Aplausos y cacerolas, manifestaciones contradictorias

Por: Daniela Triador


El aplauso diario a los médicos y trabajadores de la salud se ha transformado, luego de que se confirmara la extensión de la cuarentena, en un efusivo cacerolazo para pedir que los “políticos” reduzcan sus sueldos. El discurso del presidente Alberto Fernández el pasado domingo y su pronunciación respecto a la situación que les toca afrontar al conjunto empresarial, despertó un espontaneo rechazo que se escuchó varios días consecutivos en los principales barrios porteños y alguna que otra localidad de zona norte de gran buenos aires.

La lógica es sencilla: “Les tocó la hora de ganar menos” dijo el presidente haciendo referencia a muchos empresarios y más precisamente a los dueños de algunas empresas que, aprovechando la situación, despidieron masivamente a sus empleados. Parece que un sector de la sociedad considera que también les llegó la hora a los funcionarios públicos y golpean sus cacerolas para hacerse escuchar.

La discusión se desarrolla fundamentalmente a los gritos desde los balcones. La cuarentena comienza a sentirse y la grieta que parecía que se estaba cerrando con el aumento de la imagen positiva de Alberto Fernández y algunos gestos de conciliación -como la conferencia de presa dada por el presidente junto a Larreta y Axel Kicillof- vuelve a cobrar vigencia.

Las preguntas son varias: ¿por qué el “ruidazo” solo se hace presente cuando lo que se pone en cuestión son los sueldos de los políticos? La discusión acerca de cuanto es o debería ser el sueldo de un funcionario público es un debate que tenemos pendiente desde hace ya tiempo. ¿Pero, por qué darlo ahora? Si la intención es que el Estado pueda utilizar la mayor cantidad de recursos para combatir esta crisis sanitaria y contribuir con los mas afectados por la situación económica, ¿es que acaso no nos convendría cuestionar también, junto a los sueldos de los políticos, el dinero que tiene que pagar el estado por una deuda externa cuya única función fue financiar la fuga de capitales? ¿No nos convendría también pedir por una reforma tributaria que entre otras cosas podría seguir el ejemplo de los países más desarrollados gravando con mayor progresividad las altas rentas y el patrimonio?

Parece ser que los cacerolazos de los balcones tienen un director de orquesta que no le interesa discutir la tasa de ganancia de los sectores empresariales concentrados, ya que no se puede negar que el “ruidazo” es un movimiento reaccionario ante las declaraciones del presidente sobre las ganancias de estos.

Ahora bien, me parece interesante detenerme en dos cuestiones:

En primer lugar, cómo está utilizando políticamente la oposición este “movimiento”. La coalición “juntos por el cambio” no tardó en resurgir de un prolongado silencio para hacerse eco del reclamo con una carta abierta dirigida a Alberto Fernández. Con Patricia Bullrich y Marcos Peña a la cabeza, gran parte del bloque opositor apoyó públicamente la causa y pidió que los sueldos de funcionarios se redujeran en un 30%.

Permítanme pues, en lo personal, dudar de este gesto de “compromiso social” y de sus buenas intenciones. Basta recordar que hace tan solo un mes, fue esta misma oposición la que se ausentó en la cámara de diputados para quitar quorum a la votación que pretendía elevar al senado la reforma de las jubilaciones de privilegios del poder judicial y del servicio exterior. En medio de una extrema crisis sanitaria y económica y frente al gran esfuerzo que está realizando el conjunto entero de la sociedad para sostener la cuarentena, este sector político vuelve a apostar por la “grieta”. La oposición actúa una vez más de manera oportunista, una actitud que debe ser como mínimo puesta en evidencia y rechazada.

Dicho esto, la oposición utiliza y probablemente dirige y convoca los cacerolazos, y lo hace interpelando a la estigmatización de la política que aún permanece en gran parte de la sociedad. Esta es la segunda cuestión en la que me quiero detener y la que, en lo personal, más me preocupa.

No es casual que el apoyo al recorte de sueldos de funcionarios públicos sea un reclamo que es rápidamente tomado por un sector considerable de la población. La estigmatización de la política es clara: se asocia de manera directa, en el mejor de los casos, a un gasto improductivo. Es precisamente la organización política, sin embargo, la que otorgándole estructura al Estado posibilita que a través de sus distintos órganos se coordine y sostenga -entre otras cosas- un plan de emergencia sanitaria y contención económica. Las responsabilidades que recaen en el Estado, que son muchas y hoy mas que nunca muy evidentes, se ejercen a través de su estructura política, es decir mediante nuestros electos funcionarios públicos.

¿Es necesario discutir los sueldos de los “políticos”? Probablemente. Pero es necesario dar una discusión responsable y a conciencia ya que el riesgo es uno y muy grande: confundir los sueldos de los “políticos” -esa categoría tan amplia y poco definida- con el gasto del estado.

Existe así una delgada y difusa línea entre recortar los sueldos de “los políticos” y justificar un recorte del empleo publico para reducir los “gastos” del estado. Porque en definitiva todo se reduce a eso, la percepción gravemente errónea, en mi opinión, de que la política y la actividad del estado es un gasto.


Daniela Triador. Investigadora Docente. Área de Economía Política. Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS).


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