Acerca de las agendas

Por: Carlos Leyba

La palabra agenda, nuestro uso cotidiano, es lo que se debe hacer. Agendar es una decisión que asigna tiempos en un determinado espacio y supone un agente, que es el que cumple la agenda.

El tiempo y el espacio son esenciales al concepto de agenda. Cuándo y dónde. Ambas dimensiones suponen límites.

El espacio delimita fronteras que no se pueden transponer y el tiempo determina urgencias que no se pueden postergar. Ese es un valor de la agenda.  

¿Se puede gobernar sin agenda? No. En todo caso el gobierno sin agenda se auto limita a administrar: no hay tal cosa como gobierno sin agenda y tampoco agenda sin gobierno. Puede proclamarse una agenda, pero en política el valor potencial se adquiere en el ejercicio del poder, en el gobierno. Es posible la existencia de una agenda para el país carente de gobierno y es habitual el pretendido ejercicio del gobierno sin agenda.  

Es que gobierno y agenda, conforman la realidad del Estado.

“El gobierno”, el sujeto desde donde se gobierna, es el que tiene capacidad de hacer, tiene “poder”, tiene el poder, y el deber, de hacer lo que está agendado. La idea de administrar es la de tránsito, no la de destino. Gobernar es la definición y búsqueda de destino.  

Entonces para ejercer la plenitud de un gobierno, además de la buena suerte (que hay que saber aprovecharla) o de enfrentar la mala suerte (que hay que saber ahuyentar), hay que elaborar una agenda propia.

Una agenda propia que debe ser revelada, expuesta, desplegada. La ausencia de agenda es una redonda violación de la más elemental norma de la ética política. Lo hemos sufrido.

La prueba es que la decadencia en la que estamos sumidos desde hace décadas no es la consecuencia de una agenda que la promueva, sino del acceso al gobierno de quienes lo han ocupado sin ella o, si se quiere, sin la revelación, ni la exposición, ni  el despliegue de la misma.

Sin duda que la realidad elabora su propia agenda. A esa hay que cabalgarla. Pero sin agenda propia y sin capacidad de jinetear la realidad, ese vacío, lo ocupa – si o si - una agenda ajena.

Toda agenda ajena se ejecuta mal o ¿es posible gobernar sin agenda propia? La diferencia entre gobernar y administrar, es la que cabe entre navegar sin rumbo, al garete, y tener un rumbo y orientar las velas.

¿Tiene Alberto Fernández, que tiene el gobierno, una agenda?  Veamos.

El Presidente luego de haber cerrado el riesgo de default – que habría implicado caer en un pozo profundo sin posibilidad de rescate – ha dado los primeros pasos en busca de un nuevo acuerdo con el FMI, el principal acreedor externo.

Llegar hasta aquí, por la razón que sea, le devoró ya un quinto de su mandato.

No hubo durante todos estos meses, de parte del gobierno, ni un pequeño paso en materia ofensiva hacia el crecimiento. Sólo acciones defensivas para detener el adicional derrumbe económico que provocó la cuarentena. En los términos iniciales, pura administración.

La razón del silencio acerca de la agenda propia era supuestamente la de resolver primero el default que era parte de la agenda ajena que dejó Macri.

Ahora vamos al FMI, que también es un pendiente de la Agenda Macri.

Todas estas gestiones de la Agenda Macri podrán estar concluidas tal vez en el primer trimestre de 2021.

Para entonces tendremos concluido el cash flow de nuestras obligaciones públicas federales de servicios y amortización, en dólares.

Sabremos cuánto y cuándo, tendremos que pagar.

No está hoy disponible cómo lo vamos a hacer.

Una idea del orden de las necesidades en juego la enunció el Presidente del Banco Central que dijo “La Argentina necesita exportar por 90 mil millones de dólares” anuales. Eso implica un incremento del 65% si proyectamos los 27 mil millones de exportaciones realizadas este semestre. Un salto enorme de producción exportable. Más allá de la orfandad de propuestas en este sentido, es importante que un funcionario de alta jerarquía haya puesto en primer lugar la palabra “exportaciones” y además le haya puesto un número. Un número que le falta el cómo y el cuando que, permítame la reiteración, debe formar parte de una agenda.

Lo que está mas a mano, en ese rubro, es el área rural.

Pero ¿cómo está el clima rural? Rotura de silo bolsa, incendios; sequía y un  discurso político no demasiado amigable. No hay palabras, ¿tal vez hechos? Miremos.

 ¿Alguna línea de crédito para implantación de pasturas, instalaciones de riego, etc.?¿Algún programa de infraestructura para potenciar el sector? Dejo de lado el “avance chancho chino” porque, como es habitual, seguramente vendrá llave en mano como hasta los durmientes gestionados por la dupla ferroviaria nacional y popular de  Randazo y Kicillof.

