Acumulación dolarizada en Argentina

OPINIÓN. La estructura productiva tiene que no solo generar dólares como cualquier economía no emisora de los mismos para pagar importaciones, permitir la remisión de utilidades de empresas y/o cubrir los gastos de los residentes en el exterior entre otros, sino que también debe proveer el suficiente caudal de divisas para financiar la demanda de dólares para atesoramiento de los excedentes de los residentes.


La historia argentina de los últimos 40 años está caracterizada por auges y caídas abruptas tanto del PBI como de los volúmenes de deuda externa. Es decir, pueden observarse ciclos: en ciertos períodos Argentina logra reducir la deuda externa a niveles consistentes y crecer sostenidamente, y en otros se endeuda a velocidades exorbitantes como si dichas deudas no tuviesen que ser repagadas y el producto bruto decrece o se estanca.

Esto en parte se debe a que Argentina se ubica en un lugar particular en el tablero mundial. No solo el país tiene las mismas restricciones que una economía capitalista no emisora de moneda mundial, es decir no solo debe hacer frente a sus obligaciones comerciales y financieras a través del dólar estadounidense, sino que también su proceso de acumulación se encuentra dolarizado.

Esto puede observarse en los niveles récord de formación de activos externos a través del tiempo. Mientras que en otros países gran parte de los excedentes que no son consumidos o reinvertidos se conservan en la moneda local, en Argentina se dolarizan en su mayor parte y solo en el mejor de los casos quedan dolarizados dentro del sistema financiero local.

Esto implica que la estructura productiva tiene que no solo generar dólares como cualquier economía no emisora de los mismos para pagar importaciones, permitir la remisión de utilidades de empresas y/o cubrir los gastos de los residentes en el exterior entre otros, sino que también debe proveer el suficiente caudal de divisas para financiar la demanda de dólares para atesoramiento de los excedentes de los residentes.

Cuando dicha estructura no fue capaz de financiar genuinamente, es decir vía exportaciones, la demanda total de dólares generada se ha recurrido a privatizaciones y endeudamiento externo. Y como probablemente el lector ya lo sabe por experiencia propia, cuando este flujo temporario y no genuino de moneda mundial se detuvo, acontecieron devaluaciones, algunas de ellas acompañadas de recesiones, crisis cambiarias y/o bancarias.

Ahora bien, como venimos argumentando en artículos anteriores, este atesoramiento de excedentes en dólares no se debe a una cuestión cultural, conspiración, falta de patriotismo y/o amor por el dólar (aunque muchas veces así lo parezca a primera vista y/o lo quieran hacer parecer), sino que con más o menos complejidades es una cuestión de arbitraje. En otras palabras, históricamente en las últimas décadas el que se ha posicionado en dólares ha ganado respecto al que se ha posicionado en pesos.

Revertir este arbitraje, es decir, lograr ubicar a Argentina dentro del grupo de países no centrales que conservan la mayor parte de sus excedentes en moneda doméstica es deseable, aunque no sencillo. No solo es necesario contar con hacederos de política interesados en el logro de dicho objetivo, sino también con la voluntad y capacidad política para modificar el statu quo de manera sostenida. Cuando dichas condiciones se manifiesten conjuntamente la Argentina habrá dado un salto discreto en el camino hacia el desarrollo.

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