Aborto: en la recta final, la Iglesia intensificó el lobby

Duros comunicados públicos, marchas multitudinarias y presión en los pasillos del Congreso. Los activistas religiosos desplegaron todos sus recursos para frenar el proyecto en el Senado.

Quizá porque calculaba que el proyecto no iba a pasar, la Iglesia católica no desempeñó un rol activo en el marco de la discusión de la legalización del aborto en Diputados. Como el texto obtuvo media sanción, la votación en el Senado del 8 de agosto se volvió estratégica. Así, en las últimas semanas la institución religiosa intensificó su poder de lobby con el fin de evitar la aprobación de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Duros comunicados, movilizaciones en todo el país y reuniones privadas con los senadores fueron algunas de las prácticas de los operadores eclesiásticos para impulsar “la ola celeste” que se percibió en el tramo final del debate público.

El Estado argentino es laico, pero la religión católica mantiene una presencia notable en la política nacional. Más aún desde la unción de Jorge Bergoglio como titular de la Santa Sede del Vaticano. Fue el propio papa Francisco quien dio la señal de largada para la campaña de lobby que instrumentó la Iglesia en la previa de la votación en el Senado: “El aborto es como lo que hacían los nazis, pero con guantes blancos”, dijo Bergoglio el 16 de junio, pocos días después de que Diputados aprobara el proyecto de IVE.

A la histórica sesión del 8A se llega con una contundente ventaja de votos de los “celestes”. Esto es, en parte, por el activismo que adquirió la Iglesia en las semanas recientes. Obispos, curas, sacerdotes y parroquias desplegaron un mensaje inequívoco: hay que defender “las dos vidas” a partir de un rechazo cerrado a la legalización del aborto.

El 9 de julio, el monseñor Carlos Ojea apuntó en una multitudinaria homilía desde la Catedral de Luján: si se aprueba la ley, “sería la primera vez que Argentina legitime la eliminación de un ser humano por otro ser humano”. El 26 de julio los obispos de Córdoba se plegaron a la línea de actuación nacional y publicaron una carta en la que advierten que la sanción del proyecto de aborto legal convertiría al país “visible o encubiertamente en una dictadura”.

El 30 de julio la presión se centró en Mauricio Macri. Vecinos y activistas “provida” se manifestaron frente a la Quinta presidencial de Olivos para que el líder de Cambiemos “cumpla con la promesa de defender la vida desde la concepción”. La iniciativa fue impulsada por ONG vinculadas a la Iglesia católica. Este martes se reforzó el mensaje de la jerarquía eclesiástica: el arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, les reclamó a los senadores que legislen por “la defensa de las dos vidas, la de la madre y la del bebé".

La presión no solo se canalizó por vías públicas; también hubo métodos más reservados. Desde el 14 de junio, día en que se aprobó en Diputados el proyecto de IVE, se multiplicaron los llamados telefónicos y encuentros privados entre las autoridades eclesiásticas y los senadores nacionales. Para dejar en claro que no hay margen para posiciones intermedias, un cura llegó a decir que los legisladores que voten a favor del aborto legal serían “excomulgados automáticamente”.

Para hacer sentir con fuerza esa presión, la vicepresidenta Gabriela Michetti y el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, dos reconocidos militantes antiabortistas, inundaron los pasillos de la Cámara Alta de activistas “celestes” que trajinaron los despachos de los senadores nacionales. ¿Habrá tenido que ver todo este lobby religioso en el viraje que dio Silvina García Larraburu, la senadora k que iba a votar con los verdes, pero que en los últimos días cambió de postura? Difícil de comprobar. Lo cierto es que a horas de la trascendental votación, el “No” al aborto lleva la sólida delantera en el poroteo de votos. Esa ventaja se explica, en parte, por el papel de la Iglesia en esta discusión.

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