segunda, cuántas, y la tercera, el precio. Creemos importante la oportunidad. Obviamente que cuanto antes podamos tener vacunas, vamos a poder proteger mejor a nuestra población y evitar contagios, muertes, evitar o quizás amortiguar esta segunda ola de contagios, en cantidades que nos permita llegar a toda la población susceptible y de mayor riesgo.

Estamos hablando con distintos laboratorios. 


El laboratorio que pertenece a la Federación Rusa nos ha hecho una propuesta impactante desde el punto de vista de la oportunidad. 


Ellos ofrecen hacerlo el mes de diciembre o enero, y con 25 millones de dosis.

Obviamente que esto queda supeditado a la posibilidad que ellos tengan de presentar resultados respecto a la efectividad y a la seguridad que tiene la vacuna y esto debe ser evaluado y aprobado por nuestra entidad regulatoria, que es el ANMAT.


EPD: ¿De qué manera se va a determinar quiénes reciben primero la vacuna?

AM: Hay una Comisión Nacional de Inmunizaciones y una Comisión Nacional de Bioética, que asesoran al Ministerio de Salud sobre lo que viene marcado como las buenas prácticas, que de a poco se van consensuando a nivel internacional.

El primer grupo es el de trabajadores de la salud, que es al que nosotros le tenemos que dar seguridad para su trabajo, por las condiciones de estrés a las que están sometidos y de alto riesgo de contagio.

Después, adultos mayores, de más de sesenta años, o grupos de riesgo por presencia de comorbilidades, que los hacen más susceptibles en esta pandemia. Y después otros trabajadores esenciales, que todavía no está determinado con total precisión hasta dónde se llega con la cantidad de dosis que se van a necesitar.

Hay un cálculo aproximado, que está entre 25 millones y 30 millones de personas a inmunizar, pero obviamente eso se tiene que ajustar con la disponibilidad que tengamos de vacunas y se irá ajustando con los análisis que se sigan haciendo al respecto.



EPD: ¿Cree que vamos a retornar a lo que conocíamos como normalidad? ¿Cuándo?

AM: Soy cauto para estimar tiempo, porque que no tenemos información suficiente.

Es poco lo que se conoce, por ejemplo, respecto a los períodos de inmunidad que van a determinan las vacunas, la efectividad real que van a tener. Esto es un dato clave para considerar cómo se va a poder ir controlando la pandemia, porque la vacuna pasa a ser una herramienta fundamental.


Otro aspecto que creo tanto o más importante que la vacuna es promover una cultura de cuidado. 


Aprendemos a cuidarnos cada vez más.

La población en general tiene cada vez más información, cada vez hay más evidencia respecto a cómo es el virus y cómo son los contagios. En los últimos tiempos ha tomado un valor superlativo la consideración de presencia de aerosoles, de la aerosolización del virus y su presencia en el aire, sobre todo en lugares cerrados y de poca circulación. Llegan estudios importantes, que muestran cómo en los espacios cerrados y de baja circulación de aire, sobre todo en casas de familia, es donde se produce la mayor parte de los contagios.

Se van conociendo y generando patrones de conducta y de cuidado.

Yo creo que vamos a seguir conviviendo con el virus, la vacuna no lo va a hacer desaparecer. Va a haber grupos de jóvenes que no se van a vacunar, donde el virus va a circular. Probablemente, poblaciones que no se vacunen. Hay que ver cómo llega a todos los países del mundo e, insisto, es importante conocer los niveles de inmunidad que se logran, el tiempo que dura esta inmunidad. De todo eso, que se conoce poco, va a ser determinante.


De todos modos, en un sentido más conceptual, en implicancias prácticas, yo creo que vamos a volver a una vida parecida a la que teníamos antes, en la medida que no volvamos a sufrir una pandemia de características similares, porque el riesgo en el mundo sigue estando y también hay que verlo.


De todos modos, esta pandemia vino para cambiarnos en muchos sentidos. En el sistema de salud, de cómo damos respuesta. Se ponen en el cuestionamiento un montón de prácticas que tenemos o de estructuras establecidas, por ejemplo, cómo son las esferas, el uso de los aires acondicionados.

La verdad es que esta es una pandemia con alta circulación de un virus nocivo, pero también hay circulación de otros virus que también son nocivos todos los años, como el de la influenza.

Y esto nos hace pensar que quizá no estamos tomando todas las medidas adecuadas para combatir a este virus (influenza) o, de alguna manera, esto tiene que cambiar a las personas que tienen síntomas de enfermedades infecciosas respiratorias. No pueden ir a trabajar, tienen que cuidarse de no contagiar a otras personas. Una persona con síntomas mínimos o un resfrío, por ejemplo, en su lugar de trabajo debería usar un barbijo para no contagiar al resto.

Es decir, hay una serie de medidas que hemos aprendido, sobre todo en Occidente, porque estaban más arraigadas en Oriente, que nos pueden ayudar a transitar mucho mejor la nueva normalidad y que creo que deberíamos tomarlas como una oportunidad también para tener una vida un poquito distinta.

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