Aguante la ficción

Por: Tomás Aguerre

La semana pasada dos grupos de legisladores plantearon debates públicos que hacen a la cuestión de la representación. 

El primero de ellos obtuvo más atención pública: los diputados del Frente Renovador manifestaron que renunciarían a los fueros que les corresponden por mandato constitucional. El anuncio cumplió el objetivo de instalar el debate en la agenda pública, aunque rápidamente desde diferentes sectores salieron al cruce: los fueros no son una prerrogativa individual sino más bien del cuerpo. 

La segunda “renuncia” la presentaron los precandidatos de Cambiemos y, aunque no tuvo la misma repercusión, plantea uno de los debates centrales sobre la idea de la representación. El viernes por la tarde, los precandidatos por el espacio de Mauricio Macri firmaron una renuncia en blanco a la banca, según consta en el diario El Cronista. De esa manera, la alianza electoral buscaría evitar que cualquiera de sus legisladores abandone el bloque a conformar luego de las elecciones de octubre. 

El planteo reedita el viejo debate acerca de quién es el verdadero “propietario” de la banca: si el partido o el legislador. En la propia nota se citan fuentes de la gobernación que aseguran que el papel firmado por los precandidatos carece de validez jurídica. No deja de ser interesante, sin embargo, que haya sido el propio oficialismo, una fuerza más bien ligada a concepciones “liberales” de la política, la que reivindique la pertenencia de la banca al partido político antes que al individuo. 

En su clásico texto, Bernard Manin destacaba entre las características del gobierno representativo un cierto grado de autonomía del representante respecto del representado: “la toma de decisiones por los que gobiernan conserva un grado de independencia respecto de los deseos del electorado”. 

La autonomía del representante es una característica que está en tensión, para algunos autores, desde el propio nacimiento del concepto de representación. La capacidad o no de representar está fuertemente vinculada a la necesidad de establecer un vínculo entre representante y representado que condicione las posibilidades del primero pero que no lo determine. El caso contrario es el mandato imperativo, allí donde el representante sólo puede decir y hacer aquello para lo cual (y de la forma que) fue mandatado explícitamente por el elector, una forma de representación que no encaja, al menos, con el funcionamiento de la sociedad moderna. El discurso de Edmund Burke frente a los electores de Bristol da cuenta de ese problema: cómo puede un representante moderno debatir, negociar y buscar soluciones en un parlamento si tiene un mandato previo acerca de cómo debe votar. 

La idea por supuesto es impopular para la época electoral, cuando el momento de la representación necesita ser mostrado ahí donde se construye en la cercanía con el elector. El gesto de los precandidatos de Cambiemos quizás se solvente más en esa necesidad que en una verdadera posición en favor de condicionar sus márgenes de autonomía. Después de todo, la invalidez jurídica de lo que se firmó sólo provoca un efecto sobre aquellos representantes más permeables a ser condicionados por el “escrache” público en caso de abandonar el bloque. 

Pero de todas formas resulta relevante el cambio de actitud hacia una concepción más ligada a la obediencia partidaria desde una fuerza que, por ejemplo, abogó anteriormente por ideas más cercanas a la importancia del individuo como representante - la incorporación de extrapartidarios o la necesidad de eliminar “las listas sábana” - que al fortalecimiento de la verticalidad partidaria. 

Edmund Morgan definió a la representación como una ficción. En efecto, lo es: el momento en que un individuo habla “por la provincia de Buenos Aires” o “por el pueblo argentino” es un acto ficcional. Pero una ficción no es una falsedad: quien se sube a un escenario a encarnar a Hamlet no está “mintiendo” sobre su verdadera identidad, al menos si todo es parte de un pacto de confianza con los espectadores. 

* Tomás Aguerre es editor del sitio http://artepolitica.com/

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