Las dimensiones sobre una desaparición

Por: Sergio De Piero

Un mes transcurrido desde que se desconoce la suerte de Santiago Maldonado. Cada día que pasa la incertidumbre se ve poblada de mayor pesimismo. La familia se ve, además de triste, perpleja por la ausencia de algún tipo de respuestas: desde una definitiva, a algún tipo de indicios, por ejemplo en el rumbo de la investigación. El día jueves 31 de agosto, uno de los peritos citados por el juez, advertía por las redes que a pesar de encontrarse en Esquel, no se habían vuelto a comunicar con él para llevar adelante la operación de peritaje. No vemos por la TV operativos de rastrillaje en busca del joven, ni posibles testigos hablando, ni resultados de pericias. Nada. La fiscal del caso ya lo ha caratulado como “Desaparición forzada”, pero no se avanzó siquiera un centímetro en conocer algo más respecto a su paradero y a las circunstancias en las que se produzco su desaparición. En esta línea la ineptitud ha sido absoluta, y cabe la pregunta: ¿puede no saberse nada respecto del caso? Solo escuchamos día a día, todo tipo de hipótesis sobre qué pudo haberle ocurrido; en estas abunda el intento por criminalizar a la víctima y a su entorno, en este caso la comunidad mapuche. Todo tipo de fantasías que incluyen viajes a Entre Ríos, a Salta, a Chile. Una supuesta muerte a manos del puestero de una estancia; que murió antes del 1 de agosto o bien que estaba vivo hasta el 15 del mismo mes. Elucubraciones todas que algunos periodistas ayudan a difundir renunciando al ejerció de su profesión e inclinándose por una tarea que parece vincularlos a los servicios de inteligencia. Nos estamos empezando a acostumbrar que algunos ejerzan el periodismo de ese modo y utilicen la información como operaciones interminables y a la vez de escasa duración. En resumen, cuando se superponen tantas argumentaciones es probable que ninguna sea verdadera.

La contracara de ese accionar se pudo percibir el viernes 1 de septiembre cuando se realizó una impresionante movilización en Buenos Aires, pero también en varios puntos del país, exigiendo la aparición con vida de Santiago. Digamos que casi todos los sectores políticos e ideológicos de la sociedad estaban representados, salvo quienes se sienten parte de Cambiemos. Quienes se ubican en ese espacio deambulan entre adherir con el justo reclamo y las diversas hipótesis a las que hacíamos mención antes; estos últimos repiten, sin demasiado esfuerzo en darle seriedad a sus hipótesis, que Santiago forma parte de bandas subversivas e incluso, terroristas, como fuente de explicación; de hecho nos venimos a enterar ahora, que los mapuches tienen en vilo a la Patagonia toda, como tituló algún diario. Pero la manifestación del viernes dejó en claro que la calle continúa siendo el principal espacio de expresión para quienes se oponen a la apolítica del gobierno, recurso que durante este año se ha repetido en numerosas oportunidades. Es cierto también que esa contundente ocupación del espacio público para expresar la protesta, no ha tenido su correlato equivalente en términos electorales. Esto es, mientras las protestas se suceden en el marco de diferentes reclamos (la cuestión social, lo sindical, los femicidios, los derechos humanos) Cambiemos logró en las PASO un desempeño sino arrollador al menos relevante en varios distritos, aunque lejos de garantizar un triunfo contundente de cara a las elecciones de octubre. No puede saltarse esta cuestión: existe un sector importante de la sociedad civil movilizado en contra de las políticas del gobierno, pero también otro quizás pasivo, que se expresa en las urnas dando su apoyo a este proceso político. La construcción del presente político no es lineal, y habla de las dificultades de la oposición en construir una alternativa política, aun con una enrome capacidad de movilización, pero también de los límites de Cambiemos por construir un consenso social sobre sus políticas, que lo encaminen a conducir un proceso de largo plazo. Ese relato necesario, no está construido. De hecho las múltiples argumentaciones en torno del caso Maldonado, muestran la mayor fragilidad del gobierno: ser convincente de cara a la sociedad frente a un tema de cuya gravedad no puede dudarse; ese tema. La desaparición de un joven probablemente a manos de fuerzas de seguridad, parece constituir un tema ajeno al universo de Cambiemos. Recordemos: cuando la Corte Suprema falló a favor de aplicar el 2 x 1 a un militar condenado por crímenes de lesa humanidad, el Poder Ejecutivo apoyó la medida a través del Secretario de Derechos humanos, para luego de algunos días, salir a afirmar que no acompañaba esa resolución; demorados, los reflejos llegaron ante la indignación generalizada. Esta vez esa reacción parece no llegar; el gobierno mantiene una postura casi inamovible desde los primeros días, en los cuales, repito, buscó estigmatizar al entorno en donde ello ocurrió, esto es la comunidad mapuche. Ni siquiera cuando la causa pasó a ser “desaparición forzada” supimos de nuevas actitudes. Claramente Cambiemos entiende que su electorado no está preocupado por la situación, acoso sólo de manera secundaria; pero día a día, al menos hasta hoy, con su fuerte repercusión en la prensa internacional, ya lo transforma en una cuestión política que excede los límites mismo de la situación de Santiago Maldonado, para elevar el interrogante a poder saber qué entiende el gobierno de Cambiemos por la defensa de los derechos humanos en democracia. El gobierno debería percibir que el tema no forma parte exclusivamente de la agenda de la militancia política opositora, sino que está instalado en diversos espacios sociales, muchos distantes de la cuestión política y sin pertenencias definidas. Terminada la marcha del viernes, cuando ya se habían retirado casi la totalidad de los participantes, comenzaron una serie de confusos disturbios y una decidida acción represiva de las fuerzas de seguridad, cuyo éxito principal fue lograr el reemplazo en los grandes diarios, de la foto de la marcha por las de estas escenas. Los rumores de un posible accionar de servicios de inteligencia, la ilegal presencia de policías sin identificación y finalmente la detención de personas en forma indiscriminada, no hace sino profundizar una política que aleja al gobierno de asumir la gravedad del caso Maldonado y dar a su familia, pero también a la sociedad toda, una respuesta.

Quizás esta semana tengamos mejores novedades. No es lo que se anunció en las últimas horas donde los medios que apoyan al gobierno, volvieron a arrojar hipótesis diversas y contradictorias entre sí. Está en juego la suerte de una persona. Pero Cambiemos también expone el tipo de contrato que quiere establecer con la sociedad y en definitiva el horizonte de país que imagina. Algunas señales, nos está presentando.

*Sergio De Piero es editor del sitio http://artepolitica.com/. (En Twitter, @sergiodepiero)

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