Abusos sexuales en las infancias

La Educación Sexual Integral es una herramienta y un espacio que tiene la capacidad de desmontar esas complejidades donde se tejen los secretos y padecimientos de los abusos. La ESI produce un extrañamiento sobre esas prácticas al señalar como algo que está mal y que no debe suceder.

Las traducciones son injustas. Algo más misterioso que las palabras, que ese juego siempre fuera de sincronía entre significante y significado, se pierde al pasar de una lengua a la otra. La palabra que utiliza Freud para lo siniestro, tal como descubre Fernando Ulloa, sería lo “in-familiar”. Aquello que niega a lo familiar. El comportamiento siniestro procede montado en esa negación, en esa relación. Convierte en terror algo que en apariencia y a priori es familiar, es positivo, es algo bueno o sin malicia. Por eso, por ejemplo, se utilizan payasos o niños en las películas de terror. Nadie espera de esas figuras socialmente construidas y subjetivamente incorporadas nada malo.

Los abusos sexuales en las infancias, sus abusadores, proceden con un comportamiento similar. ¿Cómo un padre puede hacerme algo malo, puede someterme, lastimarme, agredirme? Si viene de mi padre debe ser bueno, pero no es lo que siento. Ahí, en esa crisis, los niños y niñas sufren el derrumbe de su subjetividad. La violencia es física y  mental. El daño es doble. Pero aún hay un paso más. Los abusos sexuales para esos niños y niñas se vuelven habituales, siguiendo a Ulloa, experimentan lo terrífico como algo familiar.

No hace falta decir que la sexualidad es fundante en nuestro modo de habitar el mundo. Y cómo los abusos desencadenan en sufrimiento, padecimiento y problemas para las relaciones sociales. Poner en palabras, confesar, romper el pacto secreto, el acuerdo tanto tácito como explícito que exigen los abusadores, para librarse de ese dolor es un proceso difícil y complejo. Se hace un entramado de mentiras, de siniestras lealtades al abusador, de amenazas y extorsión al niño o niña. El miedo a que no te crean. El miedo a que quizás estás exagerando o que a todos les pasa. La naturalización como forma de aplacar el terror.  

En este punto y antes de entrar en el análisis de la vida familiar, el Estado tiene un rol crucial. La Educación Sexual Integral es una herramienta y un espacio que tiene la capacidad de desmontar esas complejidades donde se tejen los secretos y padecimientos de los abusos. La ESI produce un extrañamiento sobre esas prácticas al señalar como algo que está mal y que no debe suceder. Habilita, al mismo tiempo, un espacio propicio para empezar a poner en palabras aquello que no se puede decir. Otra vez Ulloa: “El único remedio posible contra la malignidad de lo siniestro es el develamiento de aquello que lo promueve, simultáneamente al establecimiento de un nuevo orden de legalidad familiar”.

Por supuesto que además hay dos preguntas más en las que el Estado que estamos construyendo debe tener la capacidad de respuesta. La plena aplicación de la Interrupción Legal del Embarazo para no obligar a ninguna niña a ser madre. Y el acto de justicia que repara en la medida que libera a ese niño o niña de la carga que lleva puertas adentro de su cabeza, que le da la razón, que instituye una verdad.

Lo siniestro también afecta a las madres. El cuidado, las políticas familiares de cuidado, implican una corresponsabilidad. Muchas veces un niño o niña queda al cuidado del padre, del tío, del abuelo, y en ese acto hay una confianza en el cuidado y la protección. Lo siniestro operad justamente ahí, al volver ese espacio en el que se confía cuidado un lugar de sometimiento y terror. Nadie más que el abusador es responsable del abuso. 

Las redes sociales hoy proponen dos características distinguibles: la conversación infinita y la vida editada. Si la primera, la conversación infinita, hace que muchos niños y niñas estén en una relación y un contacto cotidiano y continuo con alguien que no saben quién es, con alguien que alimenta y estimula, que los erotiza y seduce, que pasa de una plataforma a la otra, la segunda característica, la vida editada, hace que no sepamos a ciencia cierta quién está del otro lado, quién monta un simulacro para capturar a un niño o niña.

No es este el espacio para dar recomendaciones ni cómo detectar a usuarios que se aprovechan de estas situaciones, pero sí para marcar y señalar que es necesario hacerles conocer a nuestros hijos e hijas sobre los cuidados necesarios sobre estas prácticas. La protección de sus datos, el cotejo de con quién entablan una relación y cómo nosotros podemos acompañar sin violar su derecho a la intimidad esos espacios siempre conflictivos de descubrimiento y crecimiento.

Hay una idea, una idea preliminar, en construcción, que vengo pensando y analizando con otras compañeras. Y que la comparto a modo de disparador, para que este texto no tenga un cierre pedagógico sino una apertura a seguir pensando, a expandir los límites de estas propuestas. Hace un tiempo que pienso en los abusos sexuales en las infancias como el origen de todas las violencias.


Sobre la autora: Mónica Macha es diputada nacional por el Frente de Todos.

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