Aborto: la guerra de comunicación entre los que apoyan y los que rechazan el proyecto

Tanto los sectores que apoyan la despenalización del aborto como los que se oponen desarrollaron importantes campañas de difusión de su mensaje. ¿Cuáles son las principales diferencias?

A menos de una semana del tratamiento de la ley de despenalización y legalización del aborto en el Senado, se intensifican las campañas comunicacionales de los grupos que apoyan el proyecto y de los que lo rechazan. Todo está por decidirse y, mientras tanto, la puja comunicacional de ambos bandos se dirime en las calles y en las redes sociales.

En lo que promete ser una ardua sesión, el miércoles 8 de agosto la Cámara alta definirá si da media sanción al proyecto aprobado en Diputados o si lo rechaza. Por el momento, la balanza se inclina por el rechazo: 36 senadores se manifestaron en contra y 32 a favor, aún dos se mantienen indecisos. 

Sin embargo, parece tomar forma una tercera opción liderada por el rionegrino Miguel Ángel Pichetto, que introduce cambios al dictamen ingresado. Por el momento, los cambios que se proponen en el proyecto parecen ser la prenda de negociación con los legisladores aún indecisos.

Contrastes en la comunicación 

Desde el inicio, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito puso mayor énfasis en la despenalización y legalización del aborto como un proyecto de ampliación de derechos para las mujeres, y enfocar la problemática del aborto clandestino como un tema de salud pública.

El mensaje transmitido tuvo un fuerte componente propositivo. El discurso giró en torno a la difusión de información y estadísticas de los casos exitosos en el mundo: países como Uruguay, Canadá, Australia y gran parte de Europa, donde la legalización del aborto conllevó una baja en la mortalidad materna y en la cantidad de abortos realizados.


Impulsada por organizaciones sociales y movimientos estudiantiles, la Campaña Nacional contó con el apoyo de figuras académicas, la ciencia, la cultura y de variados ámbitos de la sociedad civil.

A diferencia de otras leyes de ampliación de derechos, como por ejemplo el Matrimonio Igualitario, el colectivo que impulsa el proyecto de legalización esta vez no contó con la espalda institucional de un gobierno que acompañe y sostenga el reclamo. Sin embargo, mostraron un sólido poder de movilización en las calles y fuerte presencia en las redes sociales.

En este caso, la comunicación visual del mensaje tuvo un carácter positivo, giró en torno a dos ejes principales: primero un storytelling de casos de abortos clandestinos como manera de visibilizar una problemática que fue siempre silenciada y escondida. Y, en segundo lugar, la instalación del pañuelo y del color verde como icono de la lucha por la despenalización y legalización del aborto y por un mayor alcance de la educación sexual.

La Campaña Nacional no hizo uso de otras imágenes que apelaran al “shock” o a los “golpes bajos”, como sí sucedió en la campaña de los grupos antiabortistas.

Como parte de la viralización del mensaje en redes sociales, se utilizaron en gran medida las campañas de participación con hashtags, fotos y memes de internet. Tuvieron gran preponderancia en la difusión debido en gran medida al componente de jóvenes y estudiantes que forman parte del colectivo por la legalización.

Por otro lado, la campaña de los grupos antiabortistas estuvo centrada principalmente en la difusión de un mensaje “en defensa de la vida”. No hubo referencias al aborto como una problemática social de salud pública o como una política de ampliación de derechos de las mujeres.

Su eje discursivo tuvo sus fundamentos en los históricos argumentos de la Iglesia Católica sobre el inicio de la vida humana en la concepción, sin ninguna referencia al rol de la mujer más que como portadora de vida. Sobre este punto, a diferencia de los grupos pro-aborto, los antiabortistas contaron con el fuerte apoyo institucional de la Iglesia.

El aparato comunicacional eclesiástico y sus diferentes voceros fueron puestos a disposición de la causa antiabortista y de los movimientos que la componen. En este sentido, un vocero eclesiástico con aval del Episcopado confirmó al diario La Nación que “la Iglesia no organiza marchas, pero acompaña y alienta todas las manifestaciones públicas que, con espíritu democrático, respeto y libertad, se expresan en favor de la defensa de la vida”.

Los autodenominados colectivos “Pro Vida” también mostraron capacidad de movilización en las últimas semanas del tratamiento legislativo. Menores en cantidad pero con fuerte presencia en las redes y los medios de comunicación, en este último tramo lograron hacerse un lugar en la escena pública, que había sido monopolizada en meses anteriores por los movimientos pro-legalización.

Desde lo visual, la difusión del mensaje tuvo una connotación netamente reactiva. La utilización de los pañuelos celestes fue difundida en principio como contraposición a los pañuelos verdes, sin embargo lograron instalar la utilización de la prenda celeste como una dimensión simbólica autónoma de su contraparte.

Misma dinámica mostró la campaña “Salvemos las dos vidas”: fue una reacción a la campaña de aborto legal, seguro y gratuito que logró su propia autonomía simbólica con el apoyo discursivo de sectores conservadores de la sociedad civil y de la Iglesia.

En comparación, una mayor proporción de las imágenes utilizadas en esta campaña tuvieron una connotación negativa, buscaron “shockear” a la opinión pública y que bordearon lo escabroso y el mal gusto. Esta práctica abarcó desde la utilización de la figura de fetos en diversos tamaños (gigantes y de bolsillo), hasta imágenes forenses de fetos abortados.


Mientras las posiciones dentro del campo comunicacional ya están tomadas y afianzadas, a menos de una semana de su tratamiento, la disputa por la opinión pública y la suerte del proyecto en el Senado todavía están por definirse.

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