Argentina frente a la Cuarta Revolución Industrial

OPINIÓN. Los cambios tecnológicos y económicos de la Cuarta Revolución Industrial ponen a Argentina frente a un nuevo desafío. Dónde estamos y hacia dónde podemos ir.

El mundo está atravesando desde hace años una profunda transformación digital. Las constantes innovaciones tecnológicas que vemos día a día (nuevos celulares, robots, drones o aplicaciones móviles) no son hechos aislados, sino son parte de lo que se conoce como la Cuarta Revolución Industrial, y cambiaron la forma de relacionarnos, de trabajar y de estudiar, alterando cada vez más a la política y la economía mundial. El mundo que se viene se dividirá entre quienes abracen las nuevas tecnologías, y quienes queden detrás. Debemos debatir y resolver cuál es el lugar que ocupará Argentina en la economía internacional en el futuro.

Con la Primera Revolución Industrial, el Reino Unido se convirtió en la potencia global dominante. Alrededor de un siglo después, Estados Unidos construyó su influencia global al apropiarse de la Segunda y Tercera Revolución Industrial, dividiendo al mundo entre naciones industrializadas y naciones en desarrollo. La industria 4.0 promete hacer lo mismo: dividir al mundo en ganadores y en perdedores. La llamada industria 4.0, o Cuarta Revolución Industrial, generó un avance de las tecnologías de la información y comunicación (TICs) y una serie de innovaciones que modifican tanto el ámbito digital como el físico. Esta se caracteriza no sólo por el impacto en prácticamente todos los espacios de la vida diaria, sino también por la creciente velocidad de las transformaciones. Cada vez son más los dispositivos que se conectan a la web como parte del Internet de las Cosas (electrodomésticos, autos, televisores, etc), y son más las actividades “del mundo real” que podemos realizar desde allí: hacer las compras del supermercado, pedir un taxi, trabajar o asistir a clases y reuniones. Así, los Estados se encuentran ante la necesidad de intervenir frente a los nuevos desafíos que pueden traer consigo consecuencias negativas para las personas: desinformación, desigualdad digital, protección de datos personales, por nombrar sólo algunas.

Con el desarrollo de la Inteligencia Artificial y de los macrodatos (Big Data), más y más empresas a nivel mundial se han volcado a brindar servicios online. De hecho, las grandes empresas del mundo son actualmente prestadoras de servicios digitales, como Facebook, Google o Amazon.  Uno de los más grandes desafíos que se ven para los próximos años es el impacto en el mundo del trabajo: las tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial, amenazan con desplazar y transformar empleos. La delicada situación económica argentina nos obliga a enfrentar estos retos.


El lugar de Argentina 

Aferrarse al modelo agroexportador no puede ser la única alternativa para Argentina, y menos aún tras el fuerte impacto de la pandemia sobre la economía y el trabajo. En los últimos años se ha desarrollado con fuerza el sector de las tecnologías de comunicación, agrupando a más de 1.500 empresas y empleando a alrededor de 45.000 personas. Actualmente, la industria del software representa el tercer sector que más exporta, sólo detrás del sector primario y de la industria automotriz. De hecho, tres de las diez empresas argentinas más valiosas son tecnológicas.

Los resultados positivos en la economía argentina de la Ley de Software de 2004 generaron un consenso entre los distintos espacios políticos sobre la necesidad de promover la industria del software. En este sentido, la Ley de Economía del Conocimiento y la creación del Fondo Fiduciario para la Promoción de la Economía del Conocimiento, indican un avance en miras de pensar el desarrollo del sector, pero aún falta mucho por hacer. Es fundamental que la inserción estratégica en la Cuarta Revolución Industrial sea una política de Estado. El atraso puede ser un beneficio, sólo si es aprovechado, aprendiendo de otras experiencias.

El sector agropecuario argentino y algunos Servicios Basados en Conocimiento (SBS) están cerca de la frontera tecnológica global, a pesar de que la capacidad de absorber los últimos avances digitales es baja. Por esto, Argentina debe aprender de lo que otros países están haciendo para acelerarlo y adaptarlo a sus propios intereses y necesidades, aprovechando principalmente el capital humano.

También es importante advertir que el desarrollo de la industria del conocimiento (basada en  actividades intensivas en conocimiento que permiten un rápido avance de la innovación técnica y científica) trae consigo beneficios tanto en la generación de divisas por exportaciones como en la creación de empleo formal y de alta calidad, junto con un fuerte impacto sobre otros sectores. Debido a que las tecnologías son transversales a todos los sectores de la economía, dinamiza tanto al sector primario como al industrial.

En el desarrollo de infraestructura tecnológica y de capital humano necesarios para insertarse en los mercados mundiales, el rol activo del sector público es fundamental, y sienta las bases para la posterior inversión privada.


Hacia un plan 4.0

Estamos frente a una ventana única para crear nuevos consensos hacia una política orientada a la economía del conocimiento y digital sobre la cual construir el futuro. Hace falta repensar nuestras prioridades como Nación. La virtualización de la economía y de las relaciones sociales parece inevitable, por lo que es fundamental generar espacios de discusión, entre el sector público y privado, para continuar promoviendo y desarrollando dicha industria a nivel federal.

Es necesario enfrentar los nuevos desafíos que la globalización plantea para incorporarnos al nuevo modelo de industria y desarrollo. Hacia adentro de Argentina, hace falta un debate profundo sobre el desarrollo de la industria del conocimiento como política de Estado a largo plazo, y debe ser lo suficientemente amplio para que abarque temas como la propiedad intelectual, estándares, principios éticos y políticas fiscales. La pandemia, con sus trágicas consecuencias humanas y económicas, es sin dudas un escenario difícil para pensar en estos términos, pero puede también ser una oportunidad. Hace falta una política industrial 4.0 que reorganice la estructura económica, acompañada por inversiones destinadas a la creación y adaptación de tecnologías digitales que se adapten al sistema productivo y exportador.


Sobre el autor: Guillermo Spinoso es estudiante de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires y miembro de la Fundación Meridiano.

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