Volvamos al tema deuda que ocupa las páginas de los diarios. El eje común de ambas negociaciones, con los privados y con el FMI, es alargar el calendario de vencimientos, lo que siempre es posible.

Con la deuda que tenemos con los privados la clave era bajar el costo. Martín Guzmán logró una tasa promedio de 3% ; y por eso nos ahorramos casi 35 mil millones de dólares.

Una mejora descomunal respecto de la negociación de los expertos del PRO que nos clavaron un endeudamiento al 7% y págame ya. Un horror para no olvidar.

Bien por esto, pero ¿cómo haremos para pagar los servicios y renovar el capital? Un mega desafío heredado.

Difícilmente se podría haber logrado algo mejor sin caer por un largo tiempo en default. Y en ese caso ¿en qué habría mejorado el presente y el futuro inmediato?  En nada.

Si para la deuda con los privados “el tema” era “la tasa”; para la deuda con el FMI “el tema” es “bajar” el costo de las condicionalidades de sus programas.

Tenemos antecedentes “favorables”, en el acuerdo con Eduardo Duhalde y en el acuerdo privilegiado de Macri, por el apoyo inusual de Donald Trump. El FMI además de una enorme suma de dinero, incorporó flexibilidades para asistir en planes sociales.

Por esos antecedentes y porque el deterioro del modelo neoliberal ha corroído la economía mundial, es probable que “la cuestión social” sea aceptada como una condición necesaria para poder “cumplir” los compromisos que se asuman de ahora en más y que las llamadas  “reformas estructurales” sean aligeradas y postergadas de modo que el frente interno del gobierno no estalle estrepitosamente. Alberto negociará con el FMI y habrá condicionalidades. Recuerde las espantosas condicionalidades materiales que ponen los chinos por mucha menos plata. Te financio esto pero todo viene de China y traigo la mayor cantidad de chinos posibles: no pierdo un puesto de trabajo. Las del FMI son otras. Las de los chinos no son problema para la estudiantina progre. Pero agárrate Catalina con las que bajarán de Washington. Seguramente, sea lo que sea, Alberto habrá de soportar fuego amigo.  

Pero cuando las conversaciones con el FMI lleguen a final, cerca de  un tercio de la gestión económica de Guzmán habrá estado dominada por las deudas pendientes del desgobierno de la Agenda de Mauricio Macri.

El tiempo para encarar la crisis de fondo, “la economía para la deuda”, se habrá ido agotando y restarán sólo dos tercios de mandato.¿ No convendría empezar antes?  

Es cierto que habría sido posible, aunque no muy probable, una gestión negociadora con el capital privado que podría haber obtenido los mismos resultados en menos tiempo. Entonces la negociación con el FMI podría haber estado ya resuelta o en camino. Pero la realidad es que hoy recién comienza.

Un tercio de la gestión de Fernández habrá estado dedicada a resolver la Agenda Macri o a resolver las deudas que impedían o impiden gobernar hasta ser renegociadas.

Por eso la de Macri es una herencia maldita que consumió tiempo de gobierno para dedicarse a una Agenda Ajena que no es opcional: si o si debe ser resuelta para poder gobernar. ¿Tendrá esa Agenda en suspenso?

Nadie, ni ebrio ni dormido, puede negar que, antes de la pandemia, Alberto Fernández recibió el gobierno atado de pies y manos.

Es cierto, Fernández podría haberse liberado de esas ataduras en menos tiempo.

Pero fueron o son, unas fenomenales dobles ataduras: deuda con el sector privado carísima y de vencimiento urgente; y deuda increíble con el FMI.

Esa montaña de dólares que ingresó no aterrizó en la realidad del país. Como entraron salieron agravando los problemas previos. Difícil de creer. Pero real.

No hay ejemplos de un crédito de esa magnitud del FMI a un país; y no hay ejemplos de la magia de su desaparición.

Tampoco hay ejemplos de un endeudamiento en dólares con el sector privado tan oneroso (caro), tan corto y tan, pero tan, inútil.

Como nota de color de fiebre alta, después de ese aluvión de deuda de póngale 80 mil millones de dólares, hoy las Reservas líquidas en el BCRA suman aproximadamente 3 mil millones de dólares (sacando los encajes en dólares, todos los swap, oro y DEG´s). Y nos dice el presidente del BCRA que, en el país, los argentinos tenemos 170 mil millones de dólares crocantes. Debería dar más información acerca de esto. El BCRA tiene 3 y los ciudadanos 170 ¿no es raro?

En fin, una herencia maldita que absorbe dedicación y que representa una filosa guillotina a punto de caer si no apaciguamos a los verdugos.

