Alemania en tiempos de pandemia

OPINIÓN. Este artículo ofrece un balance sobre las medidas adoptadas por Alemania en su lucha contra el coronavirus y explora algunas de las razones tras las protestas anti-cuarentena que hubo en varias ciudades del país.


La respuesta de Alemania a la COVID 19 ha sido destacada como ejemplar por parte de analistas y medios de comunicación en Europa y otras regiones del mundo. Entre los aspectos más notables se encuentra una tasa de mortalidad sorprendentemente baja; ello a pesar de que el país ocupa el séptimo lugar en el número de casos confirmados a nivel mundial. Los éxitos en la estrategia contrastan con la ola de protestas que han tenido lugar en varias ciudades del país. Este artículo ofrece un balance sobre las medidas adoptadas y explora algunas de las razones tras las protestas.

Pilares y efectos de la estrategia contra la COVID19

De cara al desafío que representa la pandemia, un aspecto central de la discusión ha girado en torno a las medidas adoptadas por los gobiernos y el balance sobre su efectividad. Contextos políticos internos, consideraciones sobre los costos económicos de las medidas, y las capacidades estatales para proveer acceso a servicios de salud y bienestar a los ciudadanos hacen parte de los múltiples elementos que entran en consideración a la hora de definir la respuesta a la pandemia. En este marco, Alemania es un caso que ha sido resaltado como exitoso y, en un contexto marcado por la incertidumbre, su estrategia ha sido vista como un modelo a emular.  

El reconocimiento de la respuesta alemana no es infundado. En un reciente reporte se señalan tres dimensiones en el balance positivo de la estrategia del país. Primero, se destaca la baja tasa de mortalidad. Para el 27 de mayo, el número de casos confirmados de COVID19 en el país alcanzó la cifra de 181.757 y la de fallecimientos 8.523. La tasa de muertes por cada millón de habitantes es de 102, una cifra que contrasta con la de países del continente como Francia (437), España (580), Italia (547) y UK (552). En segundo lugar se encuentran las medidas económicas enfocadas a la protección de hogares, negocios y empresas. Tercero, en el reporte se resalta la estabilidad de las instituciones democráticas y el Estado de derecho.

Para dar cuenta de la tasa de mortalidad, a la sólida capacidad del sistema de salud, se suma la temprana respuesta de las autoridades a la pandemia. Mientras que sus pares en otros países de Europa aún se encontraban dubitativos respecto a la gravedad del virus y las medidas a adoptar, ya desde finales de enero expertos alemanes habían desarrollado una prueba para el virus, de manera que en febrero había una provisión adecuada de kits de testeo. Recursos institucionales y financieros fueron asignados para la detección, testeo y cuidado de pacientes contagiados. El gobierno introdujo medidas de distanciamiento social, cierre de locales comerciales de todo tipo (excepto farmacias y supermercados) y restricciones de movilidad fronteriza. En comparación con otros países que adoptaron medidas estrictas de cuarentena, Alemania no instauro toques de queda, ni prohibiciones para la circulación de menores de edad o adultos mayores.

En el frente económico, desde marzo han sido aprobados diferentes instrumentos de ayuda de emergencia para familias, jubilados, empleados, independientes y empresas. En total, éstos constituyen el mayor paquete de ayuda en la historia de Alemania. Para ello el gobierno flexibilizó principios de su política fiscal, en particular lo relacionado con los límites a la deuda pública. A diferencia de la mayoría de los países de América Latina, donde un significativo porcentaje de la población depende de la economía informal y no cuenta con redes adecuadas de protección social y apoyo por parte del Estado, la capacidad fiscal del Estado alemán es robusta, así como el sistema de bienestar. Así las cosas, el dilema entre “salvar vidas o salvar la economía” no connota la misma urgencia que en otros contextos.

Respecto a las garantías democráticas e institucionales, las medidas adoptadas han sido respetuosas de las libertades civiles. En este sentido vale destacar que la razón por la cual varias protestas han tenido lugar es, en primer lugar, porque las medidas adoptadas contra la pandemia no han suspendido este derecho. En tanto los participantes de las demostraciones respeten las reglas respecto al uso de mascarillas y la distancia, éstas pueden llevarse a cabo.

En medio de la respuesta a la pandemia, el liderazgo de Angela Merkel ha sido clave. En contraste con presidentes como Trump o Bolsonaro, quienes han restado importancia tanto a la gravedad de la pandemia como a su propia responsabilidad por proteger la vida de los ciudadanos, Merkel ha estado a la cabeza de las políticas adoptadas, dirigiéndose al país en un tono empático, sin restar seriedad a la situación, proveyendo evidencia científica y enfatizando en el carácter excepcional de las medidas y el respeto por la democracia y las libertades ciudadanas. La más notable de las alocuciones tuvo lugar el 18 de marzo, en ésta, Merkel afirmó que la pandemia es el mayor reto que Alemania ha enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial y llamó a la solidaridad y responsabilidad de los ciudadanos.

El desempeño del gobierno alemán frente al manejo de la crisis ha sido evaluado de manera por los ciudadanos. A pesar de las variaciones en las cifras según la encuesta, el apoyo a las medidas se ha mantenido por encima del 50%alcanzando incluso cifras superiores al 70% en el mes de marzo. En la medida en que el choque inicial de la llegada del virus ha cedido espacio a la emergencia de una “nueva normalidad”, la preocupación inicial por el virus como tal ha sido superada por el temor a las consecuencias económicas y sociales.

Descontento y protestas

De cara a los resultados positivos de la respuesta a la COVID19 y la mayoritaria satisfacción ciudadana con la acción del gobierno, resulta un tanto sorprendente la serie de protestas que han tenido lugar en varias ciudades. La movilización social en medio de la pandemia y en un contexto donde la población no tiene niveles de afectación socio–económica comparables a otros lugares del mundo, despierta varios interrogantes.

La pregunta inicial apunta a quiénes y qué sectores organizan y participan de estas protestas. La respuesta no es simple; como en pocas coyunturas, la pandemia ha dado lugar a la confluencia de grupos heterogéneos e incluso en lugares contrarios del espectro político. De manera que en las protestas confluyen sectores tan distintos como personas que creen en teorías de la conspiración, antivacunas, grupos defensores por las libertades individuales, integrantes de la extrema derecha, e incluso personas más asociadas a creencias esotéricas.

En el caso de las teorías de conspiración, vale señalar que este no es un fenómeno nuevo. El elemento central de estas teorías lo constituye el atribuir un hecho como producto del plan de una persona o grupo de personas que se benefician ya sea económica o políticamente del hecho en cuestión. Así, atribuir el virus a un plan de Bill Gates para enriquecerse y controlar a la población ya sea a través de vacunas o de las medidas de vigilancia o señalar que la pandemia es parte de un plan del gobierno para establecer un modelo totalitario son algunas de las teorías de conspiración de mayor circulación en este grupo.

Las teorías de conspiración cumplen la función de proveer un mecanismo de defensa para lidiar con contextos marcados por la incertidumbre y la falta de control. Dado que ni la ciencia, la religión, o los gobiernos pueden dar certezas o respuestas definitivas sobre el COVID19, algunas personas encuentran una suerte de certidumbre en explicaciones simplistas de fenómenos que, como el virus, son bastante complejos. Usualmente la creencia en estas teorías va acompaña de un discurso de desconfianza hacia los gobiernos, de la ciencia y de los medios.

Justamente, ese discurso de desconfianza es un elemento en común con aquellas personas que han salido a manifestarse con base en una posición contra la ciencia y, en particular, las vacunas. Aún cuando no existe todavía un tratamiento ni vacuna contra el virus, algunas personas han asistido a las protestas con carteles señalando que están en contra de la posible instauración de la obligación de vacunarse contra el virus.

Un tercer grupo lo componen sectores motivados por la defensa de las libertades individuales contra lo que consideran como una amenaza por parte del gobierno. Las medidas de restricción a la movilidad, el cierre de fronteras, o los límites a la posibilidad de viajar son el blanco de críticas en estos sectores. Dada la historia de Alemania estos temores son comprensibles. Sin embargo, comparado con la instrumentalización de la pandemia para socavar las instituciones en el caso de otros países e incluso medidas de confinamiento más estrictas en Italia y España, el panorama en Alemania apunta a lo contrario.

Finalmente, se encuentra la extrema derecha, que de por sí está en contra del gobierno y sostiene un discurso antisistema. En ese sentido, la pandemia ha dado un impulso a discursos nacionalistas, antinmigración, de odio y de discriminación racial. Aún cuando este sector compone una parte de un universo más amplio de manifestantes, representantes oficiales y voceros han querido explotar el descontento en su beneficio, por ejemplo, a través de un discurso que desconoce las diferencias entre quienes participan en las protestas y busca presentarlo como un grupo uniforme que representa al “pueblo alemán”.

La posible capitalización del descontento por parte de este sector y las consecuencias en el panorama político venidero han despertado la preocupación de políticos y analistas. En este sentido, cabe señalar que en los últimos años y sobre todo luego de la crisis de refugiados de 2015, la extrema derecha ha ido ganando apoyo por parte del electorado. Cabe señalar que, en un hecho sin precedentes luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, el partido de extrema derecha AfD (Alternativa para Alemania) logró sus primeros escaños en el parlamento en 2017.  Este partido poco a poco ha ido ganando mayor terreno, a tal punto que se estima que tiene el potencial de atraer al menos al 20% de los votantes alemanes.

Caminando sobre hielo delgado…

En una intervención ante el parlamento, Angela Merkel se refirió a la situación y el manejo de la COVID19 afirmando que “nos estamos moviendo sobre hielo delgado”. En efecto, las medidas de confinamiento y restricciones a la movilidad han sido relajadas gradualmente en las últimas semanas. En la medida en que se reducen las restricciones, aumenta la preocupación por parte de científicos y expertos sobre el comportamiento del virus y la posible llegada de una segunda ola de contagios. Al mismo tiempo, la opinión pública ha ido mostrando un cambio donde la urgencia por el virus y la protección, ha sido superada por el cansancio con las medidas, las preocupaciones económicas y el interés por retomar la vida “normal”.  En este sentido, expertos han resaltado como Alemania parecer ser víctima de la “paradoja de la protección”. Ese es un concepto de la medicina que señala cómo frente a medidas de prevención que logran evitar el colapso esperado, lo que en un primer momento es adecuado ya que para eso se implementan, es interpretado por algunas personas como un motivo para asumir que dichas medidas no eran necesarias. En efecto, como la tasa de ocupación de UCI en Alemania se mantiene en niveles manejables y las cifras de muerte son bajas, algunos han manifestado críticas al gobierno señalando que hubo una exageración en las medidas y se indujo a la población a un temor innecesario. En este escenario, el impacto del relajamiento de las medidas en el comportamiento del virus, así como los efectos políticos de la pandemia, están por verse.

Sobre la autora

Viviana García es Research Fellow y miembro del programa doctoral del Instituto Alemán para Estudios Globales y de Área GIGA. 

El lápiz verde