¿Esa guillotina es una excusa para no atender los problemas que pertenecen a la macro, a la realidad social, a la declinación de la actividad y al desgaste del aparato productivo? Digamos es una excusa para no exponer y ejecutar la Agenda Propia para la que quiso gobernar. Absolutamente, no. No es una excusa y exhibir la Agenda es un deuda del Presidente aún no amortizada.

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Quien asume el gobierno conoce los problemas que quiere resolver porque se postula para resolverlos. Por lo tanto, y este es el caso, mientras se saca las “maneas” de las patas y las “esposas” de las muñecas, debería estar ejecutando o pensando el cuándo de la ejecución de las ideas que ya debería haber madurado cuando se postuló.

Porque las ideas para los grandes problemas nacionales, sí agigantados por Macri (4 años), tienen cuatro décadas previas y se supone que esas ideas las había desarrollado antes de postularse, sobre todo tratándose de un gobierno de científicos.  

Alberto se postuló porque creía poder resolver los problemas que conocía. Acerca de tratar los problemas previos a las deudas no ha dado señales. Diría ni la más mínima señal articulada.

¿Si lo sabe y si la tiene, por qué nos niega conocer cuáles son sus salidas?

Es cierto que con la manea y las esposas aún puestas, llegó la pandemia.

Algo absolutamente inesperado para lo que la ciencia, sencillamente, dice no tener remedio. Y ante esa pandemia, los científicos de Alberto entienden que lo único disponible es el encierro a la espera de una vacuna.

La cuarentena o la estrategia del gobierno ante la pandemia exhibe un resultado positivo si lo medimos por el todavía bajo número de muertos comparado. Es verdad.

Pero la estrategia ha generado una caída adicional del nivel de actividad, del empleo, del número de empresas que estarán en actividad y un aumento considerable de la pobreza. Y todo eso empeoró la situación a pesar de un aumento considerable en el déficit fiscal que, por lo dicho, revela que las ayudas han sido insuficientes.

Potencial default, condicionalidades futuras y seguras del FMI, pandemia, cuarentena y – ya sin aliento – resolver los problemas acumulados de un país estancado por décadas, empobrecido a raudales ¿qué más decir?

Convengamos la cuestión del default y del FMI, sin duda son agenda ajena para Alberto.

Pero cualquiera que habría de suceder a Macri – cualquiera fuera - sabía de los problemas estructurales que requerían de otra visión política y económica distintas de la del PRO que claramente, lejos de resolverlos, los había agravado:  es el caso de la estanflación, que es anterior a la “crisis de deuda Macri”, como lo fueron el incremento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad, y la ausencia de inversiones.

Lo que no aparece aún en escena es la Agenda Propia de Fernández, aquella que habría de proponerse la resolución de los problemas estructurales de la Argentina y que, como es obvio, son los que hace 46 años se los pretende resolver con “deuda externa”. Hemos construido una “economía para la deuda externa”. Transformarla es la misión de una Agenda ineludible.

Las últimas jugadas de Alberto, fuertes y generadoras de disenso, han sido Vicentin, la expulsión de los jueces que condenaron a CFK, la Reforma Judicial, la declaración de servicio público de los telcos, ahora el impuesto a la riqueza de Carlos Heller, los anuncios de un aumento en la presión tributaria, etc.

Ninguna de esas medidas es prioritaria respecto de la solución de los problemas estructurales de la Argentina. Es más que obvio: ¿en qué contribuirían por ejemplo a aumentar el 65% las exportaciones?

Los principales comunicadores de los principales medios, todos opositores al gobierno de Fernández, han instalado que estos temas no son la Agenda de Alberto sino la de CFK, pero “Si non e vero e ben trovato”.

Lo que es seguro es que no deberían ser la prioridad de Alberto, si es que él vino a resolver los problemas estructurales de la economía que, además de la Agenda Macri de la deuda, producen la pobreza y el deterioro gigantesco de nuestra sociedad: la decadencia.

Está claro que estos temas que llevan el entusiasmo de los legisladores más entusiastas del Frente de Todos no atacan ni remotamente las causas de la decadencia.

Y así pasan los años, los meses y los días y continúa su erosión, agravada en la pandemia.

Por lo que podemos ver si nada se propone como enérgica reforma estructural para el desarrollo, después de la pandemia, continuará la erosión de lo poco que queda de viejas glorias.

La pregunta mas importante es ¿Alberto tiene una Agenda?  

Durante la campaña insistieron en el desarrollo de Vaca Muerta y 500 mil puestos de trabajo. La realidad redujo aquel entusiasmo compartido por CFK y Mauricio. ¿Qué más?

Es que, Alberto y equipo, la crisis estructural que origina la decadencia no se resuelve con el hallazgo de una mina de oro.

Requiere una Agenda para el desarrollo. Ojalá sea mañana la Agenda propia de Alberto. La estamos esperando.